Castizo Roma, una versión más relajada de la cocina española
La cocina española es el punto de partida del menú. | Foto: Cortesía

En una mesa, un grupo de amigos brinda indistintamente con Aperol, cerveza Mahou y vino. Un mesero se acerca con un plato del que se desprende un reconocible aroma a trufa y, de fondo, suena Blind, de Hercules & Love Affair. La escena podría parecer fortuita, pero durante mi visita a Castizo Roma me doy cuenta que condensa bastante bien el espíritu de la nueva casa del grupo: comer rico, beber lo que apetezca y, sobre todo, pasarla bien.

Esa soltura distingue al nuevo restaurante de sus hermanos. Castizo nació en Condesa y posteriormente llegó a Polanco con Catorze; ahora, el grupo se instala en una casona de la Roma Norte con una personalidad pensada específicamente para el barrio. Al frente de la cocina está el chef madrileño Álvaro “Milu” Crespo, quien ha acompañado al proyecto desde sus inicios y define esta sede como un restaurante “de corazón español, con recetario mediterráneo”.

Pero en Castizo Roma, España funciona más como punto de partida que como una frontera. La cocina se permite ciertas licencias, incorpora ingredientes mexicanos y se mueve con la misma informalidad que parece atravesar el resto de la experiencia.



Castizo Roma, una versión más relajada de la cocina española
El matrimonio combina anchoa, boquerón y un guiño mexicano. | Foto: Jennifer Ornelas

Una casona para recorrer

Parte del encanto de Castizo Roma está en que no existe una única manera de habitarlo. Desde la entrada, la casona va revelando espacios con atmósferas distintas: una pequeña barra recibe a pie de calle y, conforme se avanza, aparecen el comedor, el patio y una llamativa escalera helicoidal que conduce hacia el primer piso, donde se encuentran otro comedor y dos salones privados. Un nivel más arriba espera la terraza, con barra propia y un ambiente todavía más relajado, que los sábados suma DJ.

La intención es ampliar las posibilidades: venir por una copa, sentarse a comer, reunir a un grupo de amigos, organizar algo más privado o prolongar la sobremesa hasta que el restaurante comienza a sentirse un poco más como bar. Castizo Roma no exige una ocasión particular ni una forma determinada de aproximarse a él. El espacio cambia conforme se recorre y la experiencia puede cambiar con él.

España como punto de partida

En la cocina, Milu Crespo apuesta por lo que él mismo describe como una propuesta “sencilla, de receta y de producto”. Hay aceite de oliva de Jaén, pimentón de la Vera, queso manchego de Castilla-La Mancha y otros ingredientes españoles que conviven con productos y referencias mexicanas.

El resultado es un menú reconociblemente español, pero sin demasiada rigidez. Las croquetas son uno de los emblemas de Castizo, aunque una buena manera de comenzar en esta sede es el croquetón de short rib, acompañado por el jugo de cocción de la propia carne. Es untuoso, intenso y deliberadamente goloso, uno de esos bocados que abren el apetito precisamente porque no intentan ser discretos.

En un registro más fresco está el matrimonio de anchoa y boquerón, una combinación clásica que aquí llega sobre pan con tomate y aguacate. El menú utiliza anchoa de Santoña y convierte al aguacate en el guiño local de una entrada que funciona bien para compartir.

La cocina gana profundidad en platos como el pulpo a la brasa con puré de alubias y tinta de calamar, donde las texturas y sabores se van superponiendo: la nota terrosa y cremosa de las alubias acompaña al pulpo mientras la tinta aporta intensidad y salinidad.

También está el arroz de rib eye, una preparación hecha al fuego en la que la carne se cocina en kamado, el horno de cerámica y carbón que el restaurante utiliza para algunas de sus preparaciones. Para terminar, durante mi visita probé un especial de tarta de queso manchego, una buena transición hacia esa parte de la comida que Castizo parece tomarse particularmente en serio: la sobremesa.

Castizo Roma, una versión más relajada de la cocina española
El pulpo a la brasa juega con alubias y tinta de calamar. | Foto: Jennifer Ornelas

Una mesa donde cada quien bebe lo que quiere

La escena del principio vuelve a cobrar sentido cuando se revisa la carta de bebidas. Castizo Roma no obliga a elegir entre restaurante de vino, cervecería o coctelería: las tres cosas conviven.

La cava reúne alrededor de 120 etiquetas seleccionadas por la sommelier Gina Salazar, con vinos de España, Francia, Italia, Estados Unidos y México; aproximadamente 70% de la selección es española. Incluso existe una etiqueta propia, Castizo Catorze, un tinto joven de Rioja elaborado con tempranillo. A ello se suman las cervezas madrileñas Mahou, mocktails y una carta de coctelería desarrollada por Daniel Ibarra.

Mi comida comenzó con una copa de cava y continuó con el vino de la casa, pero es en los cócteles donde la propuesta se permite jugar un poco más. El Picafresa, por ejemplo, toma como referencia el popular dulce mexicano y utiliza mezcal espadín como base: un trago que se aleja deliberadamente de la solemnidad que a veces acompaña a la cocina española más tradicional.

Esa falta de solemnidad es el hilo conductor de Castizo Roma. Hay producto español, recetas reconocibles y una cocina bien ejecutada, pero la experiencia no gira exclusivamente alrededor del plato. Importan también la música, la copa que permanece sobre la mesa, el espacio que se elige dentro de la casona y una sobremesa que puede trasladarse hasta la terraza.

Castizo Roma, una versión más relajada de la cocina española
La coctelería se permite referencias más lúdicas. | Foto: Jennifer Ornelas

Castizo Roma

Orizaba 74, Roma Norte, CDMX.

@castizomx

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