En el extremo occidental de Uzbekistán, en la antigua región de Corasmia, la ciudad aparece como una visión surgida del desierto: murallas de barro, minaretes cubiertos de azulejos turquesa, cúpulas que reflejan el sol y callejuelas donde cada piedra parece conservar el eco de antiguos viajeros.
En medio de este escenario histórico se encuentra Hotel Bankir Khiva, un hotel boutique que establece un diálogo íntimo entre la memoria de Jiva y la sensibilidad del viajero contemporáneo.
Una pausa de seda y luz en el corazón de Uzbekistán
Situado a pocos pasos de Ichan Kala, el centro histórico de Jiva declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, el hotel ofrece una experiencia profundamente vinculada al lugar. Su arquitectura combina referencias a la tradición uzbeka con líneas modernas, mientras una espectacular cúpula turquesa recibe al visitante como una imagen simbólica del cielo de Asia Central.

Aquí el viaje adquiere otra velocidad, la ciudad queda al otro lado de la puerta, el desierto parece respirar detrás de las murallas. Y cada mañana comienza con la sensación de encontrarse dentro de una historia.
Al caminar por Ichan Kala, entramos en un mundo de muros de adobe, puertas talladas, mezquitas, madrazas, cúpulas y minaretes.
La arquitectura parece crecer directamente de la tierra, el color de los muros recuerda al desierto, l azul de los azulejos recuerda al cielo.
Entre ambos aparece la identidad de Jiva.
El hotel Bankir se encuentra precisamente en este universo, su dirección, en Mehnat Guli 29, dentro del distrito de Kalta Minor, sitúa al huésped junto al corazón histórico de la ciudad y la historia comienza al salir por la puerta.
Quizá uno de los aspectos más hermosos del Hotel Bankir Khiva sea su propia historia.
El establecimiento fue creado por Muhammadali Erkinov, junto con el empresario y personalidad de los medios de Singapur Timothy W. Go. La propiedad mantiene además un vínculo íntimo con la familia de Muhammadali: el terreno perteneció al lugar donde pasó parte de su infancia.
El nombre Bankir procede de la palabra rusa para “banquero” y rinde homenaje al abuelo de Muhammadali, quien fue banquero principal de Jiva durante la época soviética.

La calle donde hoy se encuentra el hotel estaba asociada en la memoria local con aquella figura familiar: era conocida como la calle donde vivía el banquero y esta historia convierte al hotel en algo especialmente cercano, cada habitación, cada espacio y cada rincón del establecimiento adquieren una dimensión diferente cuando se conoce el origen de la propiedad.
Aquí la hospitalidad posee raíces, la tierra tiene memoria,Y la historia de una familia terminó formando parte de la experiencia de viajeros llegados desde todos los rincones del mundo.
Hay un elemento que domina inmediatamente la imaginación: la gran cúpula turquesa del vestíbulo.
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Hecha a mano y concebida como uno de los grandes símbolos arquitectónicos del hotel, la cúpula recuerda los colores que han convertido a Jiva en una de las ciudades más reconocibles de Asia Central. El propio hotel la presenta como un símbolo de unidad bajo un mismo cielo.
El turquesa ocupa un lugar especial en la arquitectura de Uzbekistán, es el color de las cúpulas de Samarcanda. El color de ciertos azulejos de las madrazas. El color que aparece una y otra vez sobre el paisaje dorado de las ciudades históricas.
En el Hotel Bankir, ese color recibe al viajero.
Uno entra desde la calle y encuentra sobre la cabeza una representación del cielo, es una imagen sencilla y poderosa. la tierra de Corasmia bajo los pies y el cielo turquesa sobre la mirada.

Existe una magia especial en despertar dentro de una ciudad histórica donde la primera luz aparece sobre las fachadas mientras el aire todavía conserva la frescura de la mañana y las calles comienzan lentamente a despertar.
En Jiva, la comida también habla del paisaje, la cocina de Corasmia nació en un territorio marcado por el desierto y por el oasis, donde el agua permitió desarrollar una extraordinaria cultura agrícola y urbana, comer aquí significa descubrir otra dimensión de la ciudad.
El viajero puede pasar la mañana contemplando azulejos y minaretes y después sentarse ante una mesa donde los aromas cuentan una historia paralela.
La historia de la tierra, la historia de las familias, la historia de las caravanas y la historia de los hogares.
En la azotea se encuentra la Erkin Watchtower, una torre panorámica desde la que pueden contemplarse Ichan Kala y sus grandes minaretes. La torre lleva el nombre de Erkin Bankir, el abuelo de Muhammadali, y funciona como homenaje a la historia de la familia y de la propiedad.
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Subir hasta allí significa cambiar completamente de perspectiva, Jiva aparece extendida bajo los pies.
Las murallas de Ichan Kala dibujan sus líneas sobre el paisaje, los minaretes se elevan hacia el cielo,las cúpulas parecen pequeñas manchas de color, Y más allá de la ciudad aparece la inmensidad de Asia Central.
Cuando el sol comienza a descender, Jiva adquiere una belleza extraordinaria.
Los muros de adobe se vuelven dorados.
Los azulejos reflejan tonos más profundos.
Las sombras comienzan a alargarse sobre las calles.
Los minaretes se recortan contra el cielo.
Es el momento perfecto para permanecer quieto.
Para mirar.
Para guardar imágenes.
Para dejar que la arquitectura cuente su historia.
Hotel Bankir Khiva
Mehnat Guli 29, Kalta Minar District, Khiva, Uzbekistán.

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