
Entre 2025 y 2026, de forma acelerada, estamos presenciando una transformación profunda en la relación de la sociedad con las bebidas y con la socialización alrededor de su consumo. No se trata sólo de reglas más estrictas o de campañas de concientización: hay una reconfiguración cultural que pone al bienestar físico y mental en el centro del consumo en ámbitos sociales.
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Un indicador clave de ese cambio es el auge de las bebidas sin o con muy bajo contenido alcohólico en el mercado. En países como México, el consumo de cerveza sin alcohol crece a un ritmo aproximado de 30 por ciento al año y forma parte de un importante segmento que parece seguir expandiéndose globalmente. Estudios de Euromonitor muestran incrementos de 62 por ciento durante la última década en esta categoría; y en España, la cerveza 0,0 ya representa alrededor del 14 por ciento del total en el mercado cervecero, con un crecimiento sostenido de los productos sin graduación alcohólica.
Parte de este fenómeno responde a un movimiento sociocultural conocido como sober-curious: consumidores que optan por reducir o eliminar el alcohol no por esnobismo, sino por mejorar su salud física y mental. En Estados Unidos, por ejemplo, sólo la mitad de los adultos reportan consumir alcohol de forma habitual, una cifra que va en descenso. Las preocupaciones sobre el riesgo de enfermedades crónicas, así como múltiples tipos de cáncer, son factores que influyen en estas decisiones.

Mocktails, kombucha y la bebida como ritual, no como forma de intoxicación
Las cartas de bares y restaurantes reflejan claramente esta tendencia: los mocktails —cócteles sin alcohol sofisticados a menudo con ingredientes funcionales y bajos en azúcar—, ya no son una curiosidad, sino una categoría en expansión con innovación constante. Informes recientes sitúan al mercado global de bebidas sin alcohol en crecimiento con adaptógenos, perfiles botánicos y ofertas artesanales que compiten en sofisticación con cócteles tradicionales.
De forma paralela, productos como la kombucha —fermentado con probióticos que promete aportar al bienestar intestinal—, han encontrado un espacio en la coctelería y el consumo diario, vinculando hidratación y salud con experiencias sensoriales más complejas.
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Generaciones y motivaciones: quién está impulsando el cambio
Las generaciones más jóvenes —especialmente la Gen Z y Millennial— están al frente de esta transición, aunque con algunos matices. Encuestas sugieren que más del 60 por ciento de los jóvenes están abiertos a opciones sin o con poco alcohol, y muchos combinan bebidas funcionales con un estilo de vida activo. Sin embargo, persiste cierta presión social para consumir alcohol en algunos contextos, mostrando que la transformación está en marcha pero no exenta de tensiones, sobre todo desde las campañas publicitarias de las marcas que buscan atraer a este nuevo público.
Las generaciones anteriores, por otro lado, optan en muchos casos por moderar más que eliminar, eligiendo cervezas sin alcohol o vinos de baja graduación para sostener sus hábitos sociales sin los efectos de la intoxicación.

La paradoja psicotrópica: nuevas sustancias y experiencias
Junto a esta tendencia de moderación hay señales de interés creciente por sustancias psicotrópicas no convencionales, especialmente en grupos jóvenes. Aunque el consumo de alcohol disminuye, hay indicios de que parte del público busca experiencias que alteren el estado de consciencia de formas distintas, desde bebidas con CBD hasta discusiones sobre microdosis de compuestos psicodélicos en espacios de bienestar. Estos fenómenos aún están lejos de ser mainstream y enfrentan regulaciones y debates éticos y sanitarios, pero representan una bifurcación en la manera en que las sociedades exploran el efecto del consumo sobre el cuerpo y la mente.
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Un mercado en auge
El mercado de bebidas sin alcohol incluye cerveza, mocktails, kombucha, bebidas con CBD y seltzers, todos con participación significativa en el consumo global sin alcohol. En Estados Unidos, una proporción considerable de gen Z no consume alcohol —21.5 por ciento— o lo hace sólo ocasionalmente —39 por ciento—, motivados por sus implicaciones en la salud y bienestar entre las principales razones.
Encuestas apuntan a una disminución del interés por el alcohol entre generaciones más jóvenes, con tendencias hacia el consumo de otras sustancias o experiencias —como bebidas con THC—, aunque no son datos comprobados.

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