Me obsesioné un año con hacer el quiche perfecto y funcionó

Nunca subestimes el poder de la mantequilla.

Obsesiones…todos las tenemos. Tal vez unas más acentuadas que otras y enfocadas en diferentes cosas. La mía ha sido y sigue siendo la elaboración del quiche perfecto. Esta tarta salada con huevo, tocino y leche, se escucha sencilla pero en realidad requiere de mucho esfuerzo y mucha mantequilla sin sal.

El primer quiche que comí fue cuando tenía 5 años en un lugar llamado La Tour de Peilz, una pequeña panadería al sur de la ciudad. Recuerdo que la mezcla de mantequilla, huevo y jamón, me pareció de lo más rico y delicado. Era un platillo que podía desayunar, comer y cenar sin problemas. Además, en ese lugar los hacían pequeños, así que le pedía a mi mamá que me comprara uno o dos para llevar de lunch.

Durante un año me dediqué a perfeccionar mi receta de este delicado platillo originario Alemania, pero popularizado en el noreste de Francia.

En algún momento de mi pasado, como side job, mi mamá me convenció de vender quiche a domicilio. Era algo que hacía por gusto, pero con el tiempo la masa se convirtió en un reto personal. Las primeras que hacía eran demasiado gruesas, muy delgadas, demasiado quebradizas, muy blancas o muy escuetas. Realmente nunca cobré lo que tenía que cobrar y nunca lo vi como un trabajo. Cada vez que me pedían un quiche me tomaba dos días hacerlo, porque no salía cómo yo quería, y por lo tanto no podía cobrar bien algo que para mí no era perfecto.

Mi receta empezó siendo muy sencilla (e inspirada en aquel recuerdo de mi infancia): 2 tazas de harina, 10 cucharadas de mantequilla (Gloria) y 1 cucharadita de sal. Lo que yo no sabía —y que después investigué— era que la mantequilla que yo estaba usando tenía demasiada agua (38.2% para ser exactos), lo que provocaba que mi masa no tuviera textura, estuviera aguada y sin ese característico crunch del quiche. A lo largo de los meses probé 6 mantequillas distintas. De cada una hice notas y cambiaba algo de la receta. Al final, las que mejor me resultaron fueron la Président (francesa) o la Lurpak (danesa), ambas sin sal.

Las dos cumplían con el propósito: una masa suave, mantequillosa y con las orillas crujientes. Pero personalmente a mi gusta más la Président por su sabor y untuosidad. Con el paso del tiempo, modifiqué mi receta y ahora agrego sólo 10 cucharadas de mantequilla, me gusta cómo se siente la textura en el paladar.

Contrario a muchas recetas de quiche, yo aplico el blind baking para asegurarme de tener la cocción perfecta. Después, hago mi mezcla de 6 huevos a la cual le agrego un chorrito de crema para batir, nuez moscada, pimienta fresca molida y sal kosher. El relleno es al gusto, aunque creo que el de tocino frito, espinaca y queso de cabra, siempre resulta ganador.

Después de un tiempo, decidí que lo mío no era vender quiche y que prefería mejor hacerlos por gusto (sin tanta presión) para mi familia y amigos. Aunque eso sí, sigo perfeccionando mi receta y cada que como uno no puedo evitar pensar cómo hicieron su masa. ¿Será que tiene demasiada agua?