En el silencio verde del valle de Atxondo, donde el aire parece más limpio que el pensamiento, existe un lugar que no se presenta como restaurante sino como refugio: Txispa. Una casa de piedra antigua, rodeada de huertos, bosques densos y montañas que observan en calma, como si el paisaje también supiera que allí ocurre algo irrepetible.
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Llegar hasta allí se siente como entrar en una idea que ha ido madurando con el tiempo. Dentro, el fuego marca el ritmo de una cocina que respira entre tradición y sensibilidad contemporánea.
El responsable de esta visión es el chef japonés Tetsuro Maeda, quien tras una década de aprendizaje junto al maestro del fuego Bittor Arginzoniz en el legendario Etxebarri, decidió construir un lenguaje propio. Su cocina interpreta, traduce y reinventa.

En Txispa, la tierra es parte esencial del relato. Un huerto de una hectárea abastece gran parte de los vegetales, cultivados con compost generado a partir de los propios restos de la cocina. El ciclo se completa con naturalidad: lo que nace del plato vuelve a la tierra, y lo que la tierra ofrece regresa al plato con una coherencia casi poética.
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Incluso los restos encuentran una segunda vida. A través de procesos de fermentación lenta, ingredientes como el miso o la soja surgen desde la paciencia y la observación, integrando técnicas japonesas con producto vasco en un diálogo continuo entre culturas.

El reconocimiento internacional ha llegado acompañado de respeto y admiración. Txispa cuenta con una estrella Michelin, un Sol Repsol y ocupa el puesto 85 en The World’s 50 Best Restaurants. La guía lo describe como una propuesta en evolución constante, guiada por la estacionalidad y la excelencia del producto.
Nuestra experiencia comenzó al aire libre, ya que el clima estuvo precioso, con pequeños bocados que abren el recorrido gastronómico. Después, el viaje continuo en la cocina, donde el fuego actúa como hilo conductor, y finalmente en el comedor, un espacio sereno donde cada plato se presenta con claridad y precisión, acompañado de una narrativa que ayuda a comprender su origen y su intención.
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Todo en Txispa fluye con una armonía que parece natural: el paisaje, el fuego, el huerto y la mesa comparten un mismo pulso. El tiempo adquiere otra textura, más suave, más consciente, como si cada instante encontrara su lugar exacto.
Salir de allí deja una sensación sutil de equilibrio. El recuerdo del humo, la madera y el paisaje permanece, como una invitación a mirar la cocina —y quizá también el mundo— con una atención más profunda y serena.

Txispa
San Juan Auzoa, 45, 48291 Apatamonasterio, Bizkaia, España.
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