
Una receta familiar, una técnica que pasa de abuelos a nietos, un producto ligado a un territorio o una forma de cocinar que explica cómo vive una comunidad. La gastronomía habla de placer, por supuesto, pero también de identidad, paisaje, economía local y memoria colectiva. Ahora, esa mirada acaba de recibir un importante respaldo internacional: la Asociación para la Protección del Patrimonio Gastronómico (APPG) ha sido acreditada por la UNESCO como organización consultiva de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial.
La baguette busca ser patrimonio inmaterial de la UNESCO
La decisión se aprobó el 18 de junio de 2026 durante la 11ª Asamblea General de la Convención, celebrada en la sede central de la UNESCO en París. Con esta acreditación, la APPG se incorpora al grupo de entidades que pueden prestar asesoramiento y apoyo técnico a los órganos de la Convención de 2003, el marco internacional que protege el patrimonio vivo de las comunidades.
El reconocimiento tiene especial relevancia porque la APPG se convierte en la primera asociación española especializada en patrimonio gastronómico acreditada por la UNESCO para ejercer estas funciones consultivas. Dicho de otra manera: la cocina tradicional, los saberes culinarios, los productos y las recetas que han dado forma a tantas identidades locales ganan presencia en los espacios internacionales donde se reflexiona sobre su protección.
Cuando una receta también es memoria
La acreditación llega tras seis años de trabajo centrado en la investigación, documentación, protección y difusión del patrimonio gastronómico. La labor de la APPG se ha dirigido a estudiar recetas, técnicas, productos y formas de transmisión intergeneracional, con una idea de fondo cada vez más necesaria: lo que se come en un territorio también cuenta su historia.
Además, este reconocimiento sitúa la gastronomía en un lugar que va más allá de la tendencia o del titular apetecible. Habla de oficios, de productores, de cocineras anónimas, de mercados, de pueblos, de celebraciones y de hábitos que sobreviven porque alguien los sigue practicando. En un momento en el que muchas cocinas locales conviven con la globalización, documentar y proteger estos saberes se vuelve una forma de cuidar la diversidad cultural.

“Esta acreditación reconoce el trabajo de la Asociación y de las comunidades que mantienen vivo el patrimonio gastronómico”, señala Ana Belén González, vicepresidenta y directora gastronómica de la APPG. “Supone una oportunidad para seguir trabajando desde el rigor técnico y la cooperación internacional en favor de una parte esencial de nuestras culturas”.
Una nueva etapa para el patrimonio gastronómico
La incorporación de la APPG al sistema consultivo de la Convención de 2003 abre ahora una nueva fase de colaboración internacional. Su papel permitirá contribuir al intercambio de conocimientos, experiencias y buenas prácticas en materia de Patrimonio Cultural Inmaterial, reforzando la presencia de la gastronomía en los debates sobre salvaguardia cultural.
Para España, el reconocimiento llega en un momento especialmente significativo. La cocina española se ha consolidado como una de las más influyentes del mundo, pero este paso invita a mirar también hacia sus raíces: las técnicas heredadas, las recetas humildes, los productos de cercanía y las formas de comer que explican la relación de cada comunidad con su entorno.
Esta región de Prosecco ahora es patrimonio mundial de la UNESCO
Porque proteger el patrimonio gastronómico no significa congelarlo en una vitrina. Significa entenderlo, documentarlo y facilitar que siga vivo. Que una receta se siga cocinando. Que una técnica no se pierda. Que un producto conserve su vínculo con el paisaje. Y que las nuevas generaciones comprendan que, detrás de cada plato, puede haber una historia que merece ser contada.
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