La riqueza y variedad cultural del Medio Oriente se sienta a la mesa en el pequeño local de Gulí Hagadol –que se jacta de ser el único en la Ciudad de México– donde sirven platillos de Irak, Líbano, Yemen, Egipto y Marruecos para compartir al centro de la mesa.

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La selección de aperitivos es la mejor forma de abrir boca: una selección que incluye los clásicos como el hummus, el baba ghanoush o la ensalada israelí y otros, mucho más interesantes, como el mango encurtido y ligeramente picante (que bien podría competir con los mangos del parque), el mama ganoush (un baba ganoush de betabel) y la ensalada de col agridulce que ayuda a dejar de lado las fuertes especias de algunos de sus compañeros de mesa.

gulí hagadol
Juan Pablo Tavera

Si bien la primer parte de la comida te lleva de viaje, las piezas de resistencia del menú, como la shakshuka y el kebab, le quedan algo cortas en sabor, principalmente por un tema de sazón. Aunque otros platos fuertes como los higaditos de pollo encebollados —de cocción lenta y tan suaves que se deshacen en la boca— con arroz y lentejas y el falafel compensan esta falla con notas marcadas a especias y perejil.

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La comida aquí tiene un toque familiar y casero, probablemente debido a que el concepto no fue creado por un cocinero profesional sino por uno amateur, el exmilitar israelí Gulí Dabas, apasionado de la gastronomía y las historias que la envuelven. Sus abuelos se dedicaban a elaborar y vender miel de dátil con la misma receta que ahora utiliza en el restaurante. La puedes probar en su postre manjar del desierto que lleva helado de vainilla, tahine y halva (un dulce elaborado con pasta de sémola). Después de la comilona, un café turco con ankar será el digestivo que te ayudará a seguir con tu día.