Más Que Vinos: en Toledo también saben hacer grandes vinos

Una historia que empezó entre amigos y hoy continúa en familia

Todo arrancó en 1999 cuando los enólogos Margarita Madrigal, Alexandra Schmedes y Gonzalo Rodríguez decidieron dar forma a un sueño compartido: demostrar que la Meseta de Ocaña podía elaborar vinos capaces de competir con cualquiera sin renunciar a su identidad.

Tras años asesorando a algunas de las bodegas más prestigiosas de España, regresaron a las viñas familiares de Gonzalo, en Dosbarrios (Toledo), convencidos de que el futuro estaba precisamente en mirar hacia atrás: recuperar viñas viejas, variedades autóctonas y una forma de trabajar donde el viñedo marcara el camino.

Más de dos décadas después, el proyecto mantiene intacta esa filosofía, aunque vive una nueva etapa con la incorporación de la siguiente generación. Alonso Rodríguez, hijo de Gonzalo Rodríguez y Margarita Madrigal, se ha sumado al proyecto familiar aportando una mirada fresca, nuevas inquietudes y una sensibilidad distinta que convive con la experiencia de los fundadores y de Alexandra Schmedes. No se trata de cambiar el rumbo, sino de enriquecer un proyecto que ha sabido evolucionar sin perder aquello que lo hizo especial desde el primer día.



Viñas viejas, variedades olvidadas y mucho respeto por la tierra

A 750 metros de altitud, sobre los suelos calizos de la Meseta de Ocaña, Más Que Vinos trabaja casi exclusivamente con viñas viejas cultivadas en ecológico, sin riego y con vendimia manual. Su apuesta nunca ha sido seguir modas, sino recuperar el valor de variedades históricas como la Airén, la Malvar, la Garnacha o el Cencibel, el nombre tradicional del tempranillo manchego.

Esa manera de entender la viticultura también se refleja en la bodega. Las fermentaciones espontáneas, la mínima intervención y el respeto absoluto por cada parcela permiten que cada vino conserve el carácter del lugar del que procede. No buscan uniformidad; buscan personalidad.

Su compromiso con el medio ambiente les ha valido además la certificación Sustainable Wineries for Climate Protection, un reconocimiento que refuerza una filosofía que llevan practicando desde mucho antes de que la sostenibilidad se convirtiera en tendencia.

Una historia distinta en cada botella

La colección de vinos de Más Que Vinos funciona como un recorrido por su forma de entender el territorio. La gama Ercavio representa los vinos con los que comenzó la aventura. Los Conejos Malditos nació de una plaga real: los conejos devoraban los brotes de algunas parcelas y reducían drásticamente la producción. En lugar de combatirlos, la bodega decidió convertir aquel problema en su seña de identidad. Hoy esa colección de vinos de mínima intervención es una de las más reconocibles de la casa y, de forma inesperada, dio el salto a Hollywood cuando una de sus botellas apareció en Una batalla tras otra, la película de Paul Thomas Anderson protagonizada por Leonardo DiCaprio.

Las Ediciones Premium llevan el concepto de vino de parcela a su máxima expresión, con referencias como La Malvar, La Plazuela, Garnacha de la Madre o Viña El Señorito de Ercavio. Este último simboliza también el relevo generacional de la bodega: es el vino de parcela con el que Alonso Rodríguez, hijo de Gonzalo Rodríguez y Margarita Madrigal, está dejando su propia impronta. Nace de la viña más caprichosa y difícil de cultivar de la finca El Horcajo, pero precisamente esa exigencia regala una fruta excepcional y uno de los vinos con más personalidad del proyecto.La crítica internacional lleva tiempo respaldando este trabajo, con altas puntuaciones de Wine Advocate para buena parte de sus vinos, mientras sus botellas están presentes en restaurantes con estrellas Michelin y en algunas de las tiendas gourmet más prestigiosas del mundo.

Sin embargo, el verdadero éxito de Más Que Vinos quizá no se mida en puntos ni en reconocimientos. Está en haber conseguido que una nueva generación continúe creyendo en el mismo paisaje, las mismas viñas y la misma manera de hacer vino. Porque hay proyectos que pasan de padres a hijos sin perder su esencia. Y ese, probablemente, sea el mejor vino que una familia puede dejar como legado.

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