“Presidente Trump, si está leyendo esto: en o 2016 me dijo en una conversación telefónica que quería saber más sobre mi punto de vista respecto a la inmigración”, escribió el jueves el chef José Andrés en The Washington Post. “No hemos hablado en un tiempo. Así que permítanme decirlo  aquí: Los muros no harán que Estados Unidos sea más seguro o mejor”.

El gigante de los restaurantes, famoso por sus esfuerzos humanitarios en Puerto Rico y sus tweets políticos (así como su verdadero imperio restaurantero), llevó sus opiniones a una plataforma más formal esta semana, escribiendo un artículo de opinión.

“Llegué a los Estados Unidos desde España en 1991 con una visa E-2 y grandes ambiciones”, escribe Andrés, nacido en España. “A pesar de las muchas dificultades de ser un nuevo inmigrante, la vida fue relativamente fácil para mí, en gran parte debido a mi piel clara y ojos azules”.

“Déjame ser sincero”, continúa. “La administración está poniendo a familias y comunidades en crisis sin una razón buena. Esto no es lo que hacen las personas de fe. No es lo que hacen las personas pragmáticas. No son las bases en las que se construyó América”.

Específicamente, se refiere al anuncio del gobierno del 8 de enero de que a casi 200,000 refugiados salvadoreños se les revocará su Estado de Protección Temporal (TPS por sus siglas en inglés). Hasta el momento, el TPS les ha permitido permanecer en EUA legalmente después de que muchos huyeron de su país tras el devastador terremoto de 2001. Diecisiete años después, muchos tienen hijos que son ciudadanos de los Estados Unidos Americanos. Y consideran que EUA es su hogar. Con este nuevo fallo, tendrán que abandonar el país en septiembre de 2018.

Otros refugiados que enfrentan la deportación definitiva en los próximos años son aquellos de Haití, Sudán y Nicaragua; el destino de los inmigrantes que llegaron de Siria, Nepal, Honduras, Yemen y Somalia está en la balanza.

Andrés, quien es dueño de 27 restaurantes a lo largo del país, se enfrenta a la pérdida de un gran número de empleados debido a estas decisiones de la TPS. Uno de dichos empleados es Manuel, un inmigrante salvadoreño que ha trabajado en el restaurante de Andrés en D.C. – Jaleo – desde el 2001. Por razones obvias, su apellido ha sido omitido del artículo. “Solo quiero trabajar para poder mandar a mis dos hijos nacidos en EUA a la universidad; quiero que tengan una mejor vida que yo,” explica Manuel. Quien enfrentará la deportación el próximo septiembre.

“Los inmigrantes, incluyendo a los salvadoreños y otros centroamericanos, conforman más de la mitad del staff de mis restaurantes y simplemente no podemos manejar nuestros negocios sin ellos,” escribe José Andrés. ¿Y el golpe económico a la industria en general? Alarmante, dice. “Porque los restaurantes están entre los principales empleadores de estos inmigrantes (junto con las constructoras, empresas de paisajismo y servicios de cuidado de niños), la industria restaurantera se enfrentará a un fuerte golpe… Con el porcentaje contratación nacional en un 4%, no hay suficientes trabajadores nacidos en EUA que puedan ocupar su lugar – o cubrir las necesidades de empleo de una economía en crecimiento.”

Según el Centro para el Progreso Estadounidense, la eliminación de los trabajadores por parte de la  TPS de E.U.A. provocaría una pérdida de $164 mil millones en producto interno bruto durante los próximos diez años, cita Andrés.

Como muchos que se oponen a la revocación del TPS, está buscando un camino para la residencia permanente a través de la green card y eventualmente la ciudadanía. También está recomendando la renovación de visas, que permite a los inmigrante trabajar por un par de meses y luego volver a su país, llevando sus ganancias para sus familias.

“El presidente Trump conoce muy bien el valor de las vidas temporales,” escribe. “Del viñedo de su familia en Virginia a sus proyectos de construcciones en Nueva York, él ha contratado a muchos trabajadores extranjeros para construir sus negocios.”

Andrés se retiró de colaborar con Trump en uno de esos proyectos – un acuerdo para un restaurante en el  Trump International Hotel, en D.C – después de que Trump llamara a los mexicanos violadores en junio del 2015. La Organización Trump lo demandó; y finalmente se llegó a un acuerdo el año pasado, Trump declaró que estaba “contento” de “seguir siendo amigos”.

Los tweets de Andrés han sido menos que amigables desde ese momento, pero en este artículo de opinión se enfocó en los problemas. “Como empleador y amigo de gente de El Salvador, Haití y gente increíble de muchas nacionalidades, espero que el congreso pueda trabajar con la administración para cambiar el rumbo en las políticas de inmigración,” escribe.