El vino mexicano se reúne en su primer gran congreso internacional
Foto: Cortesía

La industria vitivinícola mexicana atraviesa uno de sus momentos más relevantes. Con un consumo nacional en ascenso, una creciente preferencia por las etiquetas mexicanas y un ecosistema que integra agricultura, agroindustria, distribución y turismo, el país se prepara para albergar el primer Congreso Internacional de Uva y Vino México 2026, un encuentro que busca fortalecer al sector desde distintas aristas: producción, sostenibilidad, comercialización, innovación y enoturismo.

El anuncio oficial tuvo lugar en el Club de Industriales y contó con la participación de Salomón Abedrop (Presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola), Elizabeth Rojas (Directora General del Consejo Mexicano Vitivinícola), Nelly Hurtado (Asesora de la Unidad en Política Social de Aguascalientes) y Ricardo Espíndola (Coordinador del Auditorio del Vino), quienes coincidieron en que este es el momento idóneo para impulsar una plataforma internacional capaz de conectar a productores, investigadores, compradores, instituciones y consumidores alrededor del vino mexicano.

El vino mexicano se reúne en su primer gran congreso internacional
Foto: Jennifer Ornelas

Un congreso para fortalecer a toda la cadena vitivinícola

Durante la presentación, Salomón Abedrop destacó que la industria vitivinícola mexicana representa mucho más que la producción de vino. Explicó que se trata de una actividad que integra tres grandes componentes: agricultores, agroindustria y distribución: “Los productores de vino son agricultores que producen su propia uva; posteriormente realizan un proceso agroindustrial en sus vinícolas y finalmente distribuyen el vino hasta el mercado”, señaló.



Asimismo, subrayó que el vino mexicano vive un momento histórico en términos de preferencia del consumidor. Desde 2017, las etiquetas nacionales superaron en consumo a las españolas y actualmente el 39% de las botellas que se abren en México son mexicanas, frente al 25% de vinos españoles: “El objetivo a mediano plazo es cubrir el 50% de la demanda nacional, pero para lograrlo necesitamos una industria sólida, unida y fuerte, capaz de responder a las exigencias del consumidor en calidad, precios competitivos y consistencia”, afirmó.

El presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola también destacó el reconocimiento internacional que ha ganado el vino nacional. Aunque México representa apenas el 0.4% de la producción mundial, obtiene alrededor del 10% de las medallas en concursos internacionales.

Sostenibilidad, innovación y nuevas generaciones

Por su parte, Elizabeth Rojas explicó que el congreso estará enfocado en los grandes desafíos contemporáneos de la industria, particularmente aquellos relacionados con la sostenibilidad, la transición generacional y la transformación de los sistemas económicos y comerciales.

Entre los temas que integrarán el programa académico se encuentran la agronomía, el uso eficiente de recursos como agua y suelo, sostenibilidad, propiedad intelectual, tendencias internacionales de enología y viticultura, así como análisis de mercado y comportamiento del consumidor: “Estamos viviendo un contexto de cambios económicos y generacionales que obliga a la industria a adaptarse y entender nuevas dinámicas de consumo”, explicó.

Rojas detalló que participarán investigadores de Estados Unidos, Chile y España, además de representantes mexicanos ante la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), quienes compartirán perspectivas sobre los retos globales del sector. Uno de los ejes centrales será el análisis de mercado. La consultora ISCAM presentará datos relacionados con precios, movimientos comerciales y ciudades con mayores niveles de consumo, con el objetivo de generar herramientas útiles para productores, líderes de opinión y academia.

Además, el encuentro contará con un área de exposición para proveedores especializados en maquinaria, tecnología, insumos agrícolas, equipo de bodega y asesoría técnica, así como la firma de convenios de colaboración con entidades gubernamentales y privadas.

Entre ellos destacan acuerdos con la Secretaría de Turismo y el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual para fortalecer la competitividad y posicionamiento de la industria, así como alianzas con empresas de logística y comercialización para facilitar la presencia del vino mexicano en cadenas de autoservicio.

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El Salón del Vino reunirá etiquetas de 17 estados

Como parte del congreso se llevará a cabo el Salón del Vino, espacio diseñado para visibilizar la diversidad vitivinícola nacional y generar vínculos directos entre productores, compradores y consumidores.

Elizabeth Rojas confirmó la participación de 17 estados productores, entre ellos Baja California, Coahuila, Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Zacatecas, Puebla y Aguascalientes, además de entre 35 y 40 bodegas participantes.

Ricardo Espíndola detalló que el Salón del Vino incluirá dos horas de degustación y dos horas de diálogo directo con productores, enólogos, agrónomos y directores comerciales: “El objetivo es que la gente pueda conversar directamente con quienes están haciendo vino en México, conocer sus proyectos y entender qué está pasando en cada región”, explicó.

Los asistentes también podrán adquirir botellas a precios preferenciales, tanto para consumo personal como para restaurantes y hoteles. El salón reunirá vinos espumosos, tintos, blancos, rosados y vinos en lata, además de etiquetas representativas de distintas regiones, como malbec y shiraz de Coahuila, cabernet y nebbiolo de Baja California y espumosos de Querétaro.

Aguascalientes, sede estratégica para el encuentro

Nelly Hurtado destacó que la elección de Aguascalientes como sede representa un reconocimiento al crecimiento sostenido de la entidad dentro del panorama vitivinícola nacional. Actualmente, el estado cuenta con más de 1350 hectáreas de uva plantada, de las cuales 206 están destinadas a vino y 94 más se encuentran en desarrollo. Además, posee 10 viñedos, 24 bodegas y más de 200 etiquetas.

“La celebración del Congreso Internacional de la Uva y el Vino representa una gran distinción para Aguascalientes y el reconocimiento al trabajo realizado para consolidar una industria dinámica, innovadora y con gran proyección nacional e internacional”, señaló.

La funcionaria también destacó el crecimiento de la Ruta del Vino de Aguascalientes, la cual recibe más de 206 mil visitantes al año y se ha convertido en un motor económico y turístico para la región.

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El enoturismo, uno de los grandes motores del sector

Uno de los puntos más relevantes de la presentación fue destacar el papel que juega el enoturismo dentro de la economía mexicana. Salomón Abedrop explicó que las vinícolas generan empleo en zonas rurales, impulsan inversiones y detonan economías locales mediante experiencias turísticas ligadas al vino: “El enoturismo ya es la cuarta fuente de ingresos turísticos en México, después de las playas, las zonas arqueológicas y museos, y las grandes ciudades”, destacó.

Además, señaló que este fenómeno ha generado efectos positivos en ciudades con vocación industrial como León y Saltillo, donde hoteles y restaurantes han incrementado su ocupación durante fines de semana gracias a las rutas del vino.

También enfatizó que el contacto directo entre productores y consumidores permite fortalecer la relación con el mercado y comunicar mejor la calidad del vino mexicano.

Los desafíos pendientes: impuestos y cultura de consumo

Aunque el crecimiento de la industria es evidente, los representantes del sector señalaron que aún existen barreras importantes para incrementar el consumo.

Abedrop habló sobre la propuesta presentada al Gobierno Federal para modificar el esquema del IEPS aplicado al vino. Actualmente, el impuesto se calcula con base en el precio de venta; la propuesta busca migrar hacia un esquema basado en la cantidad de alcohol, similar al que opera en Estados Unidos y Europa: “Hoy el impuesto castiga el valor agregado del vino porque aumenta conforme sube el precio de la botella. Lo que buscamos es un esquema fijo basado en el contenido alcohólico”, explicó.

Por otro lado, Ricardo Espíndola señaló que ciertos hábitos de la cultura gastronómica mexicana todavía representan un reto para el vino: “La mesa mexicana, con limón, chile, salsas y refrescos, no necesariamente es aliada natural del vino como sí ocurre en España”, comentó.

Sin embargo, ambos coincidieron en que la evolución de la industria durante las últimas décadas ha sido notable. Espíndola recordó que hace 25 años regiones como Querétaro apenas comenzaban a consolidarse, mientras que hoy producen vinos correctos, limpios y balanceados: “El país crece cada año en consumo, hectáreas y producción. Hoy podemos abrir una botella mexicana con la confianza de que encontraremos vinos de gran calidad”, concluyó.

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