Crónicas de los Placeres: La Bienvenida

Paola Norman nos cuenta los detalles sobre su última visita a Nueva York
Crónicas de los Placeres: La Bienvenida

Nueva York, esa ciudad que se mete por los poros muy profundo y desde el primer momento. La que siempre espera y recibe sabiendo bien que al llegar ya no habrá vuelta atrás. La que enamora como debe ser: sin sigilo ni medias tintas; a la que la vida no le alcanza para devorarse toda y con todos los sentidos.

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Capítulo 1. La Bienvenida.

Uno de los restaurantes más emblemáticos de Nueva York en uno de los sitios más icónicos del mundo: Grand Central Oyster Bar & Restaurant en Grand Central Station, el cual abrió sus puertas en 1913, mismo año en que esta imponente estación comenzó a operar, convirtiéndolo así en uno de los restaurantes más longevos de Manhattan. 

Foto: Paola Norman
Foto: Paola Norman

El aperitivo.

Main Concourse, el vestíbulo de la estación de trenes más grande del mundo vigilado por las cuatro caras del Ball Clock -una obra maestra de la mecánica, el reloj al que nunca se le hace tarde -, la danza de la gente en sus andenes bajo sus elegantes e imponentes bóvedas estrelladas y los secretos recorriendo su Whispering Gallery.

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El plato fuerte.

Un enorme arco enmarcando la bienvenida al oyster bar más famoso de NYC, el restaurante con uno de los menús de mariscos más amplios y frescos de la ciudad con más de una veintena de pescados distintos, treinta variedades de ostras y su reconocida y galardonada carta de vinos con más de ochenta etiquetas que se ofrecen por copeo. 

Un lugar tan lleno de magia como de sencillez. Servicio relajado y cercano, mesas de madera con manteles de tela a cuadros, sus modestas barras con sillas tapizadas en vinil blanco y menús de papel que la hacen de manteleta. La maestría de los ostreros abriendo las conchas, la música de las ostras resonando en los platos, las copas brindando, las pláticas y las risas viajando por sus techos abovedados.

Crónicas de los Placeres: La Bienvenida
Foto: Paola Norman

Clam chowder, un suntuoso plato de ostras y langosta fresca. Todo alrededor diciendo en voz alta ¡esto es Nueva York! 

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El digestivo.

The Campbell Apartment, un bar escondido en la Gran Estación Central considerado como uno de los mejores y más exclusivos de la Unión Americana no solo por su coctelería sino por la historia que sus paredes custodian y la exquisitez de su diseño, el cual mantiene intacta la esencia de la década de los veintes, época en la que este apartamento funcionaba como oficina del magnate John W. Campbell. 

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Foto: Paola Norman

Un martini, un negroni y una buena conversación: punto y seguido. 

Hay Nueva York para tantas memorias.

Sigue al autor: @PaolaNorman

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