Para entender Bodega Eduardo Peña hay que llegar hasta Barral, una pequeña parroquia de Castrelo de Miño, en Ourense. Allí, a unos 250 metros de altitud y frente al embalse, se extienden diez hectáreas de viñedo plantadas sobre terrenos pedregosos, arenosos y de pizarra. Fue el lugar elegido por Eduardo Rodríguez para regresar a sus raíces familiares y elaborar los vinos de la tierra en la que había nacido.
Emociones que se brindan, con Bodegas Santiago Ruiz y la artista Carlota Pérez de Castro
Empresario vinculado anteriormente a la hostelería, Rodríguez decidió recuperar su relación con el Ribeiro mediante un proyecto centrado en las variedades autóctonas. Las plantaciones actuales comenzaron a tomar forma en 2004 y la bodega inició su actividad comercial poco después. Bajo la dirección enológica de Álvaro Bueno, cada variedad se trabaja por separado y se vendimia en su momento óptimo, antes de decidir el ensamblaje definitivo.

La propia construcción explica parte de su filosofía. La bodega está excavada horizontalmente en la ladera y prácticamente desaparece bajo el viñedo. Una chimenea vertical genera una corriente natural de aire, mientras que el desnivel permite reducir la manipulación de la uva y aprovechar la gravedad. Así se hace en las mejores casas.
Peña, en recuerdo de una madre
Los nombres de los vinos no son casuales. El vino principal de la casa lleva el nombre de Eduardo Peña, aunque su fundador se llama Eduardo Rodríguez. La elección responde a una historia íntima: antepuso el apellido materno para rendir homenaje a su madre, fallecida cuando él todavía era un niño. La botella se convierte así en una forma de preservar ese recuerdo tan especial.

También María Andrea mira hacia el pasado. Este blanco recuerda a una heroína popular de Ourense conocida por su resistencia frente a las tropas inglesas. Elaborado con treixadura, loureira y albariño, representa el perfil más joven y fresco de la bodega. La gama se completa con La Vista, un blanco criado sobre lías y en madera, y Sara Peña, un tinto de producción limitada elaborado con caíño, sousón y brancellao.
El reconocimiento más importante llegó en 2025, cuando Eduardo Peña 2024 obtuvo el Acio de Ouro como Mejor Blanco de Galicia en las Catas de Galicia. Competía dentro de una selección de 445 referencias procedentes de 165 bodegas y fue evaluado a ciegas por un panel profesional.
El nuevo auge de la treixadura
El premio coincide con un entusiasmo generalizado por los vinos del Ribeiro. Después del éxito del albariño y del ascenso del godello, la mirada se dirige ahora hacia la treixadura y hacia blancos construidos a partir de varias castas históricas.

La treixadura aporta elegancia, textura y notas de fruta madura y flores. La loureira suma perfume y frescura; el lado, vivacidad y matices especiados; el godello, estructura, y el albariño, tensión aromática. Eduardo Peña 2024 reúne estas cinco variedades en un blanco profundo, aromatico y muy atractivo.
Esta diversidad permite comprender la singularidad del Ribeiro: aquí la identidad no depende siempre de una sola uva, sino del diálogo entre varias. Eduardo Peña ha hecho de ese ensamblaje su firma y de la memoria familiar, el origen de un proyecto que demuestra por qué los blancos de estas tierra vuelven a ocupar el lugar que les corresponde.
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