
En poco más de un año desde su apertura, Cocleque ha conseguido hacerse un hueco entre las propuestas gastronómicas más interesantes de Valencia. Su cocina, una mezcla entre producto regional, viaje y nostalgia, ofrece tapas y platos para compartir que no se encuentran en ningún otro restaurante de la ciudad. Merece la pena acercarse hasta el Cabanyal para disfrutar de bocados que activan viejos recuerdos y generan nuevos.
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El concepto de Cocleque nació de la mano de Adrià Inglés, la mente detrás de sus platos y el jefe de cocina, junto a Víctor Fraguas y Doina Hmaruc, en la gestión. Entre sus valores está la renovación total de la carta cada cuatro meses, muy centrada en los productos de cada estación. Sus platos despiertan sabores escondidos en la memoria culinaria de cada uno, pero tratados con técnicas internacionales e ingredientes muy diversos. Uno de sus últimos logros es la inclusión en el Anuario Guía Hedonista 2026 de Valencia Plaza, todo un reconocimiento para el trabajo constante del equipo.

Una carta muy apetecible
La última carta de Coquecle parece la baraja de un mago porque está llena de ases. Siempre tiene una sección de aperitivos que va cambiando a diario pero que son un bocado perfecto para comenzar con buen pie. El único plato que se mantiene desde la apertura es su ensaladilla rusa, que lleva un toque ahumado, mostaza y tortillas de trigo fritas. El restaurante tiene un juego divertido con este plato: hay que descubrir cuál es el ingrediente secreto.

Otra de sus delicias para compartir es la coliflor frita con gochujang y salsa tártara. Como explica Adrià Inglés, este plato es un ejemplo de la filosofía de su restaurante: ingredientes teóricamente poco apetecibles como la coliflor, el toque internacional del gochujang y ese componente “viejuno” pero dignificado para la receta que es la salsa tártara. El resultado es un bocado adictivo y repleto de matices.
También destaca el usuzukuri de pato con salsa de miso y perlas de lima-limón. El pato en salazón, marinado en el restaurante y cortado muy fino, une su sabor a una mezcla de miso, soja y sirope de arce con unas pequeñas esferificaciones cítricas que le aportan frescura al bocado.
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Cocleque también se atreve a entre en el delicado mundo de la casquería con sus mollejas fritas con salsa barbacoa y parmentier ahumada. La mezcla entre la carne y la salsa barbacoa convierte un ingrediente “controvertido” en algo divertido y disfrutón. Las cortezas de cerdo de la receta aportan crujiente a un bocado de consistencia blanda.
La carta ofrece más platos, todos con un toque especial: stracciatella con bonito, chutney de piña y maíz frito; coca d’oli con muhammara y setas confitadas; ajos tiernos en tempura con romesco; gyozas de sepia en su salsa encebollada; vieiras acevichadas con papada ibérica y gazpacho manchego.

Postres que valen la pena
Cocleque tiene tres postres en carta. Uno de ellos funciona como un intermedio entre la comida y los postres porque no tiene ningún ingrediente especialmente dulce en su composición. Se trata del Currycleque, una deliciosa mezcla de crema de leche de coco, curry verde y hierbabuena, arroz de sushi, yuca frita y perlas de lima-limón.
Los otros dos sí que son dulces y merecen mucho la pena. El primero es el otro clásico del restaurante junto a la ensaladilla rusa, el ChoCocleque. Lleva crema de chocolate blanco y de cacahuete, bizcocho sin harina de chocolate negro, helado de vainilla y polvo de caramelo y cacahuete. Por último, está el After8cleque, un homenaje a los caramelos de toda la vida inspirado en el famoso postre de Quique Dacosta hecho con caramelos violeta. En la carta actual está hecho con espuma de Piktolin, helado de chocolate y rocas de Felluti y chocolate negro.
Cabe recordar su carta de cócteles, que incluye el Cachuete Manhattan, el Golden Rise Sour y el Grasshopper Inverso.
Después de un año de consolidación, Cocleque solo puede seguir creciendo. Su oferta es una de las más estimulantes de la ciudad y sus detalles lo convierten en un lugar único. La dedicación está ahí: la rotación de la carta, los aperitivos nuevos cada día, su postre-homenaje a los caramelos de la infancia o los cafés, servidos en cafeteras italianas individuales. Cocleque es una alegría porque su carta no solo es apetecible, sino también atrevida y a la vez agradable.
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