
A los pies de la Sierra de Moncalvillo, entre huertas, viñedos y pequeños pueblos riojanos donde las estaciones siguen marcando el ritmo de la vida, los hermanos Echapresto han construido una de las grandes historias gastronómicas de España. Desde Daroca de Rioja, Ignacio y Carlos han convertido Venta Moncalvillo en una referencia internacional gracias a una idea tan sencilla como profunda: expresar el paisaje a través de la cocina y el vino.
Barcelona, una ciudad que se cuenta a través de sus mesas
Cada plato que sale de su cocina habla de la tierra que lo rodea. Las verduras proceden de sus huertas, las hierbas aromáticas crecen junto a los caminos de la sierra y los vinos cuentan siglos de cultura vitivinícola. Todo forma parte de un mismo relato donde gastronomía, agricultura y hospitalidad avanzan unidas.
Con el paso de los años, Venta Moncalvillo se ha transformado en mucho más que un restaurante. Es un proyecto de vida, una declaración de amor a La Rioja y una demostración de que la excelencia florece allí donde existe una visión clara y una dedicación constante.

Al frente de este proyecto se encuentran dos personalidades complementarias.
Ignacio Echapresto ha desarrollado una cocina profundamente vinculada a la huerta, a las setas, a la caza y a los productos de temporada que ofrece el paisaje riojano. Su trabajo combina sensibilidad, técnica y una extraordinaria capacidad para interpretar cada ingrediente en su mejor momento. Con el paso del tiempo ha incorporado herramientas contemporáneas manteniendo intacta la identidad esencial de los productos con los que trabaja.
A su lado, Carlos Echapresto se ha consolidado como una de las grandes figuras del vino español. Como sumiller y director de sala ha convertido la hospitalidad en una forma de expresión cultural, construyendo además una de las bodegas más admiradas del país. Su conocimiento del vino y su capacidad para transmitirlo han enriquecido la experiencia de miles de comensales llegados desde todos los rincones del mundo.
Costa Brava: donde el paisaje se sienta a la mesa
La cocina de Ignacio y la visión vinícola de Carlos forman parte de una misma conversación. Esa unión ha permitido que Venta Moncalvillo represente una forma única de entender la relación entre paisaje, agricultura, vino y hospitalidad.
Lo que distingue a Venta Moncalvillo trasciende la técnica o el reconocimiento gastronómico. Su verdadera singularidad reside en la profundidad de su vínculo con el territorio.
Durante años, los hermanos Echapresto han desarrollado una extensa huerta propia que se ha convertido en el corazón del restaurante. Los comensales acceden a un ecosistema donde buena parte de los ingredientes que llegan a la mesa han sido cultivados por el propio equipo. La cocina comienza mucho antes de encender los fogones; empieza en la semilla, en la tierra y en el cuidado cotidiano de cada cultivo.

Esa filosofía ha evolucionado hacia un modelo cada vez más completo gracias a la creación de una granja biodinámica y un bosque comestible que integran agricultura, ganadería y sostenibilidad dentro de un mismo proyecto. Plantas, animales, compost y huerta participan en un ciclo regenerativo pensado para producir alimentos de máxima calidad respetando los ritmos naturales.
Los Echapresto han otorgado a una cebolla, una acelga o un tomate la misma importancia gastronómica que tradicionalmente se reservaba a los productos considerados más exclusivos. Su cocina demuestra que la excelencia nace del conocimiento profundo de cada ingrediente y de la capacidad para expresar toda su personalidad.
Ese trabajo les ha valido dos estrellas Michelin, una Estrella Verde Michelin y numerosos reconocimientos vinculados a la sostenibilidad, la agricultura y la cultura del vino.
Turkish Airlines: una cocina que vuela alto
Una de las mayores virtudes de los hermanos Echapresto ha sido su capacidad para alcanzar el prestigio profundizando cada vez más en el territorio riojano. Su trayectoria ha seguido un camino coherente y personal. Mientras el mundo gastronómico aceleraba en busca de novedades constantes, ellos dedicaban su energía a comprender mejor sus huertas, recuperar variedades vegetales, estudiar semillas adaptadas a su entorno y profundizar en la riqueza agrícola de la región.
Esa fidelidad al paisaje les ha permitido convertirse en auténticos embajadores de una Rioja que se expresa a través del vino, la agricultura, la montaña y la memoria familiar. Una Rioja que encuentra en la mesa, una de sus formas más hermosas de narrarse.
Por todo ello ha despertado tanta expectación la incorporación de los hermanos Echapresto al proyecto gastronómico de Palacio de los Ángeles, el nuevo hotel de lujo de Haro llamado a convertirse en uno de los grandes destinos del enoturismo español.
La noticia posee un profundo valor simbólico. Si Daroca de Rioja representa las raíces agrícolas del proyecto, Haro encarna el corazón histórico del vino riojano. Allí, rodeados de algunas de las bodegas más prestigiosas de España, los Echapresto encuentran un escenario ideal para desarrollar una nueva expresión de su filosofía.
El proyecto gastronómico que liderarán en Palacio de los Ángeles cuenta con identidad propia. Comparte la sensibilidad que ha convertido a Venta Moncalvillo en un referente internacional y desarrolla una personalidad adaptada al entorno singular de Haro y al espíritu cosmopolita del hotel.
La propuesta esta concebida especialmente para acompañar la experiencia de los viajeros que recorren los viñedos de Rioja durante el día y buscan prolongar ese viaje a través de la gastronomía, el vino y la hospitalidad al caer la tarde.
Sotogrande: lujo, sol, golf y gastronomía de calidad
Dentro del complejo abrió además VENTILLA, un restaurante y wine bar que aspira a convertirse en un nuevo punto de encuentro para amantes del vino, viajeros y aficionados a la gastronomía de calidad.
Esta nueva etapa surge de manera natural dentro de la trayectoria de los hermanos Echapresto.
Durante décadas, Carlos Echapresto ha sido uno de los grandes divulgadores de los vinos de Rioja, mientras Ignacio construía una cocina profundamente ligada al paisaje agrícola de la región. La llegada a Haro representa la convergencia perfecta entre esas dos dimensiones: la gastronomía y la cultura del vino.
Al mismo tiempo, la esencia del proyecto seguirá naciendo en Daroca de Rioja. La huerta, los cultivos biodinámicos y el profundo respeto por la tierra continuarán alimentando las nuevas propuestas gastronómicas que desarrollen en este nuevo escenario.

Treinta años después de iniciar su aventura, los hermanos Echapresto continúan ampliando un proyecto que crece con la misma naturalidad que sus huertas. La granja biodinámica, el bosque comestible, la evolución constante de Venta Moncalvillo y la apertura de este nuevo capítulo en Haro forman parte de una misma historia.
Una historia construida alrededor de la paciencia, la observación y el respeto por el territorio.
Quizá ahí resida la razón por la que Venta Moncalvillo emociona a tantos viajeros. La técnica, los reconocimientos y las estrellas conviven con una dimensión profundamente humana. Cada decisión nace del deseo de comprender mejor la tierra y compartir sus frutos con quienes se sientan a la mesa.
Dive Fest Barbados 2026: un recorrido por y para las maravillas submarinas
Los hermanos Echapresto han transformado el paisaje donde crecieron en una de las expresiones gastronómicas más admiradas de España. Desde Daroca hasta Haro, su trabajo continúa demostrando que las grandes historias de la cocina suelen comenzar con algo tan sencillo como una semilla, una familia y una profunda confianza en el lugar al que uno pertenece.

Venta Moncalvillo
Ctra. Medrano, 6, 26373 Daroca de Rioja, La Rioja, España.
Sigue a la autora: @debybeard
Síguenos en: Facebook / Twitter / Instagram / TikTok / Pinterest / Youtube







