¿Puede un chef con estrella Michelin firmar un poke para el gran público sin renunciar a su identidad? Ricardo Sanz cree que sí

El cocinero, uno de los grandes referentes de la cocina japonesa en España, traslada por primera vez su filosofía gastronómica a un formato cotidiano de la mano de Healthy Poke. El primer capítulo de esta colaboración llega con Poke Natsu, una receta inspirada en el verano que inaugura una colección de cuatro creaciones estacionales.

Durante más de dos décadas, Ricardo Sanz ha demostrado que la alta cocina japonesa puede dialogar con el producto mediterráneo sin perder autenticidad. Su cocina, reconocida con una estrella Michelin y tres Soles Repsol, ha construido un lenguaje propio —el ya conocido japocañí— basado en una idea tan sencilla como difícil de ejecutar: que el producto sea siempre el protagonista.

Ahora, ese universo culinario abandona por primera vez el restaurante para instalarse en un formato mucho más cotidiano. El chef madrileño ha unido fuerzas con Healthy Poke para desarrollar una colección de cuatro recetas inspiradas en las estaciones del año, un proyecto que busca trasladar su manera de entender la cocina a uno de los platos que mejor representan la nueva forma de comer: fresca, equilibrada y pensada para el día a día.



Lejos de concebirse como una simple colaboración entre un cocinero y una cadena de restauración, la iniciativa plantea una reflexión interesante sobre la evolución de la gastronomía contemporánea. Durante años, la alta cocina parecía reservada al menú degustación y a las grandes ocasiones. Hoy, algunos chefs exploran nuevos formatos que les permiten llegar a un público más amplio sin renunciar a aquello que define su identidad culinaria.

El primer resultado de esa alianza se llama Poke Natsu, una receta concebida para el verano que toma como punto de partida el poke hawaiano y lo acerca al universo gastronómico de Ricardo Sanz mediante referencias a la cocina japonesa más tradicional.

Sobre una base de arroz, el plato combina salmón, edamame y tamago —la característica elaboración de huevo presente en buena parte del recetario nipón— junto a un crujiente de vegetales y un aderezo desarrollado por el propio chef para esta colaboración. El conjunto busca el equilibrio entre matices frescos, tostados y ligeramente picantes, sin perder de vista la máxima que ha guiado siempre la cocina de Sanz: intervenir lo justo para que el ingrediente conserve todo su protagonismo.

No es casual que el chef haya elegido el poke como punto de partida. En los últimos años, este plato de origen hawaiano ha evolucionado desde una tendencia pasajera hasta convertirse en uno de los grandes protagonistas de la restauración saludable. Su capacidad para adaptarse a nuevos ingredientes y lenguajes culinarios lo ha convertido en un lienzo sobre el que cocineros y restaurantes reinterpretan sabores de distintas culturas.

En este caso, Ricardo Sanz introduce guiños al donburi, el tradicional bol de arroz japonés, estableciendo un diálogo entre dos cocinas separadas por miles de kilómetros pero unidas por una misma filosofía: la importancia del producto fresco y el equilibrio de los sabores.

La colaboración no terminará con esta primera receta. Healthy Poke y Ricardo Sanz han diseñado un proyecto anual que dará lugar a cuatro creaciones exclusivas, una por cada estación, siguiendo el calendario gastronómico y la temporalidad de los ingredientes. Una forma de trasladar a un formato accesible una idea muy presente en la cocina japonesa: que cada estación tiene su propio sabor.

Más allá del lanzamiento de un nuevo plato, esta alianza refleja un cambio de tendencia que empieza a verse con frecuencia en la gastronomía internacional. Cada vez más cocineros de alta cocina buscan nuevas maneras de compartir su universo culinario fuera del restaurante, acercando su forma de entender el producto a propuestas más informales y cotidianas.

En el caso de Ricardo Sanz, el reto no consiste en sofisticar un poke, sino en demostrar que la esencia de un cocinero no depende del formato, sino de la mirada con la que interpreta cada ingrediente. Porque, ya sea en un menú degustación o en un bol pensado para el día a día, la verdadera firma de un chef nunca está en el recipiente, sino en la manera de entender el producto.

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