
En Botica Masaryk, una cena puede comenzar como un ritual: luces tenues, barra en movimiento, copas que anticipan el primer tiempo y una cocina que se activa como si preparara una fórmula precisa. Esa noche, el restaurante no solo recibió invitados; abrió su universo para ser intervenido por cuatro talentos que entendieron su esencia y la llevaron a otro nivel.
El Take Over transformó el espacio en una experiencia de edición única. Durante unas horas, Botica dejó de ser únicamente el anfitrión para convertirse en un laboratorio sensorial donde cada elemento fue parte de una misma narrativa.
Los chefs Ume y Carlos Valdez tomaron la cocina; Ahorita by Handshake hizo lo propio con la barra; y la DJ Ilse Hendrix construyó el paisaje sonoro de la noche. Más que una colaboración, el encuentro funcionó como una toma creativa de Botica: una manera de reinterpretar su identidad desde la mirada de quienes viven la gastronomía, la mixología y la música como lenguajes complementarios.
La fórmula desde la cocina
La intervención comenzó donde Botica construye gran parte de su carácter: la cocina. Ahí, el chef Ume y Carlos Valdez diseñaron un recorrido creado exclusivamente para la ocasión, manteniendo como punto de partida la visión japonesa contemporánea del restaurante, pero permitiéndose explorar nuevos contrastes, texturas y ritmos.
Cada platillo apareció como una dosis distinta dentro de la experiencia. Algunos tiempos apostaron por la sutileza y la precisión; otros, por la intensidad y el contraste. El resultado fue un menú que no buscó replicar lo cotidiano, sino revelar otra faceta de Botica: más libre, más experimental y más cercana al lenguaje de una noche que no podía repetirse de la misma manera.

Elixires desde la barra
La barra también tomó protagonismo con Ahorita by Handshake. Sus cocteles no llegaron como acompañantes secundarios, sino como piezas diseñadas para dialogar con la cocina. Cada copa sumó aroma, temperatura, textura y carácter, ampliando la lectura de los platillos y marcando pausas precisas dentro del recorrido.
En Botica, la coctelería se vivió como una extensión natural de la mesa. La barra no interrumpió la experiencia: la tradujo. Cada trago funcionó como un elixir dentro de la noche, capaz de cambiar el ritmo, refrescar el paladar y preparar al comensal para el siguiente momento.

El ritual sonoro
Mientras avanzaba el servicio, Ilse Hendrix construyó una atmósfera que acompañó sin invadir. Su selección musical envolvió la llegada de los invitados, el primer coctel, el desarrollo de la cena y las sobremesas, creando una continuidad entre la cocina, la barra y la conversación.
La música se convirtió en el último ingrediente de la fórmula: invisible en el plato, pero presente en la memoria de la noche. En conjunto, cada detalle reforzó la idea de Botica como un espacio que no solo se visita para cenar, sino para descubrir una experiencia.

Con este Take Over, Botica Masaryk reafirmó su vocación de ser una plataforma de intercambio creativo. Su propuesta contemporánea de cocina japonesa encontró nuevas lecturas a través de los talentos invitados y confirmó que las experiencias más memorables no siempre son las que se pueden repetir, sino las que suceden una sola vez y permanecen después de abandonar la mesa.
Porque en Botica, la noche no se sirve únicamente en platos y copas. Se formula, se transforma y se recuerda.
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