Nuevas añadas, nuevas miradas: ocho vinos que marcan el momento 

No todas las añadas nuevas se sienten igual. Algunas marcan un relevo, otras afinan lo que ya existía y hay también proyectos que, de puntillas, empiezan a posicionarse con claridad. La novedad, en vino, a veces pasa por romper y a veces por saber hacia dónde moverse.

Esta selección reúne ocho referencias recientes que reflejan ese momento. Vinos que llegan desde distintos puntos —bodegas históricas, proyectos personales o etiquetas que evolucionan— pero que comparten una idea: avanzar con criterio. Blancos que trabajan la textura sin perder tensión, tintos que buscan afinación antes que peso y elaboraciones que prefieren sugerir antes que dominar. Todos, a su manera, tienen algo que decir.

En Valdeorras, la familia Rebolledo fue una de las primeras en apostar por el potencial del godello cuando aún no estaba en el foco. Hoy, esa experiencia se traduce en vinos de parcela como Trasdairelas, donde el trabajo en viña y una elaboración sabia marcan el carácter. En su paleta de aromas hay fruta de hueso —albaricoque, melocotón— junto a cítricos, flores blancas y un fondo mineral que sube el nivel.

En boca es largo, con cierta textura cremosa, pero sostenido por una acidez bien medida. El final, ligeramente salino y con un sutil amargor, reivindica su perfil gastronómico. Un blanco que combina estructura y frescura, pensado para mesa y para evolucionar con calma en copa. Las cocinas del mundo le van todas bien pero los platos de mar lo llevan al cielo.



PVP aprox.: 20 €

En Rueda, donde el verdejo suele moverse en registros más directos, Palacio de Bornos da un paso más con este Gran Vino de Rueda, una categoría reciente que pone el foco en viñedos viejos y elaboraciones más precisas. 

Un gran blanco que asciende directo a la elite vinícola de la región, con su estructura elegante y la presencia sutil de las lías. Perfectamente redondo, en nariz combina fruta blanca, notas herbáceas y un fondo más profundo de brioche con un final ligeramente amargo y salino.

Las lías le dan ese volumen y esa untuosidad que los hacen perfecto para la experiencia gastronómica de calidad. Y, para los que tienen paciencia, deja ver su vocación de guarda.

PVP aprox.: 24,20 €

El nombre no es casual. Tampoco una metáfora. Sin Vivir nace de un episodio tan real como poco habitual: el día previsto para vendimiar, la uva desapareció. No quedó ni un racimo. Ese arranque, casi surrealista, define bien el carácter de un vino impulsado por el cocinero segoviano Óscar Hernando, del restaurante Maracaibo, en un proyecto donde la intuición y el amor por su tierra pesan mucho.

Desde Valtiendas, en Segovia, el vino se apoya en la altitud, los suelos pobres y el carácter de viñedos viejos que obligan a la vid a concentrar todo en muy poco. En nariz propone fruta roja y negra, un matiz herbal y trazo calcáreo que cautiva.

El paso es alegre, limpio y fresco. Funciona especialmente bien con cocina sencilla bien resuelta, carnes y guisos, pero sobre todo transmite una sensación poco frecuente: autenticidad.

PVP aprox.: 12–18 €

En Fuentelún todo empieza en el viñedo. Cinco hectáreas en Padilla de Duero cultivada según la filosofía más pura de la biodinámica.

La añada 2020 obligó a mirar la viña de cerca: ciclos adelantados, decisiones constantes y una naturaleza que se impuso con carácter. Esa tensión se traduce en un vino que combina profundidad y precisión sin caer en la pesadez.

Aromáticamente se mueve entre fruta negra madura, notas balsámicas y un fondo de cacao y tostados exquisitamente integrado. En boca hay volumen, pero también frescura, es sedoso y goloso con una sensación de continuidad que alarga el trago.

Es un vino que se despliega poco a poco, con un encanto al que va ser difícil resistir.

PVP aprox.: 32,75 €

Un albariño icónico de una bodega histórica. Uno de los primeros elaborados con barrica, Limousin introduce ese toque de madera con cuidado, sin perder esa frescura atlántica que define la variedad y la zona.

El perfil aromático es fiel a sus origenes, melocotón, flores blancas, miel y piel de limón, acompañados por un matiz cremoso muy sutil. En boca es largo y lleno de energía, con una acidez que lo mantiene vivo y una sensación salina que lo conecta con el paisaje.

Tiene ese punto versátil que lo hace funcionar tanto en una comida larga como en un plan improvisado. Mariscos, arroces o incluso algo tan simple como unas patatas fritas..

PVP aprox.: 30 €

En Apulia en el tacón de Italia, San Marzano es una de esas bodegas que han sabido reescribir el vino del sur de Italia, bastante denostado hasta hace unas décadas. Edda es un blanco elegante y maduro fruto de ensamblaje de chardonnay con variedades locales, busca equilibrio en un entorno donde la madurez suele imponerse. El resultado es un blanco amplio, con fruta de hueso, cítricos maduros y un fondo ligeramente cremoso que aparece sin dominar.

En boca tiene volumen, pero avanza con suavidad, sostenido por una acidez que ordena el conjunto. Es un vino que pide mesa: quesos curados, pasta, pescados con salsa, arroces o platos con algo de intensidad.

PVP aprox.: 18–22 €

Una añada que marca un punto de inflexión: 2025 es la primera firmada por Chema Ureta, que asume el legado con una idea clara: no cambiar el rumbo, sino afinarlo desde dentro, con respeto y oficio.

El vino de Santiago Ruiz mantiene ese carácter reconocible de O Rosal, construido a partir del ensamblaje de sus variedades tradicionales. Si paramos a escuchar, nos habla de paisaje, de clima y de una forma de entender la Galicia autentica. 

Aquí no hay giros bruscos, sino continuidad y respeto. El conjunto se mueve con frescura, dejando que cada matiz aparezca: fruta, flores, hierba y un final de roca y sal que ordena todo. Profundo y equilibrado

Un vino que acompaña la mesa sin robar protagonismo y que, casi sin darte cuenta, te lleva directamente al lugar del que vienen.

PVP aprox.: 15,50 €

Hay vinos que nacen con historia y otros a los que la historia les alcanza. Este es de los segundos. Los Conejos Malditos saltó inesperadamente a la escena internacional cuando apareció en una de las secuencias finales de la película Una batalla tras otra, protagonizada por Leonardo DiCaprio y convertida después en una de las grandes triunfadoras de los Oscar.

Lo curioso es que nada fue planificado. La bodega se enteró después, casi por sorpresa. De repente, un tinto manchego, nacido en viñedos marcados por las plagas de conejos que dan nombre al proyecto, estaba en manos de una de las mayores estrellas del cine.

Más allá del guiño cinematográfico, el vino funciona. Se mueve en un registro directo y jugoso, con la fruta en primer plano, un punto especiado y una estructura ágil que invita a seguir. Ese carácter tiene mucho que ver con su elaboración en maceración carbónica, que potencia la expresión frutal y la fluidez en boca.

A veces, lo inesperado es lo que mejor cuenta una historia.

PVP aprox.: 11 €