
Cada 30 de julio los amantes de la repostería celebran el Día Internacional del Cheesecake, una efeméride que rinde homenaje a uno de los postres más reconocibles del mundo. Aunque hoy suele asociarse con Nueva York, su historia comenzó muchos siglos antes, en una época en la que nadie imaginaba vitrinas repletas de cheesecakes de frutos rojos, chocolate o pistache.
Lejos de ser una creación moderna, el cheesecake es considerado por historiadores de la gastronomía como uno de los postres de queso más antiguos documentados. Su evolución atraviesa civilizaciones, cambios culturales y avances culinarios que terminaron por darle la forma con la que hoy lo conocemos.
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Un origen que se remonta a la Antigua Grecia
Los primeros registros del cheesecake llevan hasta la isla griega de Samos, donde arqueólogos encontraron moldes para preparar pasteles de queso que datan aproximadamente del 2000 a. C. Diversas investigaciones apuntan a que estos panes elaborados con queso fresco, harina y miel eran consumidos como fuente de energía y también formaban parte de celebraciones religiosas.
El escritor griego Ateneo de Náucratis menciona la existencia de preparaciones similares, mientras que el autor Calímaco hace referencia a un libro de recetas escrito por Egimio (Aegimus), considerado uno de los primeros textos dedicados exclusivamente a la elaboración de pasteles de queso. Aunque la obra no sobrevivió hasta nuestros días, es una de las primeras evidencias literarias sobre este tipo de preparaciones.
Incluso existe documentación que señala que durante los primeros Juegos Olímpicos, celebrados en 776 a. C., los atletas consumían un pastel de queso como alimento energético antes de las competencias, una práctica mencionada por diversos historiadores especializados en gastronomía antigua.

De Grecia a Roma
Tras la conquista romana de Grecia, muchas recetas fueron incorporadas a la cocina del Imperio. El político y escritor Marco Porcio Catón describió en su tratado De Agri Cultura una preparación llamada libum, elaborada con queso fresco, harina y huevo, cocida sobre hojas de laurel. Aunque era diferente al cheesecake contemporáneo, representa uno de los antecedentes documentados más importantes del postre.
Con la expansión del Imperio romano, estas preparaciones viajaron por Europa y comenzaron a adaptarse según los ingredientes disponibles en cada región.
El nacimiento del cheesecake moderno
Durante siglos surgieron numerosas versiones elaboradas con quesos frescos locales. Sin embargo, el cambio más importante llegó en 1872, cuando el lechero estadounidense William Lawrence, de Nueva York, intentó reproducir el queso francés Neufchâtel y, de manera accidental, obtuvo un queso mucho más cremoso: el cream cheese.
Años después, este producto comenzó a comercializarse bajo la marca Philadelphia Cream Cheese, ingrediente que terminaría por definir el estilo de cheesecake más conocido en la actualidad.
Fue durante el siglo XX cuando la ciudad de Nueva York consolidó su propia versión del postre gracias a pastelerías y restaurantes que popularizaron una receta elaborada casi exclusivamente con queso crema, huevo, azúcar y una base de galleta o masa. Con el tiempo, el llamado New York Cheesecake se convirtió en un referente internacional.
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Un postre con muchas identidades
Aunque la versión neoyorquina es probablemente la más famosa, el cheesecake adopta formas muy distintas alrededor del mundo.
En Japón destaca el Japanese Cotton Cheesecake, conocido por su textura ligera y aireada gracias al merengue incorporado en la mezcla. En Alemania existe el Käsekuchen, elaborado tradicionalmente con quark, un queso fresco de sabor ligeramente ácido. Italia prepara versiones con ricotta, mientras que en España es común encontrar recetas hechas con quesos de oveja o mezclas de quesos frescos.
En los últimos años también han ganado popularidad interpretaciones como el Basque Burnt Cheesecake, originario de San Sebastián, cuya superficie caramelizada y centro cremoso conquistaron cocinas y redes sociales alrededor del mundo.
CURIOSIDADES DEL CHEESECAKE
- Su historia supera los 4,000 años. Las primeras evidencias arqueológicas se remontan aproximadamente al 2000 a. C. en la isla de Samos, Grecia.
- No nació en Nueva York. Aunque esa ciudad popularizó una de sus versiones más famosas, el cheesecake tiene raíces griegas y romanas.
- El queso crema es relativamente reciente. El ingrediente que hoy parece indispensable apareció hasta finales del siglo XIX.
- Cada país tiene su propia interpretación. Quark en Alemania, ricotta en Italia, soufflé en Japón o queso de oveja en distintas regiones mediterráneas son algunos ejemplos.
- Puede hornearse o no. Muchas recetas contemporáneas prescinden del horno y utilizan gelatina o estabilizantes, una técnica mucho más reciente que las versiones tradicionales.
Hoy el cheesecake continúa reinventándose con ingredientes locales, técnicas contemporáneas y sabores de temporada. Sin importar la receta, su permanencia durante más de cuatro milenios demuestra que pocos postres han logrado adaptarse con tanto éxito a distintas culturas sin perder aquello que los define: la combinación entre queso, dulzor y una textura que invita a repetir una cucharada más.
Fuentes: National Day Calendar | Encyclopaedia Britannica. “Cheesecake”. | The Basque Culinary Center

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