
En una ciudad donde las propuestas suelen oscilar entre la solemnidad y el lujo, Granate Enoteca propone un camino distinto: convertir el vino en un ritual cotidiano. Ubicado en la colonia Cuauhtémoc, este espacio recupera el espíritu de las tradicionales barras españolas, donde una copa, un par de tapas y una buena conversación son suficientes para prolongar la tarde sin prisas.
Contaminación cruzada: el enemigo silencioso en las cocinas
El proyecto nació de la visión de Polo Luna, quien encontró inspiración en la cultura de los bares de tapas durante un viaje a España. El resultado es un lugar que prescinde de formalismos para privilegiar la cercanía, el descubrimiento y el placer de compartir. El propio nombre, Granate, hace referencia al tono que adquieren los vinos con el paso del tiempo, un símbolo de evolución y madurez que también refleja la filosofía del proyecto.

La carta reúne alrededor de 280 etiquetas provenientes de distintas regiones del mundo, con una presencia importante de vinos españoles y mexicanos, además de selecciones de Italia, Argentina, Alemania, Portugal y Austria. Uno de sus mayores aciertos es ofrecer gran parte de la selección tanto por botella como por copeo, una invitación a explorar diferentes estilos sin necesidad de comprometerse con una sola etiqueta. A esto se suman recomendaciones semanales que mantienen la propuesta en constante movimiento y despiertan la curiosidad de quienes regresan con frecuencia.
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La cocina acompaña esa filosofía con una propuesta de inspiración española pensada para compartir. Croquetas de jamón, boquerones, pulpo, calamares, tablas de quesos y embutidos, además de tapas de generosas proporciones, convierten la comida en mucho más que un acompañamiento del vino. Los fines de semana, la paella completa una oferta que busca reproducir el ambiente relajado de las tabernas ibéricas, donde la sobremesa suele extenderse tanto como la conversación.

Más allá de la selección de etiquetas, Granate apuesta por derribar la idea de que el vino exige conocimientos especializados. Aquí, el servicio está orientado a guiar sin intimidar, recomendando desde etiquetas clásicas hasta vinos naturales y propuestas menos convencionales, como ejemplares infusionados con té o vinos de producciones poco habituales. La intención es que cada visita se convierta en una oportunidad para descubrir nuevos sabores sin protocolos ni pretensiones.
Lo mejor es que en este wine bar el conocimiento de vino se va construyendo con actividades adicionales como catas, conversaciones con enólogos, presentaciones de nuevas etiquetas y otras alternativas en las que el público general puede convivir con productores o sommeliers. Además, se planean pop ups en donde la cocina de Granate conversa con otras propuestas culinarias, en la CDMX y otros estados de México.
Contaminación cruzada: el enemigo silencioso en las cocinas
En una escena gastronómica cada vez más interesada en el vino como parte de la experiencia culinaria, Granate Enoteca demuestra que una buena copa puede disfrutarse con la misma naturalidad que un café entre semana. Un espacio donde la hospitalidad, la buena mesa y la curiosidad por explorar nuevas etiquetas encuentran un punto de encuentro que invita, simplemente, a quedarse un rato más.
Granate Enoteca
Río Tigris 44, Cuauhtémoc, CDMX.
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