Cuando un extranjero viene a nuestro país, antes de probar cualquier cosa, suele preguntar: “¿pica mucho?” y nosotros (como mexicanos, que somos) contestamos, “pues… normal”.

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El chile es parte de nuestra alimentación y de nuestra vida diaria. Y aunque algunos no lo crean, existen razones específicas por las que nos gusta tanto:

Está científicamente comprobado

Según un estudio del Instituto Politécnico Nacional, el picante es “adictivo”. Ya que provoca una fuerte descarga de endorfinas, lo que causa una sensación placentera. Podría sonar masoquista pero es ciencia pura. Los efectos secundarios que produce en tu cerebro, es lo que te anima a comer más.

Es cultural

El chile, junto con el maíz y el frijol, fueron de la primeras especies domesticadas de todo Mesoamérica y desde tiempos prehispánicos era parte de nuestra alimentación.

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Lo comemos en todas partes

A medida que pasa el tiempo, lo ingerimos cada vez más y más. Ahora no nos limitamos a las salsas o platillos salados, es muy común encontrarlo en helados, pasteles y bebidas. De hecho, como mexicanos, nos resulta difícil imaginar platillos de otras culturas como el sushi, la pizza o las hamburguesas, sin picante.

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Es medicinal

Más allá de la tradición culinaria, el chile se utilizaba (y se sigue usando en varias regiones del país), para aliviar dolores como: la fatiga, rinitis y problemas reumatoides, gracias a su efecto analgésico.

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