Mi mamá me enseñó a preparar (el mejor) arroz con leche

Esta receta de familia es todo lo que necesito para una tarde de nostalgia.
arroz con leche

El arroz con leche es un plato que me ha acompañado desde pequeña. Uno que, la verdad sea dicha, prefiero comer solo en casa, hecho con la receta de familia. El gusto heredado por este cremoso postre viene desde mi bisabuela María, una oaxaqueña con excelente sazón que le enseñó a mi mamá sus recetas y el amor por la cocina de casa.

Cada vez que la nostalgia toca a la puerta, mi mamá prepara arroz con leche. Siempre me limité a comerlo y nunca me atreví a cocinarlo, un poco por temor a que no me quedara tan bueno. Hasta que en una tarde de cuarentena nos dispusimos a hacerlo juntas. Según mi mamá el arroz de la bisabuela María era mejor que el suyo, un principio que supongo pasará de generación en generación porque a mi gusto el mejor es el que prepara ella.

El ritual comienza con 1 1/2 de tazas de arroz blanco, el cual se enjuaga súper bien bajo el chorro de agua fría. Luego, a fuego bajo. se pone en la olla con 3 tazas de agua, dos rajas de canela medianas y 5 cucharadas de azúcar morena clara. Cuando el agua se empieza a consumir se añade una lata entera de leche evaporada, y se mueve muy lento para que no se pegue. El movimiento es constante. Luego, se añade otra lata de leche evaporada y una taza de leche entera sin dejar de mover, de preferencia, con una pala de madera. En este punto se puede agregar una vaina de vainilla, cardamomo, pasitas o almendras fileteadas.

Mi mamá dice que hay que para hacer esta receta hay que estar “pegadas a la olla”, de otra forma el arroz se pega y se quema. Mi recomendación es siempre detenerme para comprobar que la receta no necesite más azúcar o leche. El arroz estará listo cuando los granos estén bien inflados y el centro no esté duro. No debe ser chicloso sino meloso. Una vez que se enfríe se formará una increíble nata que hace que el arroz se vuelva más cremoso y lleno de sabor.

Este postre es muy noble, ya que no requiere de muchos elementos para ser reconfortante. Las posibilidades son infinitas y al final, la receta se transforma y trasciende dependiendo de los gustos y la intuición de cada quién. Para mí este es el mejor arroz con leche del mundo, no porque sea el más fino y delicado, si no porque con poco alimenta el alma y el cuerpo.