¿Por qué no hervir la pasta de la lasaña?

Nada mejor que una lasaña al dente y repleta de queso.
lasaña

La solución para que cuando coines lasaña no termines con láminas de pasta pegadas unas a al sacarlas de la olla, o simplemente se rompan al tratar de acomodarlas en el molde es mucho más simple de lo que imaginas: no hiervas la pasta antes.

De esta manera la pasta se cuece en la salsa y la textura no se ve afectada, de hecho estará mejor y al dente (pero ayúdate de un palillo para checar que esté lista antes de sacarla del horno).

¿Por qué es mejor hacerlo de esta manera?

Ahorrarás tiempo, no tendrás que esperar a hierva y luego hornearla.

No lavarás tantos platos y utensilios.

La pasta de lasaña es muy delgada y se cocerá muy bien con el jugo de la salsa de jitomate.

El resultado será una pasta al dente.

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¿Cómo hacerlo?

1. Coloca en un molde mediano un poco de mantequilla para que no se pegue nada, después añade una cucharada de salsa de tomate (asegúrate que no esté muy líquida, pero que sí tenga suficiente jugo para cocer la pasta)

2. Coloca las láminas de pasta seca (así como viene en la caja) sobre la salsa, de manera vertical.

3. Agrega queso ricotta entre capa y capa, para conseguir más cremosidad.

4. Repite el mismo orden hasta que el molde esté lleno. Finaliza con mozarella y un poco de queso parmesano rallado y hornea.