Hay hoteles que ofrecen una buena estancia. Y luego está Formentor.
Mucho antes de que el lujo se midiera en estrellas o listas de espera, este rincón del norte de Mallorca ya era un lugar de peregrinación para quienes buscaban algo más difícil de encontrar: belleza, silencio e inspiración. Entre sus pinares centenarios y frente a una de las bahías más espectaculares de la isla desfilaron escritores, artistas, miembros de la realeza y grandes nombres del cine internacional, atraídos por una atmósfera que convertía cada estancia en un paréntesis del mundo.
Formentor nunca fue solo un hotel. Fue un símbolo de una forma de viajar. Por eso, cuando Four Seasons asumió el reto de escribir un nuevo capítulo de su historia, entendió que no bastaba con restaurar un icono. Había que devolverle el alma. Y esa alma, hoy, también se encuentra alrededor de la mesa.
Donde el mar sostiene la luz: Mallorca
Porque si durante décadas Formentor se contempló con los ojos, ahora también se descubre a través del paladar.
La nueva propuesta gastronómica del resort tiene una idea clara: contar Mallorca plato a plato. No desde el artificio, sino desde una despensa privilegiada que habla de tomates madurados al sol, aceite de oliva virgen extra, cítricos perfumados, miel de la isla, hierbas aromáticas, pescado descargado cada mañana en las lonjas cercanas y pequeños productores que siguen trabajando la tierra con el mismo respeto que hace generaciones.
Múltiples opciones de restauración de lujo
El mejor ejemplo es MEL, el restaurante que marca el ritmo culinario del hotel desde el desayuno hasta la noche. Su nombre significa “miel” en catalán y resume la filosofía de una cocina luminosa, profundamente mediterránea y comprometida con el producto local. Sobre la mesa aparecen platos como el tatín de tomate mallorquín con queso curado de Mahón y praliné de avellanas, la sobrasada a la parrilla con panal de miel, o un delicado gazpachuelo de gamba roja de Sóller, recetas que reinterpretan el recetario isleño sin perder autenticidad.

Después llega SHIMA, donde el viaje cambia de rumbo sin abandonar el Mediterráneo. La cocina nikkei encuentra aquí un escenario inesperado para dialogar con el producto balear. Nigiris de impecable corte, ceviches vibrantes, tiraditos y elaboraciones donde Japón y Perú conversan con la despensa mallorquina, siempre con el mar como telón de fondo. No es casualidad que, al preguntarle qué plato resume mejor la esencia de Formentor, el chef Javier Hoebeeck no dude un instante: «El tiradito de pez araña pescado frente al faro de Formentor con salsa de ají amarillo». Una creación que, explica, representa «un producto profundamente mallorquín interpretado desde una perspectiva global, donde el producto local se une a influencias sin límites, como aporta Four Seasons». Difícil resumir mejor la filosofía culinaria del resort: raíces en la isla, mirada abierta al mundo.
Si hay un lugar donde la cocina se funde literalmente con el paisaje, ese es LLUM I SAL. A pocos metros de la playa de Formentor, la carta gira alrededor del pescado fresco del día, mariscos, arroces pensados para compartir y brasas que respetan el sabor del producto. Aquí el protagonismo no pertenece al chef, sino al Mediterráneo.

Las pausas también tienen sabor. QUIOSC, junto a la piscina, propone una cocina ligera para alargar las sobremesas entre baños, mientras que CERCLE Lobby Bar convierte el atardecer en un ritual con una carta de cócteles donde los cítricos de la isla, las hierbas aromáticas y los destilados de autor dialogan con una cuidada selección de vinos. Y para quienes entienden que unas vacaciones siempre necesitan un toque de dulce, CROCANT reivindica el helado artesano como un pequeño lujo cotidiano.
Pero Four Seasons no ha querido limitar la experiencia gastronómica a sus restaurantes.
Experiencias gastronómicas veraniegas
Este verano, la cocina se convierte también en espectáculo y encuentro. El 31 de julio, el elegante CERCLE recibirá a los bartenders del prestigioso Fitz Bar de Ámsterdam para una noche dedicada a la mixología contemporánea junto a The Lost Explorer, una oportunidad para descubrir nuevas técnicas, destilados y combinaciones en uno de los enclaves más bellos de la isla.

La otra gran cita llegará el 8 de agosto en Cases Velles, donde solo cuarenta comensales compartirán una Social Table concebida como un viaje emocional. El chef Javier Hoebeeck cocinará un menú secreto inspirado en los momentos más importantes de su vida. Nadie conocerá los platos hasta que lleguen a la mesa. En tiempos de sobreexposición, recuperar el factor sorpresa es, quizá, el mayor de los lujos.
Y para quienes buscan una experiencia irrepetible, Four Seasons propone cenas privadas que parecen sacadas de otra época: un jardín que evoca la luna de miel de Grace Kelly, una mesa entre viñedos, un picnic gourmet bajo los pinos o una película clásica al aire libre acompañada por una selección de vinos y bocados mediterráneos. Más que una cena, una escenografía cuidadosamente diseñada para que el recuerdo dure mucho más que la última copa.
Quizá esa sea la mayor virtud de esta nueva etapa.
Four Seasons no ha intentado reinventar Formentor. Ha entendido que los lugares con historia no necesitan empezar de cero. Solo encontrar nuevas maneras de emocionar.
Y en este caso, la emoción llega con el aroma de un pan recién horneado, el perfume de un aceite de oliva recién prensado, una copa de vino blanco frente al mar o un tomate que sabe exactamente al verano mallorquín.
Porque los mitos no solo sobreviven al paso del tiempo.
También saben evolucionar.
Y en Formentor esa evolución se sirve, literalmente, alrededor de una mesa.
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