En el mundo del vino existen reglas que parecen escritas en piedra. Que el pescado va con blancos, que los tintos son para las carnes rojas o que los rosados ocupan un cómodo punto medio entre ambos universos. Sin embargo, basta sentarse a una mesa con el legendario enólogo mexicano Camilo Magoni para entender que las mejores experiencias gastronómicas suelen comenzar precisamente cuando alguien decide romper las reglas.
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Eso fue exactamente lo que ocurrió durante el reciente “Maridaje Rebelde” organizado en el restaurante Costa Rosa, donde la chef Romina Cortés y el fundador de Bodegas Magoni construyeron una experiencia sensorial basada en una idea simple pero poderosa: dejar atrás los maridajes convencionales y permitir que cada comensal descubriera sus propias afinidades entre vino y comida.

Así, cada platillo ofrecido, se maridaba, al mismo tiempo, con hasta tres vinos diferentes, para encontrar la combinación que más gustará al comensal. El resultado, no sólo ver la mesa repleta de copas, sino una conversación permanente entre la cocina de mar y producto mexicano que caracteriza a Costa Rosa y la diversidad enológica del Valle de Guadalupe.
La experiencia comenzó con unos delicados camarones a la mantequilla con huitlacoche, un platillo que encontró matices completamente distintos según el vino elegido. El Sauvignon Blanc Reserva resaltó la frescura marina del camarón; el Greco aportó una dimensión más mineral y mediterránea; mientras que Origen mostró cómo una etiqueta de mayor complejidad puede dialogar con los tonos terrosos del huitlacoche.
La segunda estación llevó la rebeldía un paso más allá. La jaiba suave frita con reducción de frambuesa, servida sobre una ensalada de quelites y shiso, desafió cualquier manual clásico de maridaje. Frente a ella desfilaron un chardonnay, un rosé y un merlot. Cada vino transformó la experiencia: desde la untuosidad y estructura del chardonnay hasta la sorprendente armonía que encontró el merlot con los matices dulces y vegetales del plato.
Los mejillones acompañados de pan de masa madre crujiente sirvieron como escenario para otro ejercicio de exploración. Sauvignon blanc, greco y un tinto sangiovese demostraron que incluso un mismo platillo puede ser totalmente distinto dependiendo de la copa que lo acompañe.

La cocina de Romina Cortés también presentó la Ensalada Costa Rosa, maridada con Sauvignon Blanc Reserva, una combinación que resaltó la frescura y los componentes herbales del plato. Más adelante llegó uno de los momentos más memorables de la tarde: el taco de wagyu mexicano con cremoso de aguacate ahumado. Aquí, los vinos de Casa Magoni: nebbiolo, manaz y rosé protagonizaron una de las comparaciones más interesantes de la jornada. Mientras los tintos ofrecían estructura y profundidad, el rosado sorprendió por su capacidad para equilibrar la intensidad de la carne y las notas ahumadas.
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El cierre no pudo ser más elocuente. Un profiterol con helado de hoja santa y mamey encontró en el vino dulce fortificado de la casa, Soleo, un compañero capaz de abrazar la complejidad aromática del postre.
Así, este “maridaje rebelde” fue una fresca y agradable invitación a cuestionar dogmas. Guiados por la experiencia de Camilo Magoni (considerado, sin duda, uno de los grandes arquitectos de la vitivinicultura mexicana contemporánea) y por la sensibilidad culinaria de Romina Cortés, los asistentes descubrieron que el mejor maridaje no siempre es el que dicta la teoría, sino aquel que despierta una emoción inesperada.

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