Bitácora del Paladar: favor de apagar el televisor
Menú de Dalla Lola | Foto: Humberto Ballesteros

Los viajes son para aprender, además de disfrutar, y es por eso que cada kilómetro invertido en traslado se convierte en ese equipaje eterno donde sólo caben ideas positivas, enseñanzas y comprobaciones ante los dichos o sugerencias de otros. 

La recomendación de asistir a un lugar, siempre guarda el riesgo de quien recomienda y de quien asiste, por eso tengo claro que toda experiencia es diferente, ya sea por el momento emocional que causa el primer impacto o por la afectación de la emoción provocada después de la inspección de las redes sociales. Aunque, en ocasiones y en menor escala, suele ser por la consecuencia peligrosa al ver un programa de televisión donde has visto un restaurante recomendado y en donde el conductor lo presenta tan bien, que no te queda duda de lo maravilloso que podría ser. 

Hace unos días en la espera del tranvía en Florencia, una joven pareja de mexicanos recién llegados a Europa, y por ende desorientados, le preguntan a dos ancianos dónde es el mejor lugar para comer en la ciudad. La mujer de carácter recio y enorme seguridad, argumenta que tiene mucha hambre, que su teléfono no tiene pila y que le urge algo por la zona. La mujer que contesta a la duda es una italiana con bella sonrisa, y con mas de 80 años a la vista expresa con alegría: “La Osteria dei Centopoveri”. A lo que la joven entusiasta vuelve a preguntar: “¿Se come rico? ¿Es barato el lugar?”. 



Bitácora del Paladar: favor de apagar el televisor
Tripperia Pollini | Foto: Humberto Ballesteros

Los demás que observamos esa escena sonreímos sin intervenir, hasta que una mujer interviene en lengua castellana y con un mapa en su teléfono, les orienta cómo llegar al lugar. Como conclusión de esta micro historia podría afirmar que ellos salieron felices a comer. 

Tanta amabilidad nos emocionó a muchos. Sin embargo, no sé si es bueno el lugar y ante el morbo originado, estoy seguro que pronto lo visitaré una vez que concluya mi revisión en las redes sociales y que termine de convencerme al ver en su sitio web, donde señala que el menú de la trattoria es de carne tradicional toscana y los platos de mariscos tienen toques modernos ocasionales, y también hacen pizza. Lo “ocasional de los toques modernos” no sé que sea, pero suena interesante para que un comensal y turista arriesgado les visite. 

De esta historia no sé el final, porque lo que ellos habrán vivido seguro será diferente a lo que yo podría vivir. Es sencilla regla de vida, así como mi corazón late a un ritmo, hay otros llevan otro compás. 

Todo esto me llevó a pensar en Stanley Tucci, que tiene un bello programa de televisión llamado Tucci en Italia, donde pasea por su país mostrando los mejores espacios para comer que alimentan su amor por el terruño. No busca restaurantes de estrellas Michelin y tampoco observa listas de Gambero Rosso, sólo asiste a comer donde los personajes locales le recomiendan o donde su intuición le lleva. Tucci viaja por Lombardía, Abruzos, Lacio y la Toscana, y en cada pedazo de historia lanza una frase de emoción hacia el entrevistado, donde cada plato se convierte en la caricia deseada por el turista.

Bitácora del Paladar: favor de apagar el televisor
Lampredotto | Foto: Humberto Ballesteros

He visto la serie más de tres ocasiones, y confieso que la elegancia al vestir del protagonista me inspira a portar en Italia los mejores cortes de sastre y una paleta de colores apegada a los colores de este verano. Los lugares visitados, conforme su narración, se gozan en cada segundo. No suele caer en lo sensacionalista de la narrativa en la que Anthony Bourdain se posaba para enseñar un plato. En esta serie, Tucci sólo es el narrador y buen comensal. Un humano real que puede proponerte platos de emoción más que de sabor. Y ahí es donde lleva mi narrativa. La propuesta que hace en la Toscana, en la ciudad de Florencia sobre la Tripperia  Pollini es precisa. Ahí se come muy rico, el trato es amable y cariñoso y la escenografía es maravillosa. Aquí se confirma que la calle siempre será el espacio más humano y más afectivo para degustar un plato. 

Sin embargo, en el mismo capitulo, Tucci hace otra recomendación en la ciudad de Florencia y pasa puerta del restaurante Dalla Lola, donde la chef le recibe con una bella sonrisa y le da los mejores platos. En ese capitulo todo es perfecto. Los platos, el ambiente y la amabilidad. 

Sin embargo, ahora que visité este restaurante, me negaron un vino blanco que estaba a la vista y en su lugar me ofrecieron un vino de la casa que estaba en temperatura ambiente. Es decir, como en 32 grados. La comanda llegó incompleta, ya que de los tres platos pedidos sólo llegaron 2 al mismo tiempo, después de una espera de más de 20 minutos. El servicio fue distraído, la atención carente de intención, y la espera del agua hizo que el calor de Florencia se sintiera más. Al final, para terminar la cena, solicitamos en la mesa algo como un pay de queso, cuyos grumos hacían destacar la mala elaboración. 

¿Que fue lo que paso?  ¿El efecto Tucci no alcanzó al comensal ordinario? O fue de nuevo, otro capitulo más en la gastronomía global, donde la TV enseña el lado bueno frente a la cámaras, mientras por detrás, al comensal de a pie se queda con las distracciones del servicio, las malas ejecuciones, los malos sabores y la ausencia de técnica. 

Creo que para salir a comer en cualquier lugar, quizás sea mejor preguntar al anciano del barrio que mirar las redes sociales, puede que sea mejor apagar el teléfono y dejar de ver las historias de influencers que no saben distinguir entre menta o albahaca, pero que tienen ms seguidores que la iglesia de cualquier pueblo. 

Algo me quedó claro en estos días. Cada recomendación es una responsabilidad, por ello, en esta ocasión les recomiendo mejor apagar el televisor, ya que la ignorancia puede ser sabia en ocasiones y es la madre de la admiración.

Bitácora del Paladar: favor de apagar el televisor
Della Lola | Foto: Cortesía

Sigue al autor: @betoballesteros  

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