Donaire ¡Pasteleros al mando!

Un pastelero al frente de una cocina gastronómica con estrella Michelin. No es un recurso narrativo: es exactamente lo que ocurre en Donaire, en Tenerife. Y ahí empieza todo.

Un hotel que decide jugar en serio

En Costa Adeje, el hotel GF Victoria (5 estrellas GL) se ha convertido en uno de los proyectos más ambiciosos del sur de la isla. Arquitectura contemporánea, terrazas abiertas al Atlántico, piscinas y jardines que invitan a bajar el ritmo. Un resort pensado para disfrutar —también en familia— sin renunciar a nada. Pero hay algo más. Aquí la gastronomía no está de paso.

Detrás está el Grupo Fedola, propiedad de la familia López. Su fundador, Antonio López Arvelo, empezó como agricultor y supo ver antes que muchos hacia dónde iba el turismo en Canarias. Ese equilibrio entre tierra y visión sigue marcando el rumbo del grupo.

Hoy, esa mirada continúa en Victoria López Fuentes, presidenta y figura clave en esta nueva etapa. Su apuesta ha sido clara: convertir la gastronomía en uno de los ejes del proyecto. Y hacerlo sin fórmulas fáciles.



Donaire nace ahí. Como una decisión poco evidente. Un restaurante gastronómico, 24 comensales, vistas al océano. Sin grandes fichajes. Sin nombres de fuera. Apostando por lo que ya tenían dentro.

Interior del restaurante Donaire

La decisión que lo cambia todo

Jesús Camacho llega en 2017 como pastelero. Un año después, el chef se marcha. Y entonces ocurre lo interesante.

En lugar de buscar un relevo externo, Victoria López Fuentes toma una decisión poco habitual: darle las riendas a él. Un pastelero. Al frente de una cocina gastronómica. La apuesta tenía riesgo. También tenía sentido.

Formado en alta pastelería con nombres como Jordi Butrón, Oriol Balaguer o Frederic Bau, Camacho trabaja desde la precisión extrema, el control y una forma muy concreta de entender el proceso. Justo lo que Donaire necesitaba para construir algo propio. El equipo lo deja claro: cuatro pasteleros y un solo cocinero de salado.

El resultado llega en 2024: una estrella Michelin. Sin atajos.

Jesús Camacho

Una cocina que no se parece a nada

En Donaire no se busca trasladar lo dulce al salado. La idea es otra: utilizar herramientas y técnicas de la pastelería para abrir caminos distintos.

El recorrido comienza con una serie de bocados donde ya se intuye el lenguaje de la casa. Un rosquete de millo líquido que juega con la memoria y la textura; una sardina ahumada con mojo verde y batata que conecta tradición y precisión; o una cebolla de Guayonje texturizada con wakame y mayonesa coreana.

Rosquete de millo

Hay momentos especialmente afinados, como el pan aéreo con helado de levadura y caviar Osetra, ligero y salino, casi etéreo, o los tomates canarios reinterpretados, convertidos en una expresión delicada que mantiene el sabor pero desmonta la forma.

A medida que avanza el menú, aparecen platos que consolidan ese discurso. El choux de atún con mojo rojo, papa negra y maní funciona como un guiño local llevado a otro terreno. La remolacha con vinagre “macho”, lubina Aquanaria y chantilly de cabra aporta profundidad y equilibrio. Y el camarón con garbanzas y alga nori introduce un juego marino más directo.

Incluso elaboraciones aparentemente más contundentes, como la panceta de cerdo con demi-glace de verduras, romesco de zanahoria y mostaza, mantienen esa línea de precisión y control. Nada se desborda.

Y luego está el giro final. Porque aquí el dulce no es un cierre convencional, sino una extensión natural del discurso. Un Pad Thai reinterpretado en clave dulce, con chocolate blanco, curry rojo y lima, descoloca y seduce a partes iguales. El Jardín efímero, cítrico y aromático, limpia y ordena. Y el Chocopig, con chocolate, plátano, maíz frito y jamón ibérico, resume perfectamente la filosofía de Camacho: técnica, contraste y un punto lúdico que nunca pierde elegancia.

Jardín efímero

La estética es parte fundamental del proceso. En pastelería, cada pieza compite en belleza desde una vitrina. Aquí ocurre algo similar: los platos se piensan también desde lo visual, con un nivel de detalle que se percibe desde el primer momento.

El menú —en dos versiones, Donaire y Victoria— permite recorrer este universo con distinta profundidad. Mientras tanto, el proyecto sigue creciendo. Camacho ya prepara Nómada, el nuevo restaurante del grupo en GF Fañabé, construido a partir de recuerdos de viaje y experiencias personales. Y el equipo acaba de poner en marcha una huerta propia, concebida como laboratorio: un espacio de I+D donde probar, ajustar y volver a empezar.

El verdadero giro

Donaire no encaja en un molde reconocible. Y ahí está su fuerza. No es un restaurante de autor al uso. Tampoco un ejercicio técnico sin emoción. Es el resultado de una decisión valiente: confiar en un perfil que no era el evidente y construir desde ahí.

A veces, cambiar las reglas no consiste en hacer más. Consiste en mirar desde otro sitio.

El otro ritmo del hotel

El hotel amplía la experiencia con otros formatos. Entre ellos, Scandal Dinner Show, uno de los grandes éxitos de la isla. Un cabaret contemporáneo, picante y muy divertido, donde la cena es solo el comienzo. A medida que avanza la noche, el público se suelta y la sala cambia de ritmo. Todo fluye: espectáculo, energía y una alegría que se contagia.