Crónicas de los placeres: El último botero de La Rioja

Paola Norman, nuestra columnista invitada, nos habla de los placeres de la vida y algo más.

En aquel viaje por La Rioja paseamos por Briones. Paramos en el Museo Vivanco de la Cultura del Vino, reconocido por la UNESCO como el mejor museo de la cultura vitivinícola en el mundo.

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Cuando llegamos a la sala dedicada a las botas —esas cantimploras en forma de lágrima originalmente hechas de cuero, tradicionalmente usadas en España para beber vino y de las que se han encontrado indicios desde la Grecia antigua y referencias en la Biblia y en el Quijote de Cervantes Saavedra—, fue inevitable emocionarme recordando los domingos con mi abuelo en la Plaza, el sitio donde me enseñó a beber el vino de la bota: “sostenla firme, apriétala con fuerza pero sin exagerar; comienza cerquita y luego ve alargando el chorro de vino… ¡y si te ensucias pierdes!”, me decía en los tendidos mi abuelo.

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En aquella sala del Vivanco nuestro anfitrión se detuvo frente a una pantalla en la que se veía a un hombre elaborando a mano las botas; era Félix Barbero, el último botero que queda en La Rioja. Mientras el video corría, Enrique nos platicaba que el oficio de botero está por perderse debido a que las nuevas generaciones no están continuando con la herencia familiar. Tristísimo. 

Cortesía / Paola Norman

Al día siguiente llegamos a Logroño. Caminando por sus calles nos topamos con una tienda de botas; la sorpresa: ¡era la de Félix, el mismo de quien vi fotografías y piezas en el Museo Vivanco en Briones!

Pude conocerlo y platicar con él. Botero de quinta generación, cincuenta y tres años en el oficio, comenzó a los catorce trabajando con su padre y hoy a sus sesenta y siete es un jubilado en activo que sigue perdidamente enamorado de su oficio; si él decidiera no continuar, este oficio se perdería en La Rioja, una de las regiones de España más reconocidas en el mundo por su cultura y producción de vino

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El tiempo ha pasado y las cosas han cambiado: el uso del cuero para prendas o accesorios cada vez es menos aceptado y aunque desde hace más de una década Félix se adaptó a ello haciendo botas de látex, la pandemia vino a empeorarlo todo. Me contó que de entonces para acá no ha vendido siquiera lo que antes vendía en un mes. Mientras me platicaba, señaló una bota negra colgada al fondo de la tienda haciendo alusión a lo mal que va la cosa con el negocio y me dijo que solo le quedaba una bota de pez (como se le llama a la brea que se le ponía dentro a las botas de cuero para preservarlas más tiempo), llevaba años en el perchero porque nadie la había querido comprar. Aquella era la última bota de pez que hizo Félix, el último botero que queda en La Rioja.

Cortesía Paola Norman

Desde que entramos sabía que saldría con una bota en la mano, ¡pero nunca me imaginé con cuál! Compré la bota de cuero pensando en mi abuelo, quien en aquel octubre del veintidós tenía noventa y seis años. Hoy mi abuelo ya no está, pero en mi perchero está la última bota de pez del último botero de La Rioja, esa que todos los días me recuerda a él. 

Brindo con una copa de vino riojano por mi abuelo, por Félix, por los domingos en la Plaza, por las nostalgias de lo que fue ¡y por la vida! 

¡Olé! 

IG: @paolanorman

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