
En una zona donde la oferta gastronómica suele oscilar entre la formalidad y el lujo predecible, Bocagrande llega como un respiro inesperado. Más que un nuevo restaurante, el proyecto propone una actitud: vivir bien, sin solemnidad y con placer absoluto.
The Serras, Barcelona: lujo contemporáneo con vistas al Mediterráneo
Inspirado en el espíritu del restaurante homónimo de Barcelona, Bocagrande aterriza en México con una filosofía clara: el savoir vivre entendido como el arte de disfrutar cada momento. Aquí, la experiencia no comienza con el primer plato, sino desde que se cruza la puerta.

Un maximalismo que invita a descubrir
El espacio sorprende desde el inicio. Lejos del minimalismo dominante en Polanco, Bocagrande apuesta por un maximalismo cuidadosamente orquestado: una casa intervenida donde cada esquina parece contar una historia distinta.
La decoración mezcla galería de arte, iluminación difuminada y una atmósfera casi teatral. Una barra central marca el ritmo del lugar, mientras que una pequeña “capilla” de esencia barroca —coronada por un candelabro protagonista— añade un guiño irreverente y sofisticado. Estanterías, tapices, espejos y cuadros fueron intervenidos para transformar la arquitectura existente, conservando únicamente el mármol original como memoria del espacio.
El resultado es estimulante para quien observa con atención: siempre hay un detalle nuevo por descubrir.

Cocina española reinterpretada en Bocagrande
La propuesta culinaria parte de una base española conceptualizada, liderada por el chef Daniel Acosta, originario de Bogotá, cuya trayectoria incluye proyectos en Tulum, Santo Espíritu y restaurantes de alto perfil dentro del grupo Fisher’s.
La carta mantiene raíces mediterráneas, pero se presenta sin rigidez. El equipo privilegia la cercanía sobre la formalidad clásica: nada de meseros uniformados con saco blanco; el servicio es joven, relajado y participativo, pensado para que el comensal se sienta parte del lugar desde el primer momento.
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Ese espíritu también se refleja en la experiencia gastronómica. Las recomendaciones del personal funcionan como brújula ideal para navegar el menú.
Es casi obligatorio iniciar con una copa de cava —porque Barcelona está presente incluso en los pequeños rituales— antes de avanzar hacia una exqueixada de bacalao ahumado, un plato sutil cuya profundidad aparece gracias al ahumado, volviéndolo entrañable y memorable.
Las patatas bravas merecen mención aparte: sin miedo a exagerar, se colocan entre las mejores versiones de la ciudad, equilibrando textura crujiente, salsa intensa y precisión técnica.
La noche también se bebe
Si la cocina evoca el Mediterráneo, la coctelería mira hacia la noche.
El proyecto reúne a ocho mixólogos que construyen una barra dinámica y narrativa. Entre ellos destacan Esparta, proveniente de Handshake, y Grace —originaria de Bogotá y conocida por proyectos como Brujas y la apertura de Barra Lupe—, actual jefa de barra.
Cada cóctel cuenta una historia. Algunos recurren a técnicas contemporáneas como la clarificación, incluyendo uno completamente transparente que sorprende con sabor a guayaba, jugando con la expectativa del comensal entre apariencia y memoria gustativa.

Más que acompañamiento, la barra funciona como segundo escenario del restaurante.
Un ambiente sin rigidez en Bocagrande
Bocagrande busca conscientemente alejarse del protocolo tradicional de alta cocina. La energía recuerda más a zonas como Providencia en Guadalajara o a la Roma y Condesa en Ciudad de México: relajada, social y viva.
El staff —mayoritariamente joven— refuerza esta intención. La hospitalidad mediterránea se traduce en cercanía y naturalidad, creando un espacio donde la experiencia gastronómica se siente menos ceremonial y más emocional.
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El final perfecto
El cierre llega con uno de los grandes aciertos del menú: la pavlova con helado de pimienta rosa y fruta de temporada.

Incluso para quienes no suelen ser aficionados a este postre, la versión de Bocagrande encuentra un equilibrio notable entre la acidez natural de la fruta, el dulzor del merengue y el carácter láctico del helado. El resultado es un giro completo —un auténtico 360— que convierte el final de la comida en un recuerdo persistente.
Un refresh para Polanco
Bocagrande no solo abre un restaurante; introduce un nuevo ritmo dentro de la escena gastronómica de Polanco. Su propuesta combina diseño estimulante, cocina accesible pero refinada y una atmósfera donde el lujo no se mide por la formalidad, sino por la capacidad de disfrutar sin compromiso.
Un lugar para quedarse, alargar la sobremesa y recordar que, a veces, el verdadero lujo consiste simplemente en saber vivir bien.
Bocagrande
Av. Emilio Castelar 149, Polanco, Polanco III Secc, CDMX
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