Hubo un tiempo en que entrar a una cafetería de especialidad implicaba hablar de métodos de extracción, perfiles sensoriales y variedades de café. La barra era el centro de todo y la conversación terminaba casi siempre en la taza. Malcriado Café nació en ese momento.
Hace algunos años abrió sus puertas como un pequeño café de barrio en la Condesa, impulsado por el interés creciente que despertaba el café de especialidad en la Ciudad de México. La propuesta era sencilla: buenos granos, baristas preparados y una barra donde el café era el protagonista. Sin embargo, con el paso del tiempo ocurrió algo que transformó el proyecto: los clientes comenzaron a quedarse más tiempo.
La geometría del café: así nació Curva
El café dejó de ser únicamente el motivo de la visita para convertirse en el inicio de desayunos largos, reuniones de trabajo, comidas improvisadas o copas de vino al caer la tarde. Malcriado entendió entonces que crecer no significaba abandonar su esencia, sino ampliar la conversación. “Es un proyecto que empezó de manera muy casual entre amigos y vecinos de la Condesa. Fue creciendo y hoy ya es un restaurante con desayuno, comida y cena”, comenta Ana Warman.
Ese crecimiento no implicó mudarse de identidad, sino permitir que el espacio evolucionara junto con quienes lo habitaban.

Del espresso a una mesa completa
La transformación también fue física. El mismo local fue adaptándose para responder a una nueva forma de vivir el espacio: mesas más grandes, sillas más cómodas y una distribución pensada para que la gente permaneciera más tiempo.
La barra siguió ahí, pero ahora compartía protagonismo con una cocina que poco a poco fue ampliando su oferta. Hoy el menú reúne desayunos clásicos como chilaquiles, molletes, huevo con machaca o egg sandwich, además de waffles que pueden personalizarse con ingredientes dulces o salados.
Por la tarde aparecen algunos de los platillos que se han convertido en favoritos de la casa: la milanesa, pastas, ensaladas, sopas y pizzas individuales, mientras que la oferta se completa con pan dulce y postres elaborados para acompañar el café. Lejos de abandonar sus orígenes, Malcriado decidió construir alrededor de ellos.
El café como territorio compartido: la filosofía de Cafeología
Café mexicano como punto de partida
Aunque la propuesta gastronómica creció, el café continúa siendo el eje del proyecto. Todos los granos que utilizan provienen de productores mexicanos y llegan a través de proveedores nacionales que mantienen una relación cercana con los cafetales donde se cultiva el café. “Todo es mexicano”, agrega Ana.
La frase resume una decisión que atraviesa la operación cotidiana. La trazabilidad y el conocimiento del origen siguen siendo elementos importantes para garantizar la calidad de cada extracción. Además, ambas sucursales trabajan con el mismo equipo y procesos de calibración para que la experiencia permanezca constante sin importar la ubicación.
Detrás de esa consistencia existe un trabajo diario encabezado por el equipo de barra, que ajusta recetas y parámetros para asegurar que cada espresso conserve el perfil esperado.

Una cafetería que aprendió a escuchar
La evolución de Malcriado también responde a los cambios en el consumo. Cuando abrió sus puertas, el interés por el café de especialidad impulsaba a muchos clientes a explorar métodos filtrados y distintos perfiles de extracción.
Hoy el panorama es diferente Las bebidas con leche ocupan buena parte de los pedidos y el matcha ha dejado de ser una alternativa ocasional para convertirse en uno de los protagonistas de la barra.
Lejos de resistirse al cambio, Malcriado decidió incorporarlo de forma natural. Actualmente ofrece lattes, cold brew y un mocktail de matcha que responde a una nueva generación de consumidores, sin perder de vista la calidad del café que dio origen al proyecto.
La intención nunca ha sido seguir tendencias de manera automática, sino entender cómo cambian los hábitos de quienes visitan la cafetería.
Más allá del método: la filosofía detrás de Another Café
Dos colonias, dos maneras de habitar el café
El crecimiento del proyecto también permitió descubrir que cada barrio construye una relación distinta con una cafetería. En la Condesa, el ambiente conserva un carácter relajado, casi vecinal. Muchas personas llegan caminando, conocen al equipo y utilizan el espacio como una extensión de la colonia. La otra sucursal en Polanco recibe un público diferente: ahí predominan quienes buscan instalarse durante varias horas para trabajar, reunirse o hacer una pausa entre actividades.
Las diferencias también se reflejan en los horarios y en algunos hábitos de consumo. Mientras una ubicación comienza el movimiento desde muy temprano debido a las oficinas cercanas, en la otra los desayunos empiezan con un ritmo más pausado. La carta de vinos también dialoga con ambos públicos, combinando etiquetas de baja intervención con opciones más tradicionales para responder a distintos gustos.
Evolucionar sin dejar atrás el origen
En una ciudad donde constantemente aparecen nuevas cafeterías y conceptos gastronómicos, Malcriado eligió un camino menos estridente. En lugar de reinventarse por completo, dejó que el proyecto creciera de forma orgánica. El café sigue siendo el punto de partida, pero ahora comparte la mesa con una cocina que invita a quedarse un poco más.
Mientras algunas cafeterías se visitan por una buena taza, otras terminan convirtiéndose en parte de la rutina. Malcriado encontró el equilibrio entre ambas.

Malcriado
- C. Atlixco 127, Hipódromo Condesa, Cuauhtémoc, CDMX.
- Petrarca 318, Polanco V Secc, Miguel Hidalgo, CDMX.
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