Del lienzo a la cocina: un homenaje a Sorolla 

Un homenaje al pintor Joaquín Sorolla a los 100 años desde su nacimiento por Jorge de Andrés
Del lienzo a la cocina: un homenaje a Sorolla 

En mi recuerdo persiste la imagen de un cuadro de bañistas, colgado sobre la chimenea en la casa de mis vecinos. Tenía diez años y cruzaba la calle cada tarde para sentarme al piano de la biblioteca, un espacio donde vivía ese cuadro que tanto me encantaba observar. Dos mujeres con faldas revoloteadas por el viento, las olas bajitas que llegaban hasta el primer plano, arena dorada, niños desnudos jugando (uno boca abajo, bañado por el oleaje, y otros dos corriendo hacia el mar). Lo que más admiraba, recuerdo, era la luz que delineaba con un contorno blanco cada figura y barca en el horizonte. Aquella obra, supe más tarde, era un Sorolla. Ahí empezó mi fascinación creciente por este pintor valenciano.

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La primera vez que visité Madrid, fui directo al Museo Sorolla y, tras admirar sus lienzos, intuí que Joaquín Sorolla debió usar una cámara fotográfica para capturar el movimiento del mar, las posturas de sus personajes y, sobre todo, los juegos de luz. En cada visita a la capital española, regreso al museo y se reaviva mi entusiasmo y curiosidad por saber cómo lograba plasmar esos efectos lumínicos que caracterizan sus obras.

Del lienzo a la cocina: un homenaje a Sorolla 
Foto: “Extremadura. El mercado”. El jamón ibérico de Extremadura tiene Denominación de Origen. Este plato de cerámica emula una bellota –en referencia a lo que comen los cerdos de esta región– y contiene cinco lonchas de solomillo curado. (Ignacio Urquiza)

Esta vez me encuentro en Valencia con Jorge de Andrés, un chef valenciano y profundo admirador de Sorolla. Jorge ha dedicado veinticinco años a explorar tanto la vida profesional como la personal del pintor. Ha tenido acceso a las cartas que Sorolla escribía a diario a su esposa Clotilde, donde expresa desde su estado de ánimo y sus encuentros con diversos personajes, hasta los detalles de sus obras en proceso.

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En una de esas cartas, Sorolla le describe a Clotilde los gélidos días de febrero en Nueva York, mientras prepara una exposición, y le expresa su deseo de regresar pronto al calor de Andalucía. Este pasaje, breve pero íntimo, inspiró a Jorge a visitar la Hispanic Society of America, en la Gran Manzana, donde se exhibe de manera permanente la serie “Visión de España”, una obra compuesta por catorce grandes lienzos que Sorolla pintó por encargo de la institución a principios del siglo pasado. Esta sala estuvo cerrada durante varios años, pero reabrió en 2023, en conmemoración del centenario de su muerte.

Del lienzo a la cocina: un homenaje a Sorolla 
Foto: “Elche. El palmeral”. Sorolla regresó tres meses después a Alicante para capturar el color amarillo de los dátiles maduros. Aquí, el dátil fue montado en una copa de vidrio soplado color ámbar en forma de copete de palmera. (Ignacio Urquiza)

Esta colección, que abarca lo postimpresionista, modernista y costumbrista, captura la esencia de las tradiciones y la gastronomía regionales españolas. Con gran detalle, podemos ver lo que se comía en las fiestas patronales, los atuendos típicos, las barcas, los canastos y los textiles. Se sabe que Sorolla, como era su costumbre, pintó cada cuadro al aire libre, en cada una de las provincias retratadas. Todo está representado con precisión: atunes de Almadraba, berberechos, jamón ibérico, vieiras, naranjas valencianas, mejillones, percebes y rapes. De aquí nació la inspiración de Jorge para diseñar un menú en honor a esta magna obra de Sorolla.

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“La exposición ‘Visión de España’ fue tan exitosa en su inauguración, que los primeros días hubo colas de hasta tres cuadras con gente esperando para entrar —explica Jorge—. En ese momento, Sorolla era considerado el pintor vivo más importante del planeta. Hasta la fecha, se han catalogado cuatro mil cuatrocientos cuadros”. Respeto y admiración motivaron al chef a crear esta experiencia gastronómica inmersiva que evoca la riqueza cultural y culinaria plasmada por Sorolla en sus lienzos. Este proyecto no solo honra la obra de Sorolla, sino que también celebra la profunda conexión entre el arte y la gastronomía que ha acompañado a Jorge desde su infancia.

Del lienzo a la cocina: un homenaje a Sorolla 
Foto: “Galicia. La romería”. Percebes incrustados en una roca esculpida –en representación de su hábitat natural, las piedras, de donde los percebeiros los extraen– y servidos con mantequilla de algas. (Ignacio Urquiza)

La relación de Jorge con la gastronomía, arraigada en la historia de su familia, refleja una vida donde el arte y la comida se entrelazan. “Mi padre tenía un puesto de tomates en el Mercado Central de Valencia y mi madre montó un restaurante para poder pagar los estudios de sus hijos —cuenta Jorge—. Los muros del local exhibían pinturas de amigos suyos, a la venta. Jamás se vendió una sola, pero nos mantuvimos conectados con la gastronomía y el arte. Viajábamos en familia y nuestra prioridad era visitar mercados, restaurantes y museos”. Influenciados por esta atmósfera artística y gastronómica desde su infancia, cinco de los nueve hermanos se dedican a la gastronomía. Javier, el mayor, es un reconocido chef con dos estrellas Michelin en su restaurante La Sucursal, en Valencia.

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Antes de diseñar el menú, lo primero que hizo Jorge fue crear una vajilla especial: moderna y con motivos que representan algo sobre el ingrediente o la región de cada platillo. El primer plato, por ejemplo, es la figura de una bellota hecha de cerámica que nos acerca al mundo del jamón ibérico de Extremadura.

El segundo tiempo hace referencia a los dátiles de “El palmeral”, el cuadro representativo de Elche. Por las cartas de Sorolla a Clotilde sabemos que cuando el pintor fue a esta región, los dátiles que colgaban de las palmeras no estaban lo suficientemente maduros, así que regresó tres meses después para pintarlos y capturar el amarillo perfecto. Por esto, en el menú del chef Jorge, los dátiles están montados en una copa de vidrio soplado de color ámbar.

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Foto: “Navarra. El concejo del Roncal”. Corazones de alcachofa en un plato de porcelana que recuerda los pliegues y las texturas de las capas que usaban los alguaciles en las fiestas patronales. (Ignacio Urquiza)

El plato que hace honor al cuadro de Navarra (“El concejo del Roncal”) narra la historia del perfeccionismo de Sorolla. Por las cartas a su esposa, sabemos que el pintor mandó traer telas de las capas de invierno que usaban los concejos –o alguaciles– en esa región para retratar con realismo las texturas y los pliegues. Por eso, la alcachofa se sirve sobre un plato de porcelana que recuerda a esas telas.

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El resto de los platos de este menú de 14 tiempos sigue este estilo, con ingredientes representativos de cada región, guiños a las pinturas de Sorolla e historias ocultas sobre el proceso creativo del pintor; todo aliñado con el estilo personal del chef. “Es un mito eso de que usaba la fotografía como auxiliar”, dice el chef Jorge. Sin embargo, su relación con la fotografía, influenciada por su suegro, quien fue fotógrafo retratista, sí jugó un papel en su vida, ya que coloreaba los daguerrotipos a petición de su suegro, para promocionar el estudio fotográfico.

Del lienzo a la cocina: un homenaje a Sorolla 
Foto: “Cataluña. El pescado”. Salmonete con romescu en plato de cerámica que evoca al mar Mediterráneo. (Ignacio Urquiza)

Después de años de preguntarme si Sorolla utilizaba la cámara fotográfica para captar luces y movimientos, por fin descubro que no fue así; lo que hace aún más admirable el cuidado y la atención al detalle que tuvo Sorolla en cada una de sus obras.

Este proyecto artístico-gastronómico ha sido aclamado internacionalmente (se ha presentado en Washington, Chicago, Dallas, Nueva York, Roma y Valencia, promovido por la Fundación Bancaja) y ha sido premiado por el Instituto de Gastronomía Española como “La mejor aportación gastronómica y cultural del año”. Quiero creer que Joaquín Sorolla hubiera disfrutado tanto este menú como yo he disfrutado de sus obras desde que tenía diez años.

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