El mistral es un viento fuerte que nace en el sur de Francia y cruza el Mediterráneo. Su nombre proviene del provenzal antiguo y significa “maestro”. Durante generaciones, los agricultores han creído que, a su paso, este viento se lleva lo malo: limpia el cielo, purifica la tierra y devuelve claridad al paisaje.
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Más que un fenómeno natural, Mistral representa una fuerza de transformación: movimiento, renovación y encuentro. Y esa es, justamente, la idea que Daniel Ovadía traslada a su nuevo restaurante en la Roma, donde ha creado su “mediterráneo más personal, el de su infancia, el de su casa”, con una propuesta que recorre los sabores desde el sur de Europa hasta el Levante, con el fuego, el producto y la hospitalidad como protagonistas.
Ubicado en una casona decimonónica de la colonia Roma, Mistral reúne distintas geografías en una carta que privilegia los ingredientes frescos, las brasas, los fondos profundos y los platillos pensados para compartir, a través de una cocina de acentos intensos, donde el mar, las especias y los vegetales encuentran su lugar alrededor de la misma mesa.

Una carta para explorar el otro Mediterráneo
Daniel propone aquí “otro” Mediterráneo, el secreto, no el que conocemos de Italia, Grecia o España, sino el de Argelia, Túnez o Libia. Por ello, vale la pena pedir sus anchoas mediterráneas con brioche tostado y mantequilla ahumada: una combinación que exalta el contraste entre la intensidad salina del pescado y la untuosidad de la mantequilla. También destacan sus ostiones gratinados a la leña con harissa y queso parmesano, donde el fuego y el picante aportan profundidad a los sabores del mar.
Otra buena elección es su cangrejo de concha suave en costra crujiente de ajonjolí, acompañado de pan pita, amba y una ensaladita mediterránea con sumac, o su crudo de kampachi curado con hinojo, uva verde en conserva y vinagreta de limón preservado, una entradita fresquísima y llena de sabor que reúne notas cítricas, vegetales y frutales en un plato de equilibrio preciso.
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Brasas, mar y sabores de Oriente Medio
En los platos fuertes, la cocina al fuego y los fondos adquieren relevancia: su short rib en salsa de aceituna negra y dátiles, acompañado de poro a las brasas, zucchini, calabaza pattypan y crocantes de ajo macho, combina la contundencia de la carne con los matices dulces y salinos de la salsa.
Para quienes prefieren las aves, su pato añejado con salsa de vino tinto e higos, puré de camote amarillo con guayaba, zanahorias a la mantequilla y endivias asadas ofrece un recorrido de sabores que alterna dulzor, acidez y notas tostadas.

Del mar, sus camarones a las brasas con adobo de Medio Oriente, tzatziki de coles de Bruselas y corazones de alcachofa asados son una opción que conecta la parrilla con la frescura de las preparaciones mediterráneas. También merece atención (por ser uno de los platos favoritos del chef) el pescado entero frito, glaseado con miel de dátiles y cítricos, terminado con ensaladita de cilantro, colas de cebolla, za’atar y ajonjolí tostado: un plato pensado para compartir y que concentra buena parte del carácter de la casa.
Para cerrar, el milhojas de vainilla con miel de lavanda, pistaches tostados y helado de rosas prolonga la inspiración mediterránea desde el lado dulce. La vainilla y el crujiente de la pasta se acompañan de aromas florales que hacen de este postre una elección natural para terminar la experiencia.
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El espacio
Otros aspectos relevantes de Mistral son su interiorismo y sus distintos ambientes, que pueden albergar hasta a 145 comensales: la zona del Bar Viñedo, una terraza (con una barra central y un piano de cola que enaltecen el espacio), su salón Océano Mediterráneo, otro espacio denominado El Librero y una cava con vinos de distintas regiones del mundo. El arte y el diseño acompañan estas diferentes atmósferas, concebidas para recibir desde una comida relajada hasta una celebración o una reunión entre amigos.
Así, Mistral busca ofrecer distintas culturas mediterráneas alrededor del fuego y de una mesa generosa. Por eso, es de celebrarse el regreso de Daniel Ovadía a la CDMX con este, “su” Mediterráneo: un territorio vivo de intercambios, técnicas, memoria e ingredientes que sorprenderán a propios y extraños por no corresponder al Mediterráneo tradicional o al que estamos acostumbrados.

Mistral
Puebla 403, Roma, CDMX.
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