Ricardo Verdejo y Anna Conda

Historia

Ricardo se enamoró de la cocina en la carrera. “Hasta los 17 años no tenía ningún norte descrito. Simplemente me gustaba pasarla bien”, cuenta el chef chileno. Su novia, mexicana y chef, lo trajo a vivir a México después de pasar un tiempo en Nueva York y de viaje por Asia. 

 En otra vida Anna estudió periodismo en París, trabajó en restaurantes durante toda su carrera y se enamoró de la cocina en Septime, donde pasó tres años como mesera, sommelier y cocinera. Luego vino a México, conoció a Elena Reygadas y trabajó en Rosetta durante un tiempo.

Anna y Ricardo se conocieron gracias al chef Jesús Durón. En su primer encuentro les bastó un café para reconocer que cuando se trata de cocina hablan el mismo idioma.

Entonces nació Flavo. “Nunca hemos querido hacer nada gigante. Pero tenemos la misma intención y la misma personalidad. Los dos queríamos algo casual, que se llenara de amigos. Vino natural, cocina de muy buen nivel pero no de alto precio. Ponernos creativos y divertirnos”, cuenta Ricardo.

Todo iba viento en popa. Tenían el concepto claro, el lugar, los inversionistas, el menú y servicio que querían ofrecer. Confiados, se fueron un par de meses de vacaciones… hasta que el COVID se interpuso en sus planes.

Los dos se quedaron varados en sus casas con poca idea de lo que harían al respecto. Cuando volvieron a México, sólo les quedaban las ganas de sacar Flavo adelante: “es un proyecto de vida, no podíamos bajarnos del barco, así que decidimos hacer algo al respecto”, cuenta Anna.

La resiliencia, la buena onda y su pericia en las redes sociales fueron herramientas a su favor y Flavo nació junto a su hermano Flavoto go.  El primero ha tomado forma en pop-ups y take overs semanales en restaurantes de colegas, donde sirven comida de buena calidad a precios accesibles, con vinos naturales y una playlist que, Anna y Ricardo presumen, se ha vuelto bastante popular. Flavo to go es un delivery con un menú acotado a grandes hits del comfort food, como el pollo frito y los fish and chips —que preparan con macarela frita con tinta de calamar— de empaques brillantes y sabores potentes, como este combo. 

“Creo que con el COVID nos llegó una fuerza enorme. Yo no creí que estuviéramos listos para esto, y nos está yendo increíble. Jamás nos hemos preguntado si lo que estamos haciendo vale la pena o no, simplemente lo hacemos. La idea es finalmente abrir un lugar, pero por ahora creo que estamos aprendiendo como nunca, en todos sentidos”, cuenta Anna.