Mallorca se pone especialmente especialmente guapa cuando termina el frenesí del verano. Las carreteras se despejan, encontrar mesa deja de parecer una misión imposible y Palma recupera su lado más amable. El mar continúa allí, el clima sigue acompañando y sentarse en una terraza vuelve a ser un placer en lugar de una competición.
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Mariluz parece creado para disfrutar de ese momento. El restaurante de Grupo Tragaluz ocupa la terraza de Es Baluard Museu d’Art Contemporani, sobre la antigua muralla y dentro del casco histórico. A un lado se extiende el puerto; al frente, la bahía; y en el horizonte aparece la catedral, que al caer el sol comienza a iluminarse.
Pocas mesas de Palma reúnen una panorámica semejante. La ubicación podría hacer pensar en una carta reservada para grandes ocasiones, pero Mariluz sorprende por una relación calidad-precio poco habitual en un enclave así.

Otro puntazo es la flexibilidad horaria: el restaurante permanece abierto durante toda la jornada y cambia de carácter según avanzan las horas. Se puede llegar para desayunar después de un paseo, comer tras visitar el museo, improvisar una copa al atardecer o quedarse a cenar mientras se encienden las luces del puerto. Esa libertad convierte Mariluz en una opción cómoda y apetecible, fácil de incorporar a cualquier jornada en Palma.
Carta mediterránea a precios amables
La cocina dirigida por Alex Durán combina producto mallorquín, recetas mediterráneas y platos concebidos para compartir. La selección comienza con hummus de menta, pistacho y granada; anchoas con berenjena ahumada, feta y limón; croquetas de pollo y jamón ibérico, y tortitas crujientes de atún rojo con aguacate y mayonesa de chipotle.

El tomate de Mallorca con queso curado de Mahón, piparra y cebolla “al cop de puny” reúne buena parte del sabor local en un plato fresco y directo. La oferta incorpora además navajas, tallarinas, calamar a la andaluza y gamba mallorquina a la plancha.
Los arroces son uno de los grandes motivos para sentarse a la mesa. Se puede elegir entre el de calamar, gambas y almejas; el de pollo y espárragos, o un caldoso de bogavante. También se prepara una fideuá de cabra de mar.

El recetario marinero continúa con calamares a la plancha acompañados de sobrasada de Can Company, atún rojo con gremolata de aceitunas, tomate y alcaparras, y colita de rape a la bilbaína. Para quienes prefieran carne aparecen el steak tartar con patatas fritas, el solomillo de vaca con salsa bearnesa y las costillitas de cordero a la plancha.
La parte dulce conserva el guiño balear con la cheesecake de queso de Mahón, el coulant de almendra mallorquina con helado de café y un divertido Calipo de pomada menorquina.
La magia del atardecer en la copa
Mariluz funciona también como coctelería y el final de la tarde es el momento perfecto para comprobarlo. La bahía se tiñe de tonos dorados, el puerto enciende sus luces y la catedral aparece recortada sobre el cielo. Resulta fácil llegar para tomar una copa y terminar quedándose a cenar.

Su ubicación permite incluirlo en un paseo por Santa Catalina, La Lonja y las calles del casco antiguo, o visitarlo después de recorrer las exposiciones de Es Baluard. Pero Mariluz justifica por sí mismo el paseo hasta la muralla.
Cuando Mallorca deja atrás las multitudes, esta terraza reúne muchos de los placeres que invitan a regresar a la isla: luz, mar, cocina mediterránea, una buena relación calidad-precio y tiempo para contemplar cómo cambia Palma desde las alturas.
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