Rioja Alavesa en Blanco
Cortesía

Cuando se habla de Rioja, la conversación suele girar en torno a sus grandes tintos. Sin embargo, mucho antes de que la región conquistara al mundo con variedades como tempranillo, garnacha tinta o graciano, los vinos blancos ya formaban parte esencial de su identidad vitivinícola.

La historia de Rioja está profundamente ligada a una tradición milenaria que abarca desde las elaboraciones destinadas al consumo local durante la Edad Media hasta la adopción del modelo bordelés de crianza en el siglo XIX, momento en el que los tintos comenzaron a concentrar la atención internacional. Durante décadas, esa narrativa relegó a los blancos a un segundo plano. Actualmente, la historia parece dar un giro al pasado.

Impulsados por la evolución de los hábitos de consumo y por una nueva generación de productores comprometidos con la recuperación del patrimonio vitícola, los vinos blancos de Rioja atraviesan uno de los momentos más estimulantes de su historia reciente.



De acuerdo con datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino OIV, el consumo mundial de vino blanco continúa creciendo, mientras que mercados como España muestran una clara preferencia por esta categoría. Este fenómeno ha llevado a numerosos viticultores riojanos a redescubrir cepas históricas y a replantear el potencial de una región que, en realidad, siempre tuvo vocación para elaborar grandes blancos.

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Maryge / Flickr

Un territorio privilegiado para la frescura

Rioja Alavesa ocupa la zona más septentrional de la DOCa Rioja. Situada entre el río Ebro y la Sierra de Cantabria, disfruta de una combinación climática única donde confluyen influencias atlánticas y mediterráneas.

Los suelos predominantemente calcáreos, la altitud de muchos viñedos y las importantes oscilaciones térmicas entre el día y la noche favorecen una maduración pausada de la uva, preservando la acidez natural y desarrollando perfiles aromáticos de gran precisión.

Estas condiciones permiten elaborar vinos blancos que destacan por su tensión, profundidad y capacidad de guarda, características cada vez más valoradas por consumidores y especialistas.

Viura: la gran protagonista de Rioja

Si existe una variedad capaz de explicar la identidad de los vinos blancos riojanos, esa es la Viura, conocida también como Macabeo.

Según la Rioja Wine Academy, continúa siendo la variedad blanca más plantada de la denominación y representa aproximadamente dos tercios del viñedo blanco de Rioja.

Su versatilidad constituye una de sus mayores fortalezas. Puede dar origen a vinos jóvenes marcados por notas de cítricos, flores blancas y manzana verde, pero también a blancos de gran longevidad que evolucionan durante décadas gracias al trabajo sobre lías y la crianza en barrica.

Durante años fue considerada una variedad discreta, sin embargo, actualmente numerosos productores han demostrado que, cultivada en viñedos viejos y con rendimientos moderados, puede ofrecer algunos de los blancos más complejos y longevos de España.

Tempranillo Blanco: la joya escondida de la región

El Tempranillo Blanco es una de las grandes singularidades de Rioja. Se trata de una mutación natural de la Tempranillo Tinta identificada en Rioja a finales del siglo XX y que no existe de forma significativa en ninguna otra región del mundo.

Actualmente representa cerca del 13 por ciento  del viñedo blanco riojano y se ha convertido en una de las variedades más prometedoras de la denominación.

Sus vinos suelen expresar aromas intensos de frutas blancas, cítricos, flores y matices tropicales, sostenidos por una acidez firme que aporta frescura y precisión. Su crecimiento refleja la búsqueda de perfiles más contemporáneos sin renunciar a la identidad regional.

El regreso de las variedades histórica

Más allá de la viura y el tempranillo blanco, Rioja Alavesa vive un proceso de recuperación de variedades ancestrales que durante décadas estuvieron al borde de la desaparición.

Entre ellas destaca la maturana blanca, considerada una de las variedades históricas de la región. Sus vinos suelen ofrecer notas de manzana fresca, cítricos y delicados matices herbáceos acompañados de una acidez vibrante que favorece su evolución en botella.

También han cobrado protagonismo la garnacha blanca, la malvasía de Rioja y la turruntés, variedades que amplían el abanico aromático de la Denominación y permiten elaborar vinos cada vez más diversos y complejos.

Actualmente, la DOCa Rioja autoriza nueve variedades blancas, una riqueza ampelográfica que está impulsando una nueva generación de etiquetas capaces de combinar tradición, identidad territorial e innovación.

Un nuevo capítulo

La región que conquistó al mundo con sus tintos está escribiendo una de las páginas más interesantes de su historia contemporánea.

La mineralidad de sus suelos calcáreos, la influencia protectora de la Sierra de Cantabria, la recuperación de variedades históricas y una nueva mirada sobre el potencial de los blancos están redefiniendo la percepción internacional de Rioja.

Lejos de tratarse de una tendencia pasajera, el auge de los vinos blancos representa un regreso a las raíces de una región que siempre tuvo en ellos una parte fundamental de su identidad.

Un sorbo fresco de la región

En un evento organizado por el Wine Bar by Concours Mondial de Bruxelles destacando las grande etiquetas de la región, encontramos estos vinos blancos, frescos, de acidez rica y un perfil redondo que los convierte en una compañía ideal para acompañar cualquier cena de verano.

Tentenublo blanco

Elaborado por el enólogo Roberto Oliván en la zona vasca de la Rioja Alavesa, es un vino blanco de producción artesanal y elegante. Destaca por su frescura, mineralidad y un perfil muy gastronómico.

De color amarillo brillante con reflejos dorados. En nariz despliega aromas de manzana amarilla, pera madura, flores blancas, piel de cítrico y delicados recuerdos de hierbas mediterráneas. En boca muestra una textura envolvente equilibrada por una vibrante acidez que aporta longitud y tensión. El final es mineral, elegante y persistente, reflejando con claridad el carácter calcáreo de Rioja Alavesa.

FOS

elaborado 100% con uva Viura. Destaca por su perfil fresco, untuoso y equilibrado. Aromas intensos a fruta fresca, con marcados recuerdos cítricos (como pomelo o limón) y manzana verde. Se complementa con sutiles notas de hierba recién cortada, toques balsámicos y un fondo mineral.

Las Levantadas

Un vino blanco de la colección Viuda Negra de Javier San Pedro. Se trata de un ensamblaje más complejo de viura, tempranillo blanco y malvasía, fermentado en acero inoxidable y criado sobre lías para darle un cuerpo y textura excepcionales.

Expresión aromática marcada por notas de manzana verde, durazno blanco, limón y flores silvestres. En boca destaca por su frescura, perfil lineal y una marcada sensación salina que aporta profundidad. Un blanco preciso y gastronómico que combina tensión, fruta y elegancia.

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