La copa de champagne perfecta

El champagne es el vino perfecto para celebrar, y para todos los días. Aquí te decimos cómo servir la copa perfecta.
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El champagne francés, y vinos espumosos en general tales como los californianos, mexicanos, cavas o prosecco, siempre han sido símbolo de celebración: cumpleaños, aniversarios, bautizos, cenas navideñas… sin embargo, cada vez con mayor frecuencia forman parte de nuestras mesas a diario y, restaurantes de todo el mundo lo sirven por copa. Dicho esto, el espumoso se convierte en el nuevo protagonista del maridaje perfecto. De la temperatura del servicio y calidad de la copa dependerá en gran medida su apreciación y disfrute.

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Cuando llega el momento de servir el champagne es muy importante evitar cualquier movimiento brusco que pueda agitar su contenido. Se toma la botella por el cuerpo, nunca por el cuello, y se sirve delicadamente para no romper la burbuja, evitando sobrepasar los 2/3 de capacidad de la copa. La temperatura recomendada es entre los 5 ° y 7° para los jóvenes; y entre los 8° y 10° para los que tienen crianza. Debemos tener en cuenta que al servirlo la temperatura asciende uno o dos grados. Lo ideal es enfriarlo en una champanera con mitad de hielo y mitad de agua, como mínimo media hora antes de su consumo; aunque se puede acelerar el proceso añadiendo sal (en refrigerador requiere al menos tres horas).

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Empresas expertas en el diseño de cristalerías de calidad como RIEDEL tienen muy claro cómo debe ser la copa perfecta para tomarlo:

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“Una copa de champagnedebe absolutamente cristalina, cualidad alcanzable únicamente mediante el uso de insumos de primera calidad. Tal es el caso de la arena empleada para la elaboración de copas RIEDEL, que presenta el 95% de grado de pureza en su contenido de cuarzo. Este cuidado en la selección de materiales logra un resultado de insuperable calidad.

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Foto: Cortesía

La copa es soplada hasta obtener la máxima finura, adoptando la forma recomendada por los expertos productores de champagne, aquella que mejor acentúa las bondades de un gran espumoso. El ancho de la base y longitud del tallo constituyen la arquitectura de una copa, mientras que el diámetro de apertura influye directamente en el aroma y sabor percibidos.

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Es importante contar con un cáliz alto, permitiendo que la espuma del champagne se eleve sin llegar a derramarse. Gracias al diámetro cerrado en la parte superior, los sutiles aromas florales y minerales presentes en estos grandes vinos se conservan dentro de la copa para poder ser apreciados en todo momento. Los sabores frutales y la acidez se balancean con maestría para brindarnos una experiencia mucho más redonda y delicada. La forma de la copa permite percibir el líquido en las zonas adecuadas de nuestra lengua, mayor o menormente susceptibles a los sabores dulce, salado, ácido y amargo.

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El resultado debe ser un champagne fresco y floral pero con un bouquet sumamente elegante, complejo, acentuando su importante carácter mineral y balanceando las notas de pastelería propias del contacto con las levaduras”.

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