
Cuando el Cabildo de Tenerife decidió apostar por la reapertura de uno de los símbolos hoteleros por excelencia de la isla, el Gran Hotel Taoro —cuya gestión corre a cargo de la cadena hotelera My Way Hotels & Resorts, que, junto con el hotel Mencey gestionado por la cadena Iberostar, forma parte del patrimonio histórico de titularidad pública más importante y prestigioso de toda Canarias—, su vicepresidente Lope Afonso aseguró que dicho proyecto, hoy hecho una realidad incuestionable, «serviría como una oportunidad para revitalizar la economía local, fomentar la inversión en Tenerife y fortalecer la identidad cultural del Puerto de la Cruz».
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El primer hotel de lujo de España
Eran demasiados años consumidos por un injusto abandono. No olvidemos que el Gran Hotel Taoro, inaugurado el 22 de diciembre de 1890, se convirtió en el primer hotel de lujo de España y pionero de un turismo de salud y bienestar. De hecho, la mayoría de los turistas que recibía —alemanes y británicos— buscaban un clima benigno que les ayudara en sus respectivas dolencias crónicas, principalmente relacionadas con enfermedades respiratorias o reumáticas.
Refugio de élites y de escritores
Aunque también eran muchos los que buscaban paz y tranquilidad para sus agitadas existencias; así lo buscaron también grandes escritores, artistas, científicos e intelectuales de la época, que encontraban en el hotel un refugio para el equilibrio emocional y psicológico. En efecto, el Gran Hotel Taoro se convirtió en un destino para las élites europeas: en 1900 alojó a los duques de kent y en 1906 al rey Alfonso XIII, y durante unos meses —a principios de 1927— a la célebre escritora británica Agatha Christie, quien se refugió en el hotel junto a su hija y una secretaria, no solo escapando de un posible bloqueo creativo, sino huyendo de una profunda crisis emocional. Dicha estancia le sirvió para terminar de escribir su novela: El misterio del tren azul. También redactó dos relatos que más tarde conformarían El enigmático señor Quin.
Casi cincuenta años de olvido

Por fin, en 2019 se adjudicó el proyecto a la empresa Tropical Turística Canaria y, tras una inversión entorno a los 50 millones de euros —15 millones aportados por el Cabildo—, logró reabrir sus puertas hace solo unos meses, el 13 de marzo de 2026, casi cincuenta años después de permanecer en la degradación y el olvido. Pero todo el mundo reconoce que la espera ha valido la pena, pues el resultado es un hotel moderno donde un lujo con personalidad convive no solo con una arquitectura y elegancia históricas—un diseño ecléctico de estilo neoclásico-masónico del francés Adolphe Coquet—, sino con las nuevas tecnologías al servicio de la ecología y la sostenibilidad.
Un hotel con vocación de isla
Su director general, el portuense Gustavo Escobar, cuya trayectoria al frente de los mejores hoteles de la isla —viene de dirigir el Hotel Botánico— lo acredita como profundo conocedor del destino y del sector turístico, ha declarado que el hotel «se posiciona como un referente no solo por su historia y legado, sino también por su capacidad para transmitir la identidad de la isla a través de una oferta turística de excelencia discreta donde el trabajo duro busca la perfección. El Gran Hotel Taoro pretende ser un lugar de encuentro abierto a la sociedad en general y a la local en particular».
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Bienestar y alta cocina
Durante estos meses el hotel ha sumado dos nuevas propuestas para sus clientes e invitados donde se ha puesto de manifiesto esa vocación por el bienestar del cliente, el esmero y cuidado por la salud y la excelencia gastronómica. Por una parte, inauguraron el Wellness Center —lo que la directora de márquetin y comunicaciones, María Román, define como el «santuario de la serenidad»—, donde el enfoque holístico más selecto se dispone al servicio de los clientes más exigentes.

Y, por otra parte, el Gran Hotel Taoro, que dispone de varios restaurantes de prestigio —el OKA, con una cocina fusión japo-mediterránea liderado por Ricardo Sanz (una estrella Michelín y tres soles Repsol vinculados a su trayectoria en el Wellington); el LAVA, un espacio íntimo y diferente que ofrece una cocina de autor; y el Amalur, un bistró gourmet sofisticado, ambos dirigidos por el prestigioso chef Erlantz Gorostiza (dos estrellas Michelín y dos soles Repsol acreditados en su etapa en el restaurante M.B. del Ritz–Carlton Abama)—, han servido como marco incomparable para acoger un evento gastronómico que se enmarca dentro del VIII Encuentro de los Mares promovido por el Cabildo de Tenerife.
El mar como protagonista
En dicho encuentro se dieron cita grandes maestros de la restauración que pusieron en común sus visiones gastronómicas en torno a un único elemento: el mar y la apuesta por los productos de kilómetro cero, que implica no solo utilizar productos frescos y de calidad, sino apoyar la sostenibilidad, la tradición y el comercio local tinerfeño.

De hecho, y para el Día de Canarias, el Gran Hoyel Taoro «invitó» a celebrarlo en su restaurante Amalur donde el chef Erlantz Gorostiza —capaz como nadie de llevar a cabo la alquimia perfecta entre técnica, emoción, ciencia y narrativa— elaboró un menú de degustación inspirado en el producto canario.
Un éxito colectivo
El éxito de uno es, en definitiva, el éxito colectivo que engrandece y fortalece a la comunidad.
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