El otoño es una de las épocas más apetecibles para viajar, cuando el número de visitantes desciende, los precios se vuelven más amables y el caluroso verano ha emprendido la retirada. Los días son más cortos, pero la temperatura permite moverse con comodidad y aprovechar mejor el tiempo.
Costa Brava: donde el paisaje se sienta a la mesa
Este año que parece que la canícula se resiste a abandonarnos –aunque sea muy soportable- todavía se puede viajar a destinos de playa y disfrutarlos sin agobios, descubriendo rincones quizás no muy conocidos, a pesar de que estén aquí al lado. Por eso proponemos una escapada a la Côte Vermeille (la Costa Roja o Bermella), en el Rosellón, el sudeste de Francia. Entre viñedos, acantilados y calas, probando vinos y degustando la cocina marinera en restaurantes y chiringuitos al borde del mar, se puede recorrer esta singular franja litoral en la frontera con España. Justo ahí, donde acaba la Costa Brava catalana y empieza la francesa, entre rocas rojizas y el azul del Mediterráneo.
A poco más de una hora de Girona

La Côte Vermeille pertenece al departamento (el equivalente a la provincia española) de los Pirineos Orientales –que aquí llegan hasta el mismo mar-, en la región de Occitania, el antiguo condado del Rosellón. Es una zona que se recorre perfectamente en dos o tres días, y lo mejor es hacerlo en coche, serpenteando por la carretera entre viñedos colgados en terrazas sobre el Mediterráneo. Partiendo de Girona, subiendo por la AP-7 y la A 9, lo más recomendable es remontar hasta la parte más septentrional –en Canet-en-Roussillon- y empezar a descender tranquilamente por la costa, terminar en Banyuls y regresar.
De Canet-en-Roussillon a la colorista Collioure
Se tarda poco más de una hora en llegar a nuestro primer destino saliendo de la capital gerundense. Apenas 110 kms. nos separan de este pueblecito que combina 9 kms. de playa y un casco histórico medieval que merece la pena pasear. Cuenta también con un ecosistema lagunar protegido, el Étang de Canet, que es famoso por los flamencos y las viejas cabañas de pescadores hechas de cañas y madera. Pero es especialmente recomendable (más aún si se va con niños), visitar el Acuario Oniria, en el puerto. Es una inmersión en el mundo del agua representada en los diferentes biotipos de los mares y océanos. Un interesante y lúdico espacio divulgativo que cuenta con más de 80 estanques donde viven 650 especies diferentes, desde rayas y tiburones a peces tropicales, pulpos o corales. Una preciosa visita que se sale del tour gastronómico.

Canet muestra su dinamismo gastronómico entorno a Les Toques Blanches du Roussillon Occitanie, un colectivo profesional que reúne a unos 40 chefs y artesanos comprometidos con la identidad culinaria regional. A finales de junio de 2026, la asociación celebró en la localidad un evento abierto al público que congregó a once chefs y otros tantos viticultores en un menú itinerante al aire libre enfocado en los productos de proximidad. Entre los participantes hay que citar al chef Frédéric Bacquié (con estrella Michelin), uno de los máximos exponentes del colectivo: su cocina destaca por el dominio del pescado azul, los fondos con toques de vinagre de Banyuls y el aprovechamiento estricto de verduras y frutas del Rosellón.
Y continuamos el viaje. La siguiente parada, Collioure, está a una media hora. Seguro que es un nombre que les suena, por sus reminiscencias literarias. Aquí murió el poeta Antonio Machado, que estuvo exiliado en la localidad francesa y donde está enterrado. Pero es también un pueblo de evocaciones artísticas representadas por dos famosos pintores de principios del siglo XX, Matisse y Derain, que quedaron atrapados por los colores y la luz del Mediterráneo.

Esos mismos colores están presentes en sus animadas calles repletas de tiendas y de cafés. La luz cálida del Mare Nostrum se refleja en el imponente Castillo Real, en el barrio marinero del Mouré y en la iglesia de Notre-Dame-des Anges, de campanario medieval que en tiempos fue un faro gracias a su ubicación, a pie del agua.
Anchoas y productos gastronómicos
Si nuestra estancia coincide con un domingo conviene darse una vuelta por el mercadillo dominical, en la Place du Maréchal Leclerc y calles aledañas. Es un tradicional mercado al aire libre donde adquirir frutas, verduras, quesos, embutidos y todo tipo de productos gastronómicos. Y, para los caprichosos, artesanía e incluso ropa boho-chic a precios muy competitivos.

También es un acierto acercase a Anchois Roque, un taller artesanal fundado en 1870, dedicado a la anchoa con IGP Collioure. Un negocio familiar que sigue manteniendo el exigente trabajo manual que supone limpiar, filetear y envasar el pescado siguiendo técnicas tradicionales. Junto a la visita es preceptivo pasarse por su tienda y adquirir alguno de las delicatesen que pueblan sus estanterías, desde filetes de anchoa en aove a anchoas curadas en salmuera, pasta de anchoa, tapenade y diversos productos de proximidad, incluyendo vinos.
Kayak en las calas de Port-Vendres y la bahía de Paulilles
Apenas a 10 minutos de Collioure se encuentra Port-Vendres, un puerto natural de aguas profundas activo desde la época romana. Hay que pasearlo, ver cómo llegan las barcas de pesca al muelle, disfrutar de su vida marinera. Pero hay también planes que salen de lo urbano. Desde aquí parte el sendero que conduce al cabo Béar y su faro de mármol y granito, monumento histórico desde el que disfrutar del paisaje. Siguiendo la costa hacia el sur se abre la Anse de Paulilles, un enclave natural protegido entre el mar y las colinas de viñedos.

Una buena idea en días sin viento es acercarse a la Plage de Bernardi para navegar en kayak de mar, adentrándose en cuevas marinas inaccesibles. El enclave une a su interés paisajístico el hecho de haber acogido en el siglo XIX la fábrica de dinamita que instaló Alfred Nobel, hoy reconvertida en taller de restauración de barcos. Para terminar la jornada no es mala idea ir a tomarse unos vinos. Y es que justo a pie de cala se encuentra la histórica finca vinícola Clos de Paulilles, rodeada de viñedos cultivados en pendientes que llegan hasta el mar. Sus tintos y blancos con AOC Collioure se pueden probar en una magnífica terraza, con mesas ubicadas entre viñas que datan de 1800. Para acompañarlos, estupendas tablas de embutidos catalanes, quesos, esqueixada, pulpo, arroces, pescados locales, costilla de buey e incluso tapas.
Banyuls-sur-Mer, viñedos heroicos, vino dulce y vinagre
Un recorrido por esta costa tranquila y salvaje pasa irremediablemente por Banyuls-sur-Mer, el centro neurálgico del vino dulce que lleva su nombre (AOC Banyuls) y lugar de origen del conocido escultor Aristide Maillol, muy admirado en la localidad, con taller-museo visitable.
Los muros de piedra seca típicos del paisaje sostienen las terrazas empinadas de los viñedos sobre esquisto, diseminados por las colinas que rodean al pueblo. Destino enoturístico galo de primer orden, en sus bodegas se producen alguno de los blancos y tintos de garnacha más singulares del mediterráneo francés. Para descubrir el mítico Banyuls (vino dulce natural fortificado y envejecido de manera oxidativa), lo mejor es visitar bodegas como Terres des Templiers, con sus barricas al aire libre expuestas al sol y al viento. O acudir a tiendas especializadas como La Cave de l’Étoile, para catar y comprar distintos vinos de la zona.

Vale la pena acercarse a la vinagrería artesanal La Guinelle, situada en el pintoresco Hameau de Cosprons (en las colinas sobre Banyuls). Fundada por Nathalie Lefort, elabora artesanalmente vinagre de vinos ecológicos de Banyuls y Rivesaltes. Las barricas de roble reposan al sol, logrando una doble fermentación biológica sin pasteurización ni sulfitos. Sus vinagres son deliciosos y se pueden adquirir en la tienda abierta al público. Muchos de ellos forman parte de platos elaborados por estrellas Michelin de toda Francia.
Dónde dormir
Best Western Hotel Canet-Plage- Canet-en-Roussillon
Hotel de playa moderno y funcional, situado en primera línea sobre el paseo marítimo, y con vistas sobre el Mediterráneo.
Hôtel Maison Nova – Collioure
Tranquilo y exclusivo hotel boutique de 13 habitaciones y suites, cerca del casco histórico. Cuidada decoración, piscina exterior y spa.
Villa Camille Hotel & Spa – Banyuls-sur-Mer
Un 4 estrellas de fachada señorial completamente renovado frente al puerto deportivo y la playa. Interiorismo contemporáneo y un completo spa de la firma NUXE.
Dónde comer
L’Imprévu , Plage de l’Ouille-Collioure

Restaurante ubicado en un chiringuito muy chic emplazado directamente sobre los guijarros de la cala de l’Ouille (entre Argelès y Collioure). Cocina mediterránea informal a base de pescados a la plancha, marisco fresco y carnes a la brasa, con mesas a ras de arena y vistas a los acantilados. Precioso por la tarde-noche para ver el atardecer mientras se cena.
Le Poisson Rouge, Port-Vendres

Parece un chiringuito bien puesto, pero es un restaurante de nivel. Situado casi sobre las aguas de una pequeña ensenada resguardada, su propietaria, Eugenie Cebrian –de padre valenciano- lo adquirió hace tres años. Ella, que estudió cocina en París y trabajó durante más de diez en hostelería, ha confiado la cocina al chef Elmi Ergichi, natural de Perpiñán, curtido en restaurantes de Europa y Japón. Su cocina, con un toque elegante y mucha personalidad, busca la sencillez de los productos, y se basa en los pescados y mariscos mediterráneos como el atún, la seriola, el rape, las verduras asadas, las picadas o los marinados. Una cocina fresca y apetecible, que gusta de principio a fin. Como los vinos de su bodega, blancos y tintos de la región.
Le Jardin de Saint-Sébastien , Banyuls-sur-Mer
Restaurante con agradable terraza en el centro de Banyuls. Ofrece una cocina contemporánea de productos locales, sobre todo pescados: anchoas, arenques, dorada en ceviche, corvina, que se tratan con aliños y toques viajados. Carta de vinos locales.
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