
Madrid ya no sale solo a cenar: sale a vivir la experiencia. La capital se ha llenado de restaurantes donde la gastronomía importa tanto como el ambiente, el diseño y esa sensación —cada vez más cotizada— de estar exactamente donde hay que estar. Sitios donde se va a comer bien, sí, pero también a alargar la sobremesa, a brindar y a formar parte de la escena.
Picona: buena calidad-precio y recetas reconocibles en el barrio de Salamanca de Madrid
En esa nueva liga del lujo gastronómico se mueve con soltura Li-Onna, uno de los restaurantes más comentados del barrio de Salamanca y otro de esos locales de alto standing que tanto gustan al público latino de alto poder adquisitivo.
El sello de un gigante mexicano del lifestyle gastronómico
Detrás del proyecto está Tanaka Hospitality, uno de los grandes nombres del ocio gastronómico premium en México. El grupo nace de la unión entre Grupo Kampai y Mandala Group, dos pesos pesados del sector, y suma más de 40 establecimientos donde la restauración y el lifestyle van siempre de la mano.
Su aterrizaje en Madrid no es casual. La capital vive un momento dorado para este tipo de espacios y el grupo ha sabido leer perfectamente el mapa del lujo madrileño. De hecho, también está vinculado a Fanático, el nuevo gran espacio que ocupa el antiguo Platea Madrid y que se ha convertido en uno de los epicentros del ocio más exclusivo de la ciudad. Li-Onna sigue esa misma filosofía: cocina de nivel, estética impecable y una clientela que entiende que una buena mesa también forma parte del estilo de vida.
Una ubicación privilegiada para ver y ser visto
Situado en Recoletos, 1, en una de las esquinas más codiciadas de Madrid, Li-Onna juega con ventaja desde la dirección. Pero no se conforma con eso. El espacio ha sido concebido para impresionar desde la entrada: amplio, luminoso, elegante y con estética contemporánea.

La gran protagonista visual es su espectacular barra de sushi, auténtico corazón del restaurante, donde el pescado de primera calidad se exhibe casi como si fuera alta joyería gastronómica.
Japón y Latinoamérica se encuentran en el plato
Al frente de la cocina está el chef Pedro Moreno, encargado de construir una propuesta donde la técnica japonesa dialoga con una marcada sensibilidad latina. Esta primavera, la carta gira alrededor de tres protagonistas claros: bacalao, lubina y atún, tratados desde distintas técnicas que reflejan el ADN de la casa .
El bacalao miso es uno de los platos más reconocibles del restaurante: meloso, profundo y con ese equilibrio perfecto entre intensidad y suavidad que convierte un buen plato en uno memorable. La lubina al pastor introduce uno de los guiños más interesantes de la carta. Aquí aparece con adobo de chile guajillo y salsa de piña, una combinación que aporta frescura, acidez y un contraste brillante entre la técnica japonesa y el carácter latino. Pero si hay un producto que resume bien la filosofía de Li-Onna, ese es el atún.

Se trabaja en distintos cortes como akami, chū-toro y toro, permitiendo recorrer diferentes niveles de grasa, textura e intensidad. Desde propuestas más frescas como la tostada de atún o los tacos verdes hasta platos más elaborados como el tartar de chū-toro con mango, todo gira alrededor de una misma idea: dejar que el producto hable por sí solo.
Además, Li-Onna ha sabido trasladar ese mismo espíritu también al mediodía con una propuesta pensada para quienes trabajan en la zona y no quieren renunciar a una buena mesa entre semana. Su nuevo menú ejecutivo, disponible de lunes a viernes de 13:00 a 17:00 por 28 euros, es uno de los mejores en relación-calidad precio de la zona y permite elegir entrante, principal, postre y bebida bajo una filosofía que ellos mismos definen como “comida fina sin preámbulos”.

Li-Onna representa muy bien hacia dónde mira hoy la restauración de lujo en Madrid: menos rigidez, más experiencia; menos formalidad, más deseo. Buen sushi, pescado impecable, una barra espectacular, una ubicación privilegiada y el respaldo de uno de los grupos más potentes del sector internacional. La fórmula funciona.
Y Madrid, una vez más, vuelve a dejarse conquistar.
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