
La cocina de Nicos se traslada temporalmente al sur de la capital mexicana con una colaboración especial en Rocasal, disponible hasta el próximo 31 de mayo. Más que una réplica o una sucursal, la iniciativa busca acercar algunos de los platillos más representativos del restaurante encabezado por el chef Gerardo Vázquez Lugo a nuevos comensales, bajo la misma filosofía de respeto al ingrediente, cocina con oficio y sostenibilidad.
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De acuerdo con la chef Atala Olmos, anfitriona de Rocasal, la colaboración nace del interés por acercar los sabores de Nicos al sur de la ciudad, permitiendo que los clientes del restaurante ubicado en el Pedregal puedan disfrutar de algunas de las recetas más emblemáticas de la cocina mexicana contemporánea sin desplazarse hasta Azcapotzalco, donde se encuentra el restaurante original.

La colaboración también pone sobre la mesa una visión compartida sobre la cocina: la búsqueda constante de ingredientes de calidad, el respeto por el producto y la construcción de equipos de trabajo más humanos y conscientes.
Entre los platillos que forman parte de esta propuesta destaca la tradicional sopa fría de natas, una receta familiar y conventual recuperada por Nicos. El platillo, cuya historia remite a la influencia francesa en la cocina mexicana de principios del siglo XX, está compuesto por capas similares a crepas, salsa de jitomate y natas obtenidas de la leche hervida. La preparación incorpora también piel de tomate, un gesto que sintetiza una de las filosofías más reconocibles de Nicos: el aprovechamiento integral de los ingredientes y la reducción del desperdicio en la cocina.
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Otro de los protagonistas del menú es la lengua en escabeche acompañada de tortillas elaboradas con distintos maíces criollos. Durante la presentación, Gerardo Vázquez Lugo habló sobre la importancia de preservar la diversidad de maíces mexicanos y de reconocer el valor gastronómico de variedades originarias como el zapallote de Tehuantepec o algunos maíces provenientes de los Valles Centrales de Oaxaca. A este plato le siguió un Michmole, receta tradicional del sur de México elaborada con jaiba suave, pesca y almeja chione.

El chef subrayó que, frente a la uniformidad de los maíces comerciales, los maíces criollos ofrecen sabores, texturas y características únicas que enriquecen preparaciones tradicionales como tortillas y tamales, además de representar un esfuerzo constante de conservación y búsqueda por parte de cocineros y productores.
La experiencia concluye con un postre de guayaba firmado por Atala Olmos, cerrando un menú que une las identidades de ambos restaurantes alrededor de una misma conversación: la cocina mexicana entendida desde el origen, la técnica y el respeto por el producto.
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Además de esta colaboración, Gerardo Vázquez Lugo adelantó que Nicos prepara la apertura de una nueva sede en Perisur, proyecto que mantendrá el mismo menú y esencia del restaurante original, marcando una nueva etapa para uno de los espacios más emblemáticos de la gastronomía mexicana contemporánea.

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