
En una Ciudad de México donde constantemente surgen nuevos restaurantes, destacar va más allá de abrir un espacio atractivo o seguir las tendencias del momento. En medio de una oferta que con frecuencia responde a modelos de negocio efímeros, son pocos los proyectos que nacen de una convicción personal. Templo pertenece a esa categoría: un restaurante construido a partir de la pasión por reunir gastronomía, música y memoria en una experiencia que encuentra su identidad en las raíces de quienes lo crearon.
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Después de comenzar en 2022 como una marisquería speakeasy ubicada en un antiguo edificio del Centro Histórico, el proyecto inicia una nueva etapa con la apertura de su espacio en Colima 55, Roma Norte. Aunque cambia de dirección, mantiene intacta la esencia que lo convirtió en un sitio de culto para quienes buscaban una propuesta donde la cocina, la barra y la música dialogaran de forma natural.

Una cocina que parte del producto y la memoria
La cocina de Templo encuentra su identidad en el producto fresco y de temporada. El menú, encabezado por la chef Alina Mendoza, originaria del Estado de México, se especializa en preparaciones crudas y marinadas elaboradas con pescados, mariscos y vegetales, reinterpretando recetas como el aguachile y el ceviche desde una mirada contemporánea.
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Las influencias provienen de distintas regiones costeras del país, especialmente Oaxaca, Guerrero y Ensenada, mientras que ingredientes y sabores del altiplano central complementan una propuesta que privilegia el producto local y una ejecución precisa. El resultado es una cocina honesta, bien lograda y sin excesos, donde cada plato busca contar parte de la historia de sus fundadores.

Una barra breve, pero con identidad
La propuesta líquida sigue la misma filosofía. La barra reúne una selección de cerveza artesanal, vino mexicano, mezcal y coctelería clásica, pensada para acompañar la cocina de mar sin competir con ella.
Más que ofrecer una carta extensa, Templo apuesta por una curaduría que evoluciona con la temporada y las colaboraciones, privilegiando etiquetas y destilados que dialogan con la identidad del proyecto.

La música como un ingrediente más
En Templo la música no funciona como un simple fondo ambiental. La selección sonora, a cargo de DJs residentes e invitados, forma parte de la experiencia desde que se cruza la puerta.
Cada sesión está pensada para acompañar el ritmo del servicio y reforzar la atmósfera del espacio, convirtiendo el sonido en un elemento tan importante como la cocina o la barra. El resultado es un ambiente íntimo donde gastronomía y música se complementan de forma orgánica.

Qué pedir en Templo
La carta invita a compartir, pero hay algunos platillos que permiten entender rápidamente la personalidad de la cocina.
Para comenzar, las pescadillas y el guacamole son una combinación que vale la pena pedir al centro de la mesa. Si se acompañan con un clamato preparado, ofrecen una primera impresión clara de la esencia de Templo: sabores frescos, bien ejecutados y sin complicaciones innecesarias.

Entre los platos principales, cualquiera de los aguachiles es una buena elección, pero el aguachile tatemado destaca por encima del resto. El equilibrio entre la acidez, el picor y las notas ahumadas da como resultado un plato profundo, con personalidad y una intensidad que nunca pierde balance.

Para maridar, la recomendación es Zafado Rosado, un vino natural elaborado en Los Altos de Jalisco. Su frescura, acidez y perfil ligero acompañan especialmente bien la cocina de mar, mientras que su filosofía de producción se alinea con la visión de Templo de privilegiar proyectos mexicanos con identidad y una estrecha relación con el producto.
Alterna: cocina global y el placer de compartir
Un restaurante que encuentra su fuerza en la coherencia
En una escena gastronómica donde las aperturas son constantes, Templo demuestra que una propuesta memorable no depende únicamente de una buena cocina, sino de la coherencia entre todos los elementos que la conforman. La calidad del producto, una barra cuidadosamente seleccionada y una curaduría musical que acompaña cada momento construyen una experiencia que se siente auténtica.

Más que un nuevo restaurante en la Roma Norte, Templo es un espacio donde el sabor, la música y la memoria encuentran un punto de encuentro. Una propuesta que invita a quedarse y que recuerda que, cuando un proyecto nace de una convicción genuina, esa autenticidad también termina por sentirse en la mesa.
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