En la segunda mitad de 2020 y en un contexto donde miles de negocios estuvieron afectados por la pandemia, Gerardo Velasco y Ramón González cerraron su restaurante en CDMX y rentaron un local al aire libre en el pueblo de Avándaro. Deportados es un oasis para los carnívoros empedernidos que buscan un barbecue auténtico con cocina de humo.

El nombre hace referencia a aquellos que por diversas razones se vieron obligados a dejar suelo norteamericano. De hecho, cobijan a aquellos que se encuentran en esa situación, dándoles trabajo. Sus preparaciones se basan en la técnica texana que los chefs perfeccionaron durante los últimos ocho años. Pues si de algo se consideran expertos, es de la cocción lenta de sus cortes, lo que resulta en proteínas sumamente jugosas que se desprenden del hueso, como si fueran mantequilla. La magia se la atribuyen a lo que llaman La bestia: un horno hecho a la medida con un sistema de rotación automático.

Entre los platillos obligados está el brontosaurio –costilla de res cocinada por más de nueve horas–, el brisket con el contorno perfectamente rosado, la costilla de cerdo ahumada durante cinco horas y la hamburguesa double cheese. Dentro de sus sides están las corn ribs: tiritas de elote amarillo frito con especias que simulan un costillar, el puré de papa con gravy hecho en casa y la coliflor ahumada que preparan con chiles y limón Eureka. Para un final feliz y muy dulce está el pastel de churro con helado artesanal de canela o dulce de leche. Deportados BBQ cumple con su cometido: te deja con una sonrisa de oreja a oreja y ganas de volver.