Hay lugares cuya historia parece haber sido escrita para convivir con el paisaje. Rodeada por bosques y un lago artificial que durante siglos alimentó los campos agrícolas de la región, la Ex Hacienda de Chautla vive una nueva etapa de la mano de Wyndham Hotels & Resorts, que ha transformado el antiguo complejo en un refugio donde la arquitectura, el arte y la gastronomía dialogan con uno de los escenarios más singulares de Puebla.
¿Dónde comer, beber y hospedarse en Puebla?
Reabierto en octubre pasado bajo la marca Trademark Collection by Wyndham, el hotel Ex Hacienda de Chautla ha emprendido un proceso de renovación que busca acercar los estándares de la hospitalidad contemporánea a un inmueble profundamente ligado a la historia poblana. El proyecto inició con 30 habitaciones y actualmente avanza hacia una expansión que alcanzará las 59 llaves.

Lejos de las propuestas hoteleras estandarizadas, aquí cada habitación posee una personalidad distinta. Ninguna es igual a otra. La intención ha sido conservar el carácter histórico del inmueble y complementarlo con una colección de elementos que reflejan la identidad artística y artesanal del estado. Desde una cocina revestida con talavera y el tradicional mural de San Pascual Bailón hasta piezas del taller Talavera Uriarte —el más antiguo y emblemático de Puebla— y obras del artista boliviano radicado en la entidad José Bayro, el recorrido por los espacios revela una sensibilidad que mira tanto al pasado como al presente.
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La experiencia también se extiende hacia los jardines, la alberca climatizada –en construcción–, el spa y los espacios destinados a eventos, todo ello rodeado por el entorno natural que distingue a la antigua hacienda y que convierte al hotel en una puerta de entrada hacia algunos de los atractivos más representativos de la región.
Pero quizás uno de los cambios más interesantes de esta nueva etapa se encuentra en la cocina.
Al frente del restaurante Magueyana se encuentra la chef Rosario Monez, quien ha desarrollado una propuesta basada en la cocina mexicana con una marcada influencia poblana. Más allá de reinterpretar recetas tradicionales, la cocinera apuesta por una cocina de producto y por sabores que dialogan con la identidad culinaria de la región. El restaurante, abierto durante todo el día, se ha convertido en uno de los ejes de la experiencia del hotel y en un punto de encuentro para huéspedes y visitantes.
La cocina mexicana encuentra aquí un escenario privilegiado. Los amplios jardines y la tranquilidad que rodea al antiguo casco de la hacienda contribuyen a crear una atmósfera pausada, donde la mesa adquiere un papel central.

Un diálogo gastronómico entre Puebla y España
En el marco de esta nueva etapa, el hotel presentó el Festival de España, una iniciativa que sirvió como punto de partida para una colaboración culinaria con el chef Bosco Benítez Ruiz Del Pozo del restaurante La Cochera del Abuelo, cuya propuesta permanecerá disponible en Magueyana hasta el próximo 15 de julio.
La participación del cocinero español responde a una filosofía que busca convertir al hotel en un espacio de intercambio cultural y gastronómico. Durante su visita, Benítez trabajó con ingredientes locales para reinterpretar algunos de los sabores más representativos de distintas regiones españolas.
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El menú comienza con un ajo blanco con tartar de gamba, fresa y pepitas de calabaza fritas, una preparación que hunde sus raíces en el moretum –crema o pasta para untar– romano y que, tras la influencia árabe en Al-Ándalus, evolucionó hasta convertirse en una de las sopas frías más emblemáticas de Málaga. Tradicionalmente, los agricultores andaluces la llevaban consigo al campo durante el verano como una forma de combatir el calor.
El segundo tiempo está protagonizado por un atún a la plancha en escabeche acompañado por pipirrana elaborada con tomatillos mexicanos, cilantro y lima. El plato refleja la estrecha relación que la cocina gaditana mantiene con el mar y el interés del chef por establecer puentes entre los sabores de Andalucía y los ingredientes mexicanos.

La propuesta continúa con un rib eye al grill con berenjenas asadas, demi-glace y una versión más ligera y emulsionada del clásico puré Robuchon. Entre los elementos que más llamaron la atención del chef durante su estancia en México se encuentran la verdolaga —presente también en el campo andaluz— y la hoja de chícharo, ingrediente que decidió incorporar a su repertorio.
El recorrido concluye con dos clásicos de la repostería española: una tarta de queso inspirada en la célebre receta de La Viña, en San Sebastián, acompañada por coulis de cereza, y una crema catalana aromatizada con azafrán.
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La experiencia es acompañada por una selección de vinos de Rioja presentada por el sommelier mexicano Marco Antonio Garzón. Durante la cena, el especialista recordó la importancia de Rioja dentro del panorama vitivinícola internacional, al ser la primera denominación de origen de España y una de las regiones más influyentes del país.
Más allá del menú, la colaboración con Bosco Benítez evidencia la intención del hotel por construir una agenda gastronómica capaz de enriquecer la experiencia de quienes llegan hasta Chautla en busca de descanso, patrimonio y buena mesa.

El Castillo Gillow: una postal con vocación agrícola
A unos pasos del hotel se levanta uno de los símbolos más reconocibles de Puebla. Rodeado por un lago artificial construido para abastecer los campos de cultivo de la antigua hacienda, el Castillo Gillow se ha convertido en una de las imágenes más emblemáticas de Chautla y en escenario de películas y producciones televisivas.
Pese a su apariencia romántica inspirada en la arquitectura europea, el inmueble nunca fue concebido como residencia aristocrática. Su función original fue albergar la escuela de agricultura impulsada por la familia Gillow, una iniciativa pionera para la formación de especialistas en las labores del campo.
El castillo forma parte del parque de la Ex Hacienda de Chautla, propiedad del Gobierno del Estado de Puebla, y puede visitarse mediante recorridos guiados encabezados por especialistas que profundizan en la historia del complejo, el sistema hidráulico que dio vida a la hacienda y la relevancia económica y social que tuvo este enclave agrícola durante el siglo XIX y principios del XX. La experiencia permite comprender por qué este sitio, más allá de su belleza escénica, constituye uno de los capítulos más singulares del patrimonio histórico poblano.

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