
Bodegas Santiago Ruiz y la artista Carlota Pérez de Castro han explorado juntos el vínculo entre vino y arte y la posibilidad de inmortalizar las emociones alrededor de ambos. Todo empezó con la pregunta ¿cómo podemos expresar, más allá del propio vino, aquello que Santiago Ruiz hace sentir?
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Como resultado de esta búsqueda, la pintora ha creado dos obras abstractas tras su vivencia esta primavera en los viñedos y la bodega en Tomiño, Rías Baixas. Desde el primer momento, la emoción del color se impuso y fue el propio viñedo quien señaló el camino a seguir. Aunque inicialmente Carlota proyectaba una obra en tonos amarillos inspirada por el vino blanco, “se me llenó el cuerpo de un verde profundo al ver todos los viñedos… fue absolutamente inevitable que la obra fuera en esos tonos”.
El color rojo que inunda la bodega de Tomiño también impactó en Carlota. “Es un color que habla más de la elección de Rosa, de la elección de Santiago Ruiz… de pintar cada detalle de rojo. De una manera más o menos consciente, ellos han pintado de color rojo porque necesitaban, anhelaban el rojo rodeado de tanto verde”, explica. El resultado son dos piezas complementarias: una verde, expansiva como las parras que buscan la luz, y otra roja, inspirada en la tradición de la bodega de pintar sus puertas y bancos de ese color.

Con la colaboración Emociones que se brindan “queremos construir una experiencia donde arte, vino y emoción hablen de forma natural, humana e inspiradora”, afirmó Stefanie Schilling, Brand Manager de Santiago Ruiz. “En nuestra búsqueda para atrapar las emociones, cuando conocimos el universo artístico de Carlota entendimos inmediatamente que existía una conexión muy natural con nuestra marca. Su manera de trabajar las emociones, los colores y las expresiones humanas refleja perfectamente esa sensibilidad, auténtica y emocional que define a Santiago Ruiz”.
El acto creativo que une vino y arte
Carlota descubrió en bodega el componente artístico de la elaboración del vino. “Escuchando al enólogo Chema Ureta hablar de lo que es el vino… de los matices, de los aromas… es como si él estuviera hablando de mis cuadros y de mi pintura y de lo que yo pienso que es la creación”. Esta revelación la llevó a entender que tanto el arte como el vino son experiencias infinitas: “Cuanto más profundices en el vino, más te va a dar… es de la misma manera, igual de profundo, igual de infinito que el arte”.
Nuevas añadas, nuevas miradas: ocho vinos que marcan el momento
La artista también encontró una nueva dimensión del vino en su relación con el arte. Contemplar una obra “me alegra el día. Es belleza, en un estímulo visual. Tú puedes abrir un vino, tomarte una copa, brindar con tus amigas y decir qué rico, qué bien, pero es infinito, es en lo que tú quieras entrar, ¿no? Lo que tú quieras investigar dentro de esa obra o dentro de ese vino, todas las emociones que quieras volcar en ellas”.
Y el disfrute como punto de contacto. “Cuando recibo amigos en el estudio, servimos un vino y damos un paseo y conversamos sobre el arte con la copa en la mano. Hay una bonita relación. Creo que el vino viene desde un lugar de disfrute, desde el descanso también. Ese acto unido con el arte es precioso y la gente que llega aquí se abre. Es un momento muy íntimo”, concluye la artista.
Santiago Ruiz Loureiro 2025 inaugura la Colección Jardín de Variedades
Junto a las obras, se ha dado a conocer la nueva Colección Jardín de Variedades de Santiago Ruiz, cuyo primer vino lanzado en mayo es Loureiro 2025, elaborado en edición limitada a partir de una de las uvas autóctonas más delicadas de O Rosal.
Su creador, el enólogo Chema Ureta, resaltó la elegancia y delicadeza del vino: “Hablamos de flor blanca, de azahar, hablamos de cítricos frescos, hablamos de toques balsámicos como laurel y esa salinidad tan típica de los vinos de donde yo vengo, que es Galicia, que es el Atlántico, que es la salinidad que refresca tanto. Y es súper fluido en la boca, fresco, con un gran equilibrio, nos apetece beber otra vez”.

Jardín de Variedades es una colección de monovarietales que nace con el propósito de explorar el espíritu de Santiago Ruiz, vinificando por separado cada una de las variedades que forman parte de su histórico coupage, para descubrir la expresión más pura del terroir de O Rosal. Cada vino revela el carácter singular de una uva autóctona y la diversidad del viñedo atlántico: un jardín vivo donde la variedad cuenta su propia historia.
La nueva referencia de Santiago Ruiz tiene un tono amarillo alimonado con iridaciones verdosas, de gran brillo y limpidez. En nariz, resulta tremendamente aromático, elegante y delicado. Se detectan aromas de flores blancas, gardenia y azahar, con agradables recuerdos de hierbas frescas atlánticas y un ligero toque balsámico de laurel. En boca es delicado. Los aromas florales llenan el paladar y la sensación de frescura acompaña en un recorrido fluido y elegante. Tiene un precio de 20, 45 €.

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