Mala Flama: la parrilla en manos del comensal (y junto al nuevo circuito de Fórmula 1)

Las pinzas están sobre la mesa y alguien tiene que dar el primer paso. Casi siempre aparece un voluntario convencido de dominar el fuego, aunque sus compañeros no parezcan tan seguros. En Mala Flama, salir a comer puede terminar con un chuletón de rubia gallega en tus manos y varias personas opinando sobre el momento exacto de darle la vuelta.

El restaurante acaba de abrir cerca de MADRING, el circuito que acogerá el Gran Premio de España de Fórmula 1 del 11 al 13 de septiembre.

Mala Flama carece de comedor común. Sus cinco reservados cuentan con parrilla profesional de gas y proyector. Cada sala admite diez personas y puede conectarse con las demás para organizar cenas, cumpleaños o encuentros de empresa de hasta cincuenta invitados.



La emoción de coger las pinzas… o entregarlas

Los comensales eligen qué quieren comer y deciden si asumirán la parrilla. El equipo explica cómo tratar cada pieza, recomienda el punto y vigila la cocción cuando se le solicita. Nadie queda abandonado frente a un chuletón de gran tamaño sin saber qué hacer con él.

También se puede recurrir al maestro parrillero del restaurante. Esta opción permite disfrutar del juego con piezas más sencillas y dejar las carnes excepcionales en manos expertas. Porque una cosa es presumir de parrillero delante de los amigos y otra muy distinta enfrentarse a un magnífico buey con el temor de convertirlo en carbón.

La carta es breve y concentra sus esfuerzos en el producto. Para abrir el apetito, el cliente puede escoger entre una amplia colección de quesos artesanales españoles y franceses. El equipo prepara una tabla personalizada con las variedades elegidas, acompañadas de mermeladas y otros complementos. La boutique gourmet suma embutidos ibéricos, conservas, aceites, salsas, frutos secos y chocolates.

La carne se elige, se corta y se pesa a la vista

El recorrido por las cámaras constituye uno de los momentos más apetecibles de la visita. Las piezas se muestran enteras y el personal explica sus razas, procedencias y maduraciones. Una vez tomada la decisión, la carne se corta y se pesa delante del cliente. Así se conoce la cantidad exacta y resulta sencillo calcular cuánto necesita el grupo.

La rubia gallega y el buey son las joyas de la selección, acompañadas por cortes de frisona, Angus, wagyu y otras razas. También se ofrecen verduras, patatas y diferentes guarniciones para pasar por la parrilla.

Una misma pieza puede dividirse y cocinarse en varios puntos, una solución diplomática cuando la mesa enfrenta a defensores de la carne casi cruda con partidarios de prolongar su paso por el fuego. Elegir el corte, observar cómo lo preparan y cocinarlo juntos aporta tanta conversación como el propio resultado.

Tres menús para reunir al grupo

Mala Flama propone tres menús cerrados para un mínimo de cuatro personas. Cuestan 42, 52 y 62 euros e incluyen entrantes, verduras, carne, guarnición, café, agua y vino de la casa.

El primero combina provolone, carpaccio de Angus y chuletón de frisona. El segundo añade embutidos ibéricos, ensalada de burrata y chuletón de vaca autóctona. El más completo reúne jamón ibérico, una degustación de cuatro quesos y chuletón de rubia gallega. Los niños disponen de un menú de 12,90 euros con hamburguesa, patatas, helado y bebida.

Quien prefiera improvisar puede diseñar su comida escogiendo cada queso, embutido y pieza de carne directamente en los expositores.

Una bodega que también invita a elegir

Más de cincuenta vinos, con pequeñas bodegas y ediciones limitadas, se exponen con sus precios para facilitar la elección. La selección cambia con frecuencia y las botellas también pueden comprarse para llevar.

Maderas, bambú, arcilla e iluminación tenue crean un ambiente cálido. Mala Flama conserva la diversión de una barbacoa y elimina el trabajo menos agradecido: comprar, preparar, servir y limpiar. El restaurante pone el producto, el fuego y la ayuda profesional. El grupo aporta la conversación y decide quién merece realmente quedarse con las pinzas.

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