
A escasos metros de la plaza de Olavide, en una de esas calles tranquilas de Chamberí donde Madrid se vuelve más amable, existe una isla que no aparece en los mapas. Se llama Araia y su propuesta parte de una idea tan sencilla como sugerente: inventar un territorio propio, con culturas imaginarias, y traducirlo en una cocina mediterránea libre, elegante y muy disfrutable. Un restaurante coqueto, bien pensado y con un relato que se sostiene plato a plato.
Katsu, la original apuesta por la fritura japonesa, abre un nuevo local en la Castellana de Madrid
Araia abrió sus puertas en 2022 como un proyecto singular impulsado por Pedro Aijón, que une su visión a la de Matt Galle y Mauricio Chavarro, con trayectoria en cocinas como Alabaster, A’barra o Nakeima. Juntos han dado forma a una carta que funciona como un mapa gastronómico ficticio, donde cada zona representa una cultura distinta y cada receta es una forma de viajar sin salir de la mesa.
Tres culturas, tres maneras de cocinar
La isla de Araia está habitada por tres culturas imaginarias que estructuran la propuesta culinaria. La primera es Yalmar, un pueblo de navegantes que cocinan como se mueven: siguiendo el viento y la intuición. Su cocina gira en torno al producto marino, las cocciones ligeras y los equilibrios delicados entre acidez, humo y frescor vegetal. De esa sensibilidad nacen platos como el chipirón con beurre blanc de pomelo y couscous negro, preciso y luminoso, o las alcachofas a la brasa con tartar de langostinos, ras el hanout y sal de Kalamata, donde el mar y la huerta dialogan con naturalidad.

La segunda cultura, Ouzalim, habla de tierra, fuego y comunidad. Aquí aparecen las cocciones lentas, las especias, los ahumados y los sabores cálidos que evocan tradiciones mediterráneas con ecos orientales. Es una cocina de capas, profunda y reconfortante, que se expresa en elaboraciones como las koftas de picaña madurada con puré de chirivías y mole araiano, o la presa ibérica con salsa araiana, alcaparras fritas y limón marroquí, donde la intensidad está siempre bien modulada.
Bichopalo, alta cocina cercana en el corazón de Chamberí
Por último, Valmyra representa el lado más armónico y delicado de la isla. Sus habitantes cocinan como si cuidaran un jardín secreto, buscando equilibrio entre hierbas, carnes nobles y salsas brillantes. Aquí encajan platos como el sish kebab de cordero con pistachos, tzatziki de kéfir y piparras, o el tersi de calabaza asada con miel, harissa, za’atar y pan lagana, uno de los grandes favoritos de la casa, que resume bien la filosofía de Araia: sabor, contraste y sutileza.

El recorrido culmina con un postre que no desentona en este viaje imaginario: el cremoso de chocolate con chile, gató de almendras, membrillo confitado y helado de algarroba, un cierre equilibrado, goloso y con carácter. Antes, llega a la mesa un pan de masa madre acompañado de mantequilla de ajo negro, sencillo y delicioso, que prepara el terreno desde el primer bocado.
Benares cumple 10 años como referente de la alta cocina india en España
El contexto como parte esencial de la experiencia gastronómica
La carta de vinos acompaña este espíritu viajero con referencias de España, Italia, Francia, Grecia, Eslovenia o Croacia, incluyendo rosados, naranjas, tintos y espumosos pensados para jugar y descubrir sin solemnidad.

El espacio, diseñado junto al estudio 83 Estudios, refuerza el relato. Coqueto y elegante, con tonos terrosos, materiales nobles y guiños marinos, el interior evoca una geografía imaginaria a medio camino entre cueva y refugio costero. Un lugar pensado para quedarse.
Araia demuestra que la imaginación, cuando está bien cocinada, también alimenta. Y que a veces, para viajar lejos, basta con sentarse al lado de Olavide.
Síguenos en: Facebook / Twitter / Instagram / TikTok / Pinterest / Youtube







