Tips para hacer la focaccia perfecta

Dejar fermentar el pan es la clave para obtener los alveolos perfectos.

La focaccia, por excelencia, es el pan que se usa para limpiar el plato después de una pasta o bien para abrir boca con un poco de prosciutto y mozzarella en Italia.

Está elaborado a base de harina, aceite de olivo, sal y romero. Es típico de la zona de Liguria y Bologna. Su textura tiene que ser un tanto flexible y de corteza crujiente. Es muy fácil de hacer, pero aquí te damos unos puntos a considerar para que todo salga perfecto.

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Primero debes asegurarte de que la harina que utilices sea de buena calidad y no lleve demasiado tiempo en tu alacena. Muchas personas utilizan harina tipo 00 para su focaccia, ya que se maneja muy bien y es muy liviana. 

Para mezclar los ingredientes, lo puedes hacer a mano o en batidora. A mí, me gusta hacerlo en batidora con ayuda del gancho a una velocidad media.

Una vez que la masa esté firme, retira de la batidora y acomoda en una charola previamente barnizada con aceite de oliva (sé generoso, no importa que se hagan pequeñas lagunas, al final el pan lo absorbe).

Coloca la masa en la charola y deja que fermente o que doble su tamaño. Para que el proceso sea óptimo (si no tienes fermentadora), puedes dejar reposar la charola en un lugar cálido, cerca del horno precalentado.

Una vez que doble su tamaño, saca en gas con ayuda de tus dedos (se formarán las marcas). Después, agrega suficiente aceite de oliva, granos de sal de mar y un poco de romero fresco. Hornea, hasta que esté dorado y la corteza crujiente.

Para los toppings de la focaccia hay varias opciones: jitomates deshidratados, queso feta con cebolla morada y alcachofas encurtidas, parmesano y salvia o bien un poco de trufa u hongos picados con eneldo.

Deja enfriar y corta en cubos medianos, acompaña con una tabla de quesos o con una pasta.