En las faldas del volcán San Cristóbal en Nicaragua se encuentran los sembradíos de la caña de azúcar que utilizan para hacer el ron Flor de Caña.

Lo que llama la atención de esta producción, es que el agua de riego se enriquece gracias a las propiedades del mismo volcán, que aún está activo y es considerado el más alto de Nicaragua. Muchos pensarían que esta es una ubicación demasiado riesgosa o poco benéfica para la siembra, pero la realidad es muy distinta.

Las cenizas del volcán aportan minerales y nutrientes desde la profundidad del cráter que se asientan en la tierra y tienen un efecto fertilizador. El agua de riego trae consigo minerales que se filtran en la superficie porosa, dándole un sabor muy interesante al ron.

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El sabor tan característico de este ron es posible gracias al agua enriquecida que utilizan, aunada a las condiciones climáticas y el tiempo que la mezcla reposa en barricas de roble.

Además, gracias a las altas temperaturas y el clima tropical de Nicaragua, la evaporación es mucho más eficaz y el tiempo en barrica se intensifica.

Esta es una prueba del peso que tienen las condiciones climáticas en la producción de licores y cómo el lugar dónde se fabrican es realmente el que define su sabor.