La ciencia del vino es clara, se trata de convertir a la fruta en una bebida deliciosa, compleja y con buen balance. Pero hay otro lado del vino: la subjetividad de quien lo prueba y de esto, la ciencia tiene otra cosa que decir.

Hablar de un buen vino es hablar de lujo, de un paladar refinado y al parecer también hablar de la pretensión. Antes de que saltes a atacarnos, nos referimos a que algunos estudios han encontrado que saber el precio de un vino sí puede hacer que te guste más y que en varias ocasiones, investigadores han engañado a expertos en vino dejando en evidencia que a veces la percepción es lo más importante.

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Por ejemplo, hay uno de la Universidad de Bonn que descubrió que el precio influye en qué tanto te llega a gustar un vino. Lo hicieron midiendo la actividad cerebral de los participantes al darles el mismo vino con distintas etiquetas. El sistema de gratificación en el cerebro (que te hace sentir placer ante ciertos estímulos) y las regiones que tienen que ver con el sabor, mostraban más actividad cuando los participantes pensaban que estaban tomando un vino más costoso.

Pero esto únicamente sucede con los vinos de calidad media, porque el mismo estudio descubrió que el efecto no se hacía presente cuando se trataba de vino de menos de $10 dólares (probablemente debido a la calidad de la bebida).

Otro grupo de investigadores de Standford sirvió vino blanco teñido de rojo a estudiantes para sommelier. Al pedir que les dieran la descripción de los aromas, los estudiantes mencionaron casi únicamente notas olfativas relacionadas con el vino tinto, como cereza, madera y especias.

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Al final del día lo que demuestran estos estudios es que la percepción que tenemos de un vino se ve alterada por el costo. Pero ya sabes que cuando se trata de vino el mejor tiene que ser el que más disfrutas.