Castillo de Canena celebra su premio internacional con una investigación que confirma el valor saludable del AOVE

Hace apenas un par de décadas, pagar una suma elevada por una botella de aceite de oliva virgen extra podía parecer casi una excentricidad. En España, el aceite era despensa, costumbre, cocina diaria. Un producto imprescindible, sí, pero pocas veces tratado con la reverencia que se reserva a un gran vino, un caviar o un ingrediente de alta gastronomía.

Ese cambio de mirada tiene mucho que ver con Castillo de Canena. La firma jienense, propiedad de la familia Vañó, ha sido una de las grandes pioneras en elevar el AOVE a una categoría nueva: la de producto gourmet, deseado por chefs, sumilleres, coleccionistas gastronómicos y amantes de la buena cocina. Sus aceites, hoy entre los más preciados por algunos de los grandes cocineros del mundo, han contribuido a que el aceite de oliva virgen extra deje de ser un simple fondo de cocina para convertirse en una pieza capaz de transformar un plato.

Premios a la Investigación Oleícola

Por eso, el VIII Premio Internacional Castillo de Canena de Investigación Oleícola “Luis Vañó” tuvo algo más que carácter académico. Fue también un acto emotivo, familiar y profundamente simbólico. La presencia de Luis Vañó, patriarca de la familia, a sus 97 años, dio una dimensión especial a una cita que lleva su nombre y que resume una forma de entender el olivar desde la innovación, la excelencia y la cultura gastronómica.



En esta edición, el reconocimiento ha recaído en la Universidad de Jaén por una investigación liderada por la catedrática Magdalena Martínez Cañamero y desarrollada por el grupo AGR-230. El trabajo analiza el impacto de los polifenoles del AOVE en la microbiota intestinal y en la salud humana, reforzando la idea del aceite de oliva virgen extra como alimento funcional dentro de una dieta saludable.

La investigación pone el foco en una de las grandes diferencias entre el AOVE y otros aceites refinados: sus compuestos fenólicos y bioactivos. Según el estudio premiado, estos componentes pueden favorecer bacterias beneficiosas para el organismo e inhibir microorganismos asociados a procesos inflamatorios. Es decir, el AOVE confirma desde la ciencia lo que la cocina lleva años demostrando en sala: que unas gotas bien elegidas pueden aportar aroma, textura, profundidad y una lectura completamente nueva de un plato.

Francisco Vañó, director general de Castillo de Canena, destacó la importancia de seguir investigando los efectos positivos de los componentes minoritarios del aceite de oliva virgen extra. Su hermana Rosa Vañó, directora comercial y de marketing, subrayó además el compromiso de la compañía con la divulgación de la cultura del olivar desde la creación del premio en 2010.

Un premio que hace avanzar al AOVE

Impulsado junto a la Universidad de Jaén y el UC Davis Olive Center de California, el galardón reconoce investigaciones internacionales vinculadas a la salud, la sostenibilidad, la innovación y la calidad oleícola. Además de su dotación económica, de 6.000 euros, posee un enorme valor reputacional en el sector agroalimentario.

Castillo de Canena ha entendido antes que muchos que el futuro del AOVE pasa por unir ciencia, excelencia y placer gastronómico. Por eso sus aceites han encontrado un lugar natural en la alta cocina: como remate de un tartar, hilo final sobre una crema, contrapunto vegetal en un pescado o gesto brillante sobre un postre. Cuando el aceite se trabaja con esa ambición, deja de ser rutina y se convierte en cultura gastronómica.

Síguenos: @foodandwineespana