Festival GEMA: una forma diferente de vivir San Miguel de Allende
Hacintto, una de las sorpresas gastronómicas del viaje. | Foto: Cortesía Hacintto

Hay viajes que se disfrutan tanto por lo que uno conoce como por aquello que descubre sin esperarlo. Mi reciente visita a San Miguel de Allende fue precisamente eso: una invitación a mirar de nuevo un destino que muchos creemos conocer, pero que todavía guarda experiencias lejos de los recorridos habituales.

El motivo fue GEMA, un festival que articula cuatro ejes —gastronomía, enología, mixología y arte— alrededor de una idea que me parece muy relevante para el turismo contemporáneo: recuperar el valor de las experiencias auténticas, de los productos elaborados con oficio y de los espacios que tienen algo propio que contar.

La iniciativa persigue dos objetivos. El primero es contribuir a que regrese el turismo premium a San Miguel de Allende, un segmento que, de acuerdo con el planteamiento del festival, se ha perdido durante el último año. El segundo es descubrir la diversidad de lugares que ofrece la ciudad, más allá de los restaurantes, hoteles y galerías que suelen concentrar la atención dentro del primer cuadro del Centro Histórico.



Y para entenderlo, había que salir a explorar.

Festival GEMA: una forma diferente de vivir San Miguel de Allende
Casa Hoyos fue punto de partida del recorrido. | Foto: Cortesía Casa Hoyos

Casa Hoyos: una casona para comenzar

Me hospedé en Casa Hoyos, un hotel boutique con llave Michelin, instalado en una casona del siglo XVII, donde la arquitectura histórica convive con una interpretación contemporánea del diseño mexicano y un estilo “Hip-Urban”. Sus 16 habitaciones, intervenidas por A-G Studio, incorporan materiales, colores y piezas de artesanos nacionales con la parte más avant-garde del modernismo y el eclecticismo mexicano.

Fue una buena base para recorrer San Miguel con otra disposición: la de quien no llega únicamente a repetir una postal, sino a buscar nuevas historias alrededor de la hospitalidad, la cocina y la cultura. Como referencia, en este lugar se ubicaba el icónico bar Bekeb, que ahora alberga otro increíble bar y rooftopTonana, con una propuesta de mixología ancestral.

De las vasijas romanas a los vinilos

Uno de los descubrimientos que mejor explican el espíritu de GEMA fue el Tasting Room de Octágono, proyecto de Marcelo Castro. Ahí conocí vinos naturales de Guanajuato elaborados en vasijas de barro, con métodos inspirados en prácticas de la Antigua Roma. Una propuesta que nos recuerda que la innovación también puede consistir en recuperar técnicas antiguas y darles una lectura actual.

Después estuvo Cañita, un tap room cuya personalidad se construye alrededor de la cerveza y el vino de barril, una propuesta de finger food o picaduría —como ellos le llaman— y una selección de vinilos que acompaña la experiencia. Me gusta cuando un lugar entiende que comer y beber no son actividades aisladas, sino parte de una atmósfera que se construye con música, conversación y hospitalidad.

También tuve oportunidad de acercarme a la nueva propuesta gastronómica del Hotel Los Picachos, una muestra de que la exploración culinaria de San Miguel no termina en las direcciones que aparecen una y otra vez en las recomendaciones turísticas.

Pero, he de decir que en el nuevo Hacintto me esperaba una de las experiencias gastronómicas que más me sorprendieron: la cocina del chef Alex Cortés. Su propuesta me confirmó que vale la pena dejar espacio para esos restaurantes que todavía no forman parte del circuito más evidente, pero que pueden ofrecer experiencias memorables desde el sabor y la ejecución.

Festival GEMA: una forma diferente de vivir San Miguel de Allende
Cañita combina cerveza, vino y vinilos. | Foto: Cortesía Cañita

Una ciudad que se descubre caminando… y viajando

El recorrido también nos llevó del ambiente casual de Cañita a la personalidad desenfadada y marginal de la legendaria “Cucaracha”; de la sofisticada mesa de Hacintto a los tacos nocturnos junto a la plaza. Además, los traslados corrieron a cargo de Hedone Experiences, de Pepe Cabrera, a bordo de una Lincoln Navigator, lo que brindó un lujo particular al viaje, sumado a la anécdota que les ocurrió a mis compañeros de viaje a bordo de un Uber conducido por un colombiano cuya particular interpretación de los límites de velocidad terminó convirtiéndose en la carrilla y la broma del recorrido.

Porque una crónica de San Miguel no estaría completa sin esos contrastes: el lujo y lo cotidiano, la mesa formal y el antojo callejero, el itinerario planeado y aquello que sucede entre una parada y otra.

“GEMA y los placeres que todavía nos quedan”

Esa frase se la leí a mi querido José Antonio López, periodista de turismo con el que tuve el privilegio de compartir este festival y que, sobre todo, hace énfasis en otra gratísima experiencia que tuvo lugar durante GEMA: también se abrió espacio para quienes somos amantes del humo de un buen puro, una experiencia que hoy suele quedar fuera de muchas conversaciones.

Asistí a la celebración del primer aniversario del humidor y salón —y terraza— para fumadores Arturo Fuente, la reconocida casa de puros dominicanos, cuya única sede en México se encuentra aquí, en San Miguel. A través de catas, talleres de forjado, degustaciones, concursos de ceniza y maridajes con la espectacular mixología de Yuranzi Del Valle, de Hotel Amatte, el encuentro fue el cierre ideal para el viaje.

Además, un puro siempre es mejor cuando se comparte en plática y con conocedores. Este fue el caso de hacerlo con Manolo Mestizo, cuya marca de puros premium, Mestizo, hizo que “echar humo” juntos fuera aún mejor.

Al final, me quedo con una idea: San Miguel de Allende tiene mucho más que ofrecer que sus calles más fotografiadas. Iniciativas como GEMA buscan conectar al visitante con esa diversidad y contribuir a que el turismo se traduzca en oportunidades para restaurantes, productores, hoteles, artistas y otros actores locales.

Así, con el impulso de Maru Morales y José Treviño, periodista y promotor de experiencias alternativas, el festival se prepara para seguir ampliando esa conversación. Y yo, después de este recorrido, tengo una razón más para volver: todavía hay muchos lugares por descubrir y muchos placeres que, cuando se viven con atención y responsabilidad, vale la pena celebrar.

Festival GEMA: una forma diferente de vivir San Miguel de Allende
Hotel Amatte fue parte de las experiencias de GEMA. | Foto: Cortesía Hotel Amatte San Miguel de Allende

Sigue al autor: @amilcaracol 

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